288 — Lo que yo entiendo por vejez digna.

Sal Nuñez

La RAE (Real Academia de la Lengua Española) enlista de más a menos usuales estas 4 acepciones de “vejez”: cualidad de viejo; edad senil; achaques, manías, actitudes propias de la edad de los viejos; dicho o narración de algo muy sabido o vulgar. Y sobre el vocablo “digna”: merecedora de algo; correspondiente, proporcionado al mérito y condición de alguien o algo; que tiene dignidad o se comporta con ella; honrada, respetable, íntegra, pundonorosa, decorosa, orgullosa, honorable, decente, noble; dicho de una cosa que puede aceptarse o usarse sin desdoro; de calidad aceptable.

Creo que personas de la mitad (o menos) de mi edad redactaron eso. Nunca he sabido de ningún viejo de mi edad la definición de Vejez Digna. Creo que cada uno que la expresa se la imagina por donde le duele más. Lo que me impele a pensar la concepción de muchos que una vejez digna es "Irse Muriendo sin Dolor". La OMS (Organización Mundial de la Salud) la define como “Envejecimiento Activo = Poder Decidir”. Yo me adhiero a esta definición etiquetando como “Vejez Indigna” la que padezco cuando me quitan las decisiones. Y a la digna de acuerdo con estos cinco puntos:

1. Dignidad de autonomía: yo decido, no deciden por mí. Puedo vivir en un asilo o en familia, en qué gasto mi pensión, y que inicio y dejo pendiente. Pero yo lo decido. Elegir me inviste de dignidad.

2. Dignidad corporal: mi cuerpo, mis reglas. Poder bañarme, vestirme, comer lo que quiero y cuando quiero, aunque sea más lento. Que no me infantilicen dándome papillas cuando puedo masticar o impedirme manejar el auto. Alejarme de médicos que me prescriben sedantes diciéndome: "es normal por su edad".

3. Dignidad económica: no tener que pedir permiso para existir. No depender de que un hijo me quiera dar o no. Pagarme mi electricidad, agua, medicina, y antojo. Para sentir que mi trabajo benefició a mis descendientes, aunque ellos nunca me lo hayan pagado. Aprendiendo algo nuevo cada año, y sobre todo, dejando claro siempre: "yo decido hasta que yo no pueda, y cuando no pueda, que decidan como yo hubiera querido". El envejecimiento activo empieza a los 30, con lo que comes, con si ahorras, con si mantienes amigos. A los 80 solo se cosecha lo sembrado, más lo que el país te dejó cosechar.

4. Dignidad social: seguir siendo parte, no estorbo. Que me hablen de frente, sin soslayos como si no estuviera presente. Que me dejen contar una historia sin interrumpirme con: "ya me lo contaste". Tener un sitio equitativo en la mesa, no apartado del núcleo de la conversación; y un rol que conlleve una razón diaria para levantarme. Como el de abuelo-chef. Ser protagonista de mi película, no actor de reparto de la de mis hijos.

5. Dignidad emocional y espiritual: derecho a cerrar bien. Poder perdonar y pedir perdón; hablar de la muerte sin que todos se asusten y cambien de tema. Poder tener intimidad, risa, enojo, deseo.

Los mayores de 60 años eran ~ 60 millones en el 2000; pasamos a ~ 1,200 millones en 2025; y serán 2,000 millones en 2050 (un 22% de la población). España será el país más envejecido del mundo, con un 43%; estoy seguro de que para entonces habrán actualizado las definiciones de la RAE. En el mundo desarrollado, los mayores de 80 años constituimos el grupo de población que crecemos más deprisa afectados por la discapacidad y la doble carga de enfermedades infecciosas + crónicas. En 1995, el 51% de esta carga estaba en países desarrollados y de nueva industrialización, causada por las enfermedades crónicas, los trastornos mentales y los accidentes. Ahora es ~ 71%, principalmente en Asia.

Sin embargo, las discapacidades asociadas al envejecimiento pueden prevenirse o retrasarse. Tradicionalmente, la vejez se asociaba con enfermedades, dependencia y falta de productividad. En la actualidad, la realidad no coincide con esta opinión. Con la edad, la mayoría de las personas nos adaptamos al cambio y nos convertimos en recursos potenciales. La integración en la familia y la comunidad, la independencia y la participación son beneficiosas para la salud y ayudan a reforzar la dignidad de las personas en todas las edades. Hay que cambiar la idea tradicional de que aprender es tarea de los niños, trabajar es responsabilidad de los adultos y el retiro el destino de los mayores.

Un señor de 85 en silla de ruedas que da clases de historia por Zoom, que vota, que va a misa, que opina sobre su tratamiento, está envejeciendo activamente. Uno de 70 que corre maratones, pero está aislado, deprimido y sin decidir nada de su vida, no. Las mujeres viven más en prácticamente todos los países del mundo. Entre los mayores de 80 años por cada varón sobreviviente existen dos mujeres. A pesar de la ventaja de la longevidad, están más expuestas que los varones a experiencias de violencia doméstica y discriminación en el acceso a la educación, la alimentación, el trabajo, la salud, los servicios sociales y el poder político. No obstante, las mujeres mayores, contribuyen especialmente a la supervivencia y al bienestar de las familias, en detrimento de su propio cuidado, sin tener por ello ningún tipo de reconocimiento social ni de derechos. Quizá el ejemplo más dramático de cómo la tarea de cuidar afecta a la salud y a la vida de las mujeres es lo que está ocurriendo en los países con alta incidencia de sida, donde los adultos jóvenes regresan a sus casas para morir, y las viudas, madres, tías y abuelas se echan sobre sus hombros la tarea del cuidado no sólo de ellos, sino también de los niños que quedan huérfanos.

En mi caso en particular, por muy bien que ejerza mi rol de abuelo-chef, soy sustituible en relación con el cuidado que requiere nuestra nieta: Luna. No así Geo. Ella tiene una relación simbiótica con nuestra nieta. Al grado de predecir muy certeramente lo que le disgusta en los alimentos = 100% de lo que ella misma rechaza y que le ha sido diagnosticado clínicamente = rasgos comunes del ADN.


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