Sal Nuñez
Geo, mi esposa es #1 (según yo, que tengo casi 50 años de conocerla). Su deseo base es ser buena, correcta, íntegra, bien hecha en lo que hace, ordenada, puntual, se asegura contra las posibles contingencias desastrosas. Gestiona su IRA para que no la desborde. Es reformadora, y la guía la justicia por los menos favorecidos. Su miedo básico es ser corrupta, mala, o hacer cosas imperfectas.
Nunca la he visto en el nivel A en el que trasciende la crítica y ya no divide lo que piensa entre bueno y malo; y perdona afrentas y agravios con sapiencia y serenidad.
Algunas veces la he visto en el nivel B siendo altamente objetiva, ética, moral, y humana; viviendo principios sólidos; es muy ordenada sin ser rígida. La gente la respeta porque no tiene doble moral.
Pero empieza su identificación con el nivel C cuando está convencida de hacer lo correcto. Es muy trabajadora, responsable, y solidaria; quiere mejorar el mundo, aunque implique lo que otros no hacen: lavar muy bien lo reciclable antes de desecharlo.
Normalmente se comporta en el nivel D: tiene un ideal clarísimo de cómo deberían ser las cosas y seguido encuentra que la realidad no cuadra. Especialmente en los asuntos de política.
Cuando está en el nivel E controla para no sentir culpa; todo lo cataloga meticulosamente en correcto/incorrecto; me corrige o da instrucciones para lavar los platos sin gritar, con mano blanda.
En el nivel F la ira reprimida le extrae la intolerancia que le sale como juicio y castigo. Ya no desea mejorar, ni juzgar, quiere condenar.
Nunca la he visto en los siguientes niveles, pero los menciono porque los he observado en otros del mismo tipo #1. En el nivel G se vuelven inquisidores, hipócritas libres de culpa, con doble moral; tan rígidos que hacen lo que condenan en otros, pero se justifican en un perfeccionismo inhumano: predican la fidelidad y son infieles porque “su caso es diferente". Exigen puntualidad, pero llegan tarde y hacen rituales obsesivos para calmar su ansiedad: limpieza compulsiva, listas interminables, les diagnostican Trastorno Obsesivo Compulsivo moral.
Ya en el nivel H son fanáticos con delirio de pureza; ven maldad en todas partes; quieren purificar el mundo a la fuerza; sufren de paranoia moral; ven el pecado o la herejía en todo.
En el nivel I quieren castigar destruyendo; si como ven al mundo éste no puede ser perfecto, pugnan por destruirlo y castigarlo sintiéndose verdugos que abogan por “hacer justicia” con violencia. O se deprimen severamente, por no soportar su propia imperfección diciéndose: "si no puedo ser bueno, no merezco existir".
El antídoto para el #1 no es ser más bueno, es ser más humano: aprender a reírse, a soltar, a decir "esto ya es suficientemente bueno". Pasar de "tengo que ser perfecto" a "tengo que estar vivo y disfrutar". Hacerlos reír es darles su medicina.
Nuestro hijo Lucio es #2. Su deseo base es ser amado, indispensable, necesitado, bueno. Su miedo base es ser prescindible cuando él sabe que puede ayudar, asistir, colaborar. No lo manifiesta, pero se siente muy especial cuando se dice: recibo el amor que doy. Aunque en ocasiones peca con un orgullo que envía el mensaje de "yo no necesito, yo doy".
Lo he visto actuar en el nivel A como un altruista libre que muestra una empatía incondicional: ama sin pedir nada; ayuda porque le nace, no para amarrar; puede dar e irse sin culpa: ya no necesita ser necesitado. Ayuda sin cobrar y no lo echa en cara después, y si no le das las gracias perfectas, no se ofende. Da y se olvida. Amor limpio.
También me enterado que en el nivel B es muy perceptivo de lo que otros necesitan. Cálido, generoso, sabe consolar de verdad. La gente lo adora porque se siente vista. Como esas amigas que llegas con caldo cuando estás enfermo sin que se lo pidas. El jefe que nota que estás mal y te dice "vete temprano, yo te cubro".
Pero su identificación con el tipo #2 empieza en el nivel C cuando sin proponérselo se hace querer porque es el que ayuda de una manera útil, sociable. Y sin perder su sana conducta, ya empieza a medir su valor por cuánto lo necesitan. Todavía coopera con gusto, pero ya necesita el “gracias.”
La mayor parte del tiempo esta en el nivel C y en el nivel D en el que es complaciente, seductor, se vuelve indispensable y le cuesta trabajo decir no. Espontáneamente se preocupa por los infortunados cuando se topa con ellos.
Los que exhiben conductas del nivel E son posesivos y manipuladores. Dan con factura, si alguien no les devuelve amor, lo hacen sentir culpable. Se meten donde no lo llaman porque "lo hago por tu bien, sin mí te hundes".
En el nivel F se hacen los mártires o las víctimas para elucidar amor. Se enferman, se agotan, hacen drama para llamar la atención. Organizan algo y reclaman que “nadie me ayuda como yo quiero, pero no importa". Usa su sufrimiento como moneda: muy resentido por dentro, muy dulce por fuera.
El nivel G ya pasa a lo insano: “Si no me amas por las buenas, me amarás por las malas”. Controla a través de la culpa y la enfermedad; crea dependencia. Exagera una enfermedad para que no lo dejen. Hace favores que dañan: te presta para que sigas dependiente. Ya no ayudan, enjaulan.
Los que llegan al nivel H son codependientes parásitos: Ya no viven su vida, viven la tuya; se aferran, espían, acosan con amor. Si lo dejas, colapsa porque no tiene identidad sin ti. Son personas que no puede estar solas ni 5 minutos y necesitan que alguien las necesite para existir.
Y en el nivel I se autoanulan: “Si no puedo ser amado, me convierto en lo que quieras, aunque me destruya”. Se anula por completo para no ser abandonado. Aguanta humillaciones, infidelidades, maltrato con tal de que no lo dejen. Se enferma gravemente por tanto aguantar. Cree que si deja de servir, desaparece. Necesita ayuda urgente para aprender a decir "yo importo".
El antídoto del 2 no es dar más, es pedir. Su crecimiento se da cuando pasa del "¿qué necesitas?" al "¿qué necesito YO?". Debe aprender a poner límites, a decir "no quiero ayudarte hoy y sigo siendo buena persona". Su medicina es comportarse de una manera egoístamente sana.
Yo soy *#5.
Nunca he estado en el nivel A: donde me imagino que sería un narrador omnisciente, como Jorge Luis Borges, que describe con elocuencia lo que sienten o piensan los personajes, o explicar lo que hay de fondo de los acontecimientos, sin titubear. Estudio por mi cuenta porque amo la realidad donde me tope con ella.
En el nivel B: observo a profundidad empleando una alta capacidad de percepción. Veo patrones donde otros ven caos. Soy objetivo y curioso sin agenda, ni prejuicios; pero tampoco he estado en este nivel como estuvo Isaac Newton.
En el nivel C: me siento como un experto competente cuando domino más aspectos de un asunto de los que ven los demás. No disfruto la frialdad, y sí (mucho) la precisión. Aporto utilidad haciendo uso de mi experiencia. Si me piden ayuda, explico con gusto midiendo mi valor sobre mi dominio sobre un tema. Me identifico con mis conocimientos convencido de que "Yo soy lo que sé".
En el nivel D es en el que vivo normalmente: conceptualizando para dirimir algo que le puede servir a alguien. Me retiro para pensar; sustituyo el hacer por el preparar. Investigo antes de actuar.
En el nivel E, reduzco mis necesidades al mínimo para no depender. Me aíslo. Pienso a solas. Me invitan a alguna actividad y no acudo por quedarme viendo documentales sobre lo que me interesa. No es que no quiera a la gente, es que siento que me drena en conversaciones ralas. Me perciben como distante, o tacaño emocional.
En el nivel F me vuelvo antagónico, provocador, cínico, uso lo que sé para descalificar a quien sabe menos corrigiendo con sarcasmo, esgrimiendo una “superioridad” defensiva o aislándome, pero no en paz.
En el nivel G me dan lapsos de pensamientos nihilistas deprimentes y algo de misantropía que atentan contra mis ilusiones sobre el futuro; a veces se lo atribuyo a la edad cuando me topo con viejos de mi edad que así piensan. Descuido mi cuerpo batallo para frenar con nostalgia sobre situaciones pasadas.
Nunca he llegado al nivel H, pero sí reconozco los síntomas en otros de mi generación que endosan ideas bizarras, o teorías conspirativas desconectadas de la realidad consensuada.
Los del #5 que llegan al nivel I lo hacen trágicamente deprimidos, psicóticos, tuve un jefe así —genio creativo de la bioquímica— que se suicidó tras el diagnóstico oftálmico de que perdería el 2º ojo: con el único que veía. El antídoto para el tipo #5 no es saber más, es hacer, sentir, y relacionarse intelectual y emocionalmente. El #5 se pierde por pensar y se salva haciendo. Mi jefe suicida vivía solo, adicto a la adquisición de conocimientos, aunque fueran inducidos por drogas psicotrópicas.