294 — La Abominación a los Creídos

Sal Nuñez

Pausé mi escritura de sagas para mirar muchos partidos de futbol, dulcemente incentivado por la convivencia con mi nieta Luna. Durante las semanas del mundial reflexioné sobre el tema que hoy abordo porque creo que es aleccionador y como típico viejo fastidioso soy más adicto a lo alegórico que a lo prudente. Solamente introduzco al primero de los cuatro protagonistas porque es el menos conocido. Abunda información sobre los demás.

José "Jamaicón" Villegas, defensa del Chivas en los 60s jugaba brutal en México, pero se apagó en el mundial de Suecia en 1958. Estuvo ocho veces en el equipo campeón de la Federación Mexicana de Futbol (FMF). Pero cada vez que salía de México a una contienda internacional, decía extrañar mucho los frijoles, la tortilla, el bolillo, y el chile. No podía dormir. Su participación en Estocolmo fue un desastre. Empedernido adicto dependiente de la capsaicina, en el Mundial de 1962, se escapó de la concentración para buscar si en Chile había comida con chile, o por lo menos con la sazón a la que estaba acostumbrado porque no soportaba los platillos que le ofrecían. No mentía, ilustraba fisiológicamente lo que siente un cuerpo que no aprendió a autorregularse fuera de su tribu. Cuando le preguntaban por qué no triunfó en Europa, respondía: "Es que la vida fuera de México no es vida".

De esta conocida situación nació el síndrome que lleva su nombre o se describe como: “Mi talento solo funciona en mi corral. Rindo donde me siento seguro y me apago donde tengo que probarme”. No es por falta de talento. Es por exceso de apego a lo familiar-conocido. Cuando fuera de casa su cuerpo entraba en alerta. No dormía bien, su digestión estaba alterada, su humor era muy tenso. No es que no pudiera jugar, es que su cuerpo gastaba el 60% de su energía en sentirse a salvo. Eso era por la idealización de lo local y la catastrofización de lo externo que padecen los que se enfrentan a platillos desconocidos. Psicológicamente, la narrativa es: "Aquí sí soy alguien. Allá quién sabe si valgo. Me pueden comer vivo." En lo emocional, es la anticipación de un sentimiento de vergüenza. “Prefiero no intentarlo afuera y decir "es que no quise" que intentarlo y confirmar que no soy tan bueno.” Es protección del ego porque en México muchas veces se castiga más al que se va y falla que al que nunca se fue. "Te lo dije, aquí estabas bien."

El sistema premia al que se queda. Se ve en el período preescolar cuando un niño que en casa habla perfectamente no habla nada en el kínder: Mutismo selectivo por territorio. También le sucede al alumno excelente en su escuela, que en un concurso nacional se bloquea. O en el joven que es muy cariñoso y divertido con sus amigas, pero frío y miedoso con su pareja cuando la relación se vuelve seria. Fuera de su rol de amigo, no sabe funcionar. En la familia y en lo laboral, es el talento local que rechaza un ascenso, una beca, irse a otra ciudad porque "mi familia me necesita" cuando en el fondo es: "me da pánico no ser nadie allá."

Esto se rompe exportando un poco del territorio, no irse en blanco. El error es querer adaptarse a todo de golpe. Por eso la selección mexicana ahora se prueba antes de participar en el Mundial: Entrena fuera, se adapta a distintas canchas y público, importa menos una derrota. El cerebro necesita evidencia de que puede sobrevivir. Si solo va a evaluaciones finales, siempre tendrá miedo. El síndrome del Jamaicón no se cura volviéndose valiente. Se cura haciendo portátil la zona más segura que uno tenga. En cuanto recibió chiles y harina de maíz el chef de la selección, el Jamaicón tuvo lances históricos en el mundial de Chile de 1962. Pero rechazó ofertas para jugar en la UEFA.

Hugo Sánchez estudió, mientras ya era profesional con Pumas, desde la Prepa 7 hasta la UNAM. No llevó psicología como carrera, pero en la UNAM de los 70s, el plan de dentista sí incluía materias de psicología médica: trato al paciente, manejo del dolor y del miedo. Y, sobre todo, estuvo rodeado del ambiente universitario donde ya se hablaba de preparación mental. Hijo, y hermano de deportistas profesionales, su rutina era entrenar en el Comité Olímpico y en CU en la mañana y correr a clases en la tarde. Se fue motivando en forma autodidacta mientras cursaba con Pumas la licenciatura, con el Atlético de Madrid se auto ensenó la maestría en psicología, y con el Real Madrid el doctorado. Le copió a su hermana gimnasta, la famosa maroma para festejar, se quedaba una hora extra después de entrenar a practicar cientos de remates de “chilena” o patadas de tijera elevada que compensaban lo corto de su estatura.

Eso es entrenamiento mental sin llamarlo psicología: repetición deliberada, autoafirmación, ritual. Cuando llega a Madrid no le afectó que no hubiera psicólogo. Llegó usando su propio manual en el Real Madrid 1985-1992; en una época en que los jugadores carecían de asesoría de un psicólogo permanente. El apoyo que recibía era material y de estatus, no emocional. Pero le afirmaron su autoestima por vía de trato de rey: los mejores hoteles, los mejores restaurantes. Lo hicieron sentirse grande. Pero no había nadie que le enseñara a regular su mente. Recurrió a inventarse su propio sistema psicológico afirmándose continuamente "yo soy el mejor". Eso explica su perfil: una autoestima de acero forjada a solas, sin matices. Funciona para triunfar, pero te deja sin herramientas para que te entiendan. Por eso afuera lo ven soberbio: porque nunca le enseñaron a traducir su auto charla que lo hizo ganar cinco trofeos al mejor goleador de la temporada al lenguaje social mexicano en el que lo consideran soberbio, arrogante, presumido. En los 80s, a Hugo le dijeron: aquí está tu habitación, mete goles o te vas. Y metió 208.

Rafa y Messi en Barcelona: Psicología como parte del sistema. El club estableció lo que hoy llaman Servicio de Atención Psicológica - SAP. Realizan una primera entrevista psicosocial juntamente con el tutor asignado al deportista que lo acompaña ante necesidades individuales; y le dan asesoramiento a familias y entrenadores. Tienen un plan integral de salud mental "para prevenir, detectar y acompañar situaciones relacionadas con el bienestar emocional y psicológico de jugadores de todas las categorías". Rafa Márquez lo ha dicho en congresos: él se apoyó en esos departamentos "para mantener el equilibrio en sus pensamientos y fortalecer su mentalidad deportiva". Temas que trabajó: adaptación al cambio, fortaleza mental, canalización de derrotas, asimilación de victorias.

Messi es el caso extremo: llega de Rosario, Argentina —no de la sede terrenal de la egolatría: Buenos Aires— a los 13 años. Encima del trauma migratorio, está bajo tratamiento hormonal para que aumente su estatura —como hicieron en Brasil con Zico. Tímido. No habla. Le asignan un tutor deportivo, un tutor escolar, y un psicólogo de residencia que lo tratan como si fueran sus familiares. Le contienen el miedo fisiológico y social para que no tenga que hacer un personaje de "soy el mejor". Puede ser callado y letal. La diferencia clave: Hugo tuvo que volverse su propio padre psicológico. Por eso su autoestima suena estridente. Tuvo que gritar para escucharse él mismo en España. Rafa y Messi tuvieron padres psicológicos institucionales. Por eso Rafa puede ser líder sin gritar, y Messi puede ser el mejor del mundo diciendo "yo trato de ser humilde". No es que uno tuviera más carácter que otro. Es que uno tuvo que fabricar su armadura solo, y los otros tuvieron un taller donde les ayudaron a hacerla a la medida. Por eso hoy, si un chico mexicano con talento de Hugo se va al Real Madrid, ya no lo dejan solo. Tendrá psicólogo, nutricionista, tutor de adaptación. Pero los engreídos dueños de los equipos de futbol en México (Azcárraga, Slim, Salinas Pliego, Cemex, el Grupo Alfa de Monterrey) que manejan la FMF, abominan a Hugol y eligieron a Rafa para suceder a Javier Aguirre.


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