299 — Nuestro Calendario Lunar

Sal Nuñez

Cuando llegó nuestra nieta Luna a vivir en nuestra casa —junto con sus padres, mientras quedaba lista la casa recién adquirida— si yo fuera vaca, al día siguiente me habrían ordeñado 25 litros de crema. La casa nuestra se regocijó como lo hace el sambódromo de Río el fin de semana previo al Miércoles de Ceniza: se nos instalaron panderos, cascabeles, maracas, pájaros cantores, el eco transportaba risa en cada recámara, y Geo y yo tuvimos que autocapacitarnos para ejercer los papeles de abuelos. Pero la misma vaca hoy daría 25 litros de café negro porque X me notifica que su casa nueva está lista y a partir de mañana se mudan. Anticipo que nuestra casa deducirá que le toca ser prima de un velatorio. Estamos de duelo: pasaremos de un cotidiano y efusivo carnaval a un apacible y mudo sepelio.

De acuerdo con los neurocientíficos, el cerebro de Luna produce un millón de conexiones sinápticas por segundo desde su nacimiento hasta los cinco años. Su cerebro está cableándose y ya nunca se entrama su software a esa velocidad. A esto se le llama la plasticidad que los viejos vamos perdiendo a partir del 7º septenio. Jean Piaget, le llama al septenio 1º como la etapa preoperacional del desarrollo cognitivo en el que memoria y símbolos vienen primero, y la lógica formal no se puede forzar antes de tiempo. Porque el pensamiento preoperatorio es simbólico y egocéntrico, y solo después se vuelve lógico y concreto. Al infante preescolar se le van desarrollando (entre muchas más fisiológicas, anatómicas, y sociales) esta secuencia de capacidades:

1. Memoria. A partir de los 18 meses y hasta los 2.5 años debe reconocer algo visto, dicho, o experimentado previamente; y luego recordar el episodio inicial para asociarlo y enlazarlo con los siguientes.

2. Noción del Tiempo. Entre los 2 y 3 años debe entender y referirse al antes/después, ayer/mañana; pero le es imposible hacerlo con “un segundo”, “un minuto”, “al rato”, y sobre todo con el elástico “orita”. Ya debe entender "después de comer".

3. Personalidad Embrionaria. 2.5 a 3.5 años: temperamento estable, manifiesta sus preferencias y sus rechazos, introversión/extroversión, miedos, berrinches; se le nota más fuera que dentro de casa.

4. Inteligencia 3 a 4 años: uso simbólico, clasifica, cuenta la secuencia vigesimal, resuelve problemas intencionalmente; deja de ser solo memoria y empieza a operar con lo que recuerda. Comprender el tamaño, el tiempo, la distancia, la realidad y la ficción son todas tareas que forman parte del desarrollo cognitivo. El procesamiento de la información se enfoca en memoria y atención como base continua, no solo por etapas. Debe aprender a ordenar y clasificar por color/forma/tamaño, rompecabezas de figuras geométricas de 8-12 piezas, trasvasar agua/arena, contar objetos reales, no números abstractos.

5. Carácter 4 a 5 años: ya es personalidad + hábito + valor. Persevera, hace lo indicado cuando nadie la mira, controla su frustración, es generosa, depende en las repeticiones.

6. Razón 4.5 a 5.5 años: manejo de causas y efectos: "si hago esto, pasa esto", inferencia, conservación incipiente, distingue la apariencia de realidad. Hay que retarla a que exprese lo que pasaría en alguna actividad imaginaria. Es claro que no puede haber razón sin tener carácter.

7. Retórica 5 a 6 años: posee un vocabulario amplio para usar el lenguaje al persuadir, argumentar, contar una historia con inicio-nudo-desenlace para convencer a otro. Esta etapa requiere ineludiblemente memoria + los otros cinco pasos anteriores cursados sin una carga emotiva alta ni coerciones. Es bueno pedirle que cuente algo con inicio-nudo-final, que convenza a alguien de que haga algo simple, como sombras en la pared formadas con las manos, actuarle en un teatro de títeres, pedirle que recite un poema corto de memoria con entonación, o que cante una canción acompañada de un adulto. Luna se sabe dos: quedó sorprendida que miles de personas en un estadio cantaron el himno nacional (cuyo principio ella se sabe), y el “Cielito Lindo”.

Anoche soñé/imaginé un diálogo donde los protagonistas eran mi pasado, la razón, la personalidad, el carácter, la inteligencia, la retórica, y un pediatra. +o- iba así:

PASADO: Yo empecé esto. En mi tiempo el preescolar no existía. El niño era un adulto chiquito. A los 4 años ya cargaba leña, ya cuidaba al hermano. No lo educábamos, lo usábamos. Luego inventamos el kínder para guardarlos mientras las madres entraban a la fábrica. No nos hagamos. El preescolar nació como bodega, no como jardín. Y por eso seguimos confundidos.

RAZÓN: Falso romanticismo. El preescolar nace porque la neurociencia lo exige. Entre los 0 y los 5 años se forman 1 millón de conexiones neuronales por segundo. Es la ventana de mayor plasticidad cerebral de toda la vida. No es bodega. Es cimiento. Si no alfabetizas, si no estructuras noción de número, de causa-efecto, de método, a los 6 años ya llegas tarde. El infante debe ser preescolar, preparar para la escuela. Lo demás es folklore.

PERSONALIDAD: La niña lo que quiere es jugar y tiene razón, quiere desoír a esta necia Razón, siempre con su regla y su número; que cree que una niña es una USB vacía. Yo digo lo contrario: la niña no viene vacía, viene llena. Viene con temperamento, con manías, con miedos. El trabajo en preescolar no es llenarla de semillas nuevas sino dejar que salga lo que ya trae sin que se lo estropeen. Si a los 4 años se le aplasta la personalidad para que encaje en un concepto de matemáticas, a los 30 será una adulta sumisa y deprimida.

CARÁCTER: Todos hablan de lo que la niña sabe o siente. Nadie habla de lo que hace cuando no la están viendo. Carácter es esperar turno, aunque se esté haciendo pipí. Es compartir el rojo, aunque quiera el rojo. Es no pegarle a quien le quitó el juguete; ni dejar que la muerdan o peguen sin acusar a quien lo hizo o defenderse. Eso no lo enseñan ni la Razón, ni la Personalidad. Eso se entrena, todos los días, con repetición, a pesar de las pequeñas frustraciones circunstanciales.

RETÓRICA: ¡Qué hermoso habla el Carácter! Casi me convence. Pero le falta poesía. El preescolar no es para saber, ni para sentir, ni para obedecer. Es para aprender a decir. El ser humano es el único animal que se cuenta a sí mismo quién es. Si una niña de 4 años no puede narrar lo que le pasó, ponerle palabras a su enojo, pedir ayuda sin llorar o agredir, está condenada al berrinche eterno. Yo no enseño letras. Enseño: "Estoy enojada porque me quitaste el juguete y quiero que me lo regreses". Eso es más poderoso que sumar.

INTELIGENCIA: No es el juguete, es el problema. Todos creen que inteligencia es Coeficiente Intelectual. No. En preescolar es resolver problemas sin pegarle a nadie. Es ver que hay un juguete para dos niños y proponer: "tú 2 minutos, yo 2 minutos". Eso es inteligencia ejecutiva, no memorizar. Y no se da sola, se modela. El preescolar necesita adultos inteligentes, no adultos con cartulinas bonitas y canciones bobas.

En mi sueño aparece un PEDIATRA: Perdón que los interrumpa. Los escucho y todos tienen fiebre. Hablan como si un niño fuera un cerebro, o un discurso, o un carácter con patas. Todos los días me traen prescolares a consulta, y esto es lo que veo:

Veo niños de 3 años que no duermen porque duermen con una tablet prendida. Otros de 4 años con obesidad y caries porque desayunan jugo de cajita y galletas. Otros que no saben saltar en un pie, que no saben trepar, que no saben abrazar porque nadie los abraza en casa. Veo niñas con ansiedad porque su mamá les dice "apuráte" 47 veces antes de las 8 de la mañana. Entonces, con todo respeto, Razón, tu ficha de matemáticas me vale madre si el niño no durmió. Carácter, tu discurso de la espera no sirve si el niño tiene anemia. Personalidad, no puedes dejar florecer nada si el niño no ha tocado tierra en 6 meses. Propongo jerarquía. 1º cuerpo, 2º vínculo, 3º lenguaje, luego todo lo demás.

Troco el disfraz carnavalesco que lucí cien días por la pijama cotidiana, porque estoy de duelo.


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