Sal Nuñez
El tipo #4 tiene tiende a autodefinirse como sensible, romántico y tiene como miedo base no tener identidad, ser insignificante, común, sin sentido. Su deseo base: ser único, auténtico, especial, profundamente comprendido. Su pecado es la envidia.
En el extremo de la banda sana, en el nivel A es renacido de las cenizas, creativo, trascendente. Ya no sufre por ser diferente, ya no hace drama, su profundidad es real, celebra ser parte de todo. Transforma su dolor en belleza universal, se vuelve muy espiritual.
En el sano nivel B es introspectivo y está conectado con la realidad y con los demás: su autoconocimiento es real. Conoce sus emociones sin ahogarse en ellas. Empático, sensible, puede sostener la tristeza de otros sin contagiarse. Es auténtico, no necesita llamar la atención.
Su identificación empieza en el nivel C cuando se enfoca en crear algo estético, con su estilo propio, diferente a lo que ha conocido. Pero empieza a compararse y a desear más intensidad en su vida.
La mayoría vive en el nivel D mas romántico que los demás. Idealiza lo que no tiene. Sueña despierto que la felicidad está con otra pareja, con otro trabajo. Se vuelve nostálgico. Les dice a los demás: "a mí nadie me entiende de verdad".
En el nivel E se comporta como un introvertido muy demandante: se aisla para cultivar su mundo interior. Se vuelve muy sensible a cualquier crítica. Empieza a creer que sufrir lo hace especial. Quiere que lo rescaten, pero al que lo intenta, le dice "tú no puedes entenderme".
En el nivel F se compadece de sí mismo con tonos melancólicos. Se siente defectuoso de fábrica. Envidia todo lo que otros tienen y él cree que nunca tendrá. Se vuelve improductivo y caprichoso. Manipula con su tristeza. Culpa al mundo por no valorarlo.
Ya en la banda insana, en el nivel G se deprime mucho y con frecuencia. Se odia a sí mismo. Se avergüenza de quien es. Se aísla completamente porque cree que no es bien aceptada su presencia. No contesta, cree que todos estarían mejor sin él.
En el penúltimo nivel H ya no soporta ser él mismo. Se vuelve autodestructivo. Alberga fantasías en las que desaparece para que por fin lo extrañen y entiendan lo que valía. Abandono total de sí. Exhibe conductas de alto riesgo, adicciones para anestesiar el vacío, romper relaciones a propósito. Todo es un grito de "¿alguien ve mi dolor?".
El colapso total de identidad le llega en el nivel I cuando se dice: “Si no soy especial, es que no soy nada. Se borra de la vida social, deja de comer, de cuidarse. Se extravía en su historia de ser defectuoso que ya no encuentra salida. Necesita ayuda profesional urgente. El antídoto del #4 no es ser más especial, es ser más común, pasar de "soy mis emociones" a "hago lo que tengo que hacer aunque no tenga ganas". Disciplina, rutina, acción concreta. Dejar de esperar la inspiración y ponerse a trabajar. Su medicina es la cotidianidad.
El #8 actúa como jefe, desafía la autoridad. Su miedo base: ser controlado, débil, vulnerable, traicionado. Su deseo base: ser fuerte, autosuficiente, proteger y controlar su territorio. Quiere retener el PODER donde lo localiza.
Al inicio de la banda sana, en el nivel A es un magnánimo liberador, que no necesita pelear porque tiene fuerza sin ego. Usa su poder para liberar a otros que lo siguen. Se vuelve vulnerable a propósito, y por eso es invencible; como un líder que pudiendo aplastar a su competencia, la ayuda. El padre que fue duro toda la vida y de viejo pide perdón y abraza. Es como un león que cuida ovejas. No teme mostrar ternura.
En el nivel B es un buen protector con confianza en sí mismo y en otros. Protege, no domina. Da poder a los demás. Sabe poner límites sin aplastar. La gente se siente segura con él, no intimidada.
Su identificación con este tipo inicia en el nivel C cuando sintiéndose fuerte, capaz, y muy trabajador, emprende algo y consigue resultados trabajando arduamente. Pero empieza a medir su valor por su capacidad de trabajo y deja atrás a los que tienen menos.
En la banda media viven el 90% de los tipos #8.
En el nivel D tienen características de negociadores, de empresarios. Quieren controlar su mundo para que nada los tome desprevenidos. Necesitan tener la última palabra. Su trabajo se vuelve su identidad. Quieren que todo se haga a su modo en casa: cómo se estaciona el coche, cómo se hace la carne.
En el nivel E imponen, se vuelven dominantes del territorio. Ven la vida como una lucha de poder: “o dominas o eres dominado.” Intimida para no ser intimidado. No es malo, tiene terror a verse débil. Empieza a acumular aliados y enemigos.
En el nivel F son muy combativos y confrontativos. Buscan la pelea para probar su fuerza. Exhiben una desconfianza total: "Si no estás conmigo, estás contra mí". Ejercen la justicia a su modo. Guardan rencores por años. Se vuelven excesivamente vengativos, no sabe parar. Su lema: "con el miedo que me tengan basta, no quiero que me quieran".
Ya en la banda insana, en el nivel G son despiadados. Dejan de actuar por moral, solo por poder. Si les estorba alguien, lo aplastan. Se sienten invulnerables y se justifican en cualquier medio. Viven en guerra.
Son tiranos y megalómanos en el nivel H. Tienen paranoia de poder. Creen que todos quieren traicionarlo. Se vuelven dictadores en su casa, su empresa, en el país que presiden. Destruyen antes de que los destruyan. Se rodean solo de gente que les tiene miedo. Su cuerpo ya sufre presión alta, úlceras, todo es tensión.
En el máximo nivel insano, el nivel I, se vuelven destructores, quieren aniquilarlo todo, incluso a sí mismos. "Si no es mío, no es de nadie". Prefieren destruirse antes que mostrarse vulnerable. El antídoto del #8 no es ser más fuerte, es despojarse de la armadura. Mejoran si pasan de; "yo controlo" al "yo protejo cuidando"; o aprenden a decir "me duele", "tengo miedo", "necesito ayuda" sin sentir que se muere por hacerlo. El #8 se pierde por pelear y se salva amando.
El tipo #9 es un mediador en el sentido mencionado antes de la consigna aristotélica del aurea mediocritas. Su miedo base es la pérdida, la separación, el conflicto. Su deseo base es vivir con una paz interior, con estabilidad, que todo esté bien. Retiene su energía vital, se anestesia, para no sentir conflicto.
En el mejor pero escaso de los niveles, el nivel A, es un sabio unificador siempre despierto y totalmente presente. Ve la interconexión de todo y no necesita dormirse. La paz que irradia es real, no anestesia. Cuando entra a una familia peleada y sin decir mucho, todos se calman. No evita el conflicto, lo abraza y lo disuelve. Está 100% vivo y 100% en paz al mismo tiempo.
En el nivel B es un pacificador profundo, receptivo, estable, generoso. Acepta a todos sin juzgar. Es el pegamento de los grupos, cuando hay drama lo buscan porque no toma bandos y escucha de verdad. Su presencia cura.
Todavía en la banda super sanam en el nivel C se identifica con la paz manteniendo la unión. Trabajador, optimista. En casa cede un poco para que no haya pelea, pero todavía dice lo que piensa. Aún está conectado.
La mayor parte de los de este tipo #9 viven en el nivel D adaptándose y olvidándose con frecuencia de sí mismos. Para mantener la paz externa, empieza a olvidar sus propias necesidades. "¿Qué quiero yo? No sé, lo que quieran ustedes está bien". Empieza a procrastinar lo importante para él y a hacer lo urgente para otros. Su frase: "luego lo hago".
En el nivel E se muestra desconectado y acomodaticio. Se vuelve pasivo-agresivo. No dice no, pero tampoco hace lo que otros esperan que haga. Se entierra en rutinas que lo adormecen, sin hacer nada que realmente lo apasione. Su casa está llena de proyectos a medias.
Está dormido en el nivel F, si intentan moverlo se vuelve terco como una mula, testarudo, minimiza: "no es para tanto", "ya se le pasará". Su pareja le dice que está mal y él contesta "tú siempre exageras". Se niega a ver el conflicto y por no verlo, lo hace más grande. Se vuelve olvidadizo, torpe, como si estuviera drogado de comodidad.
Ya en la banda insana, en el nivel G se borra a si mismo. Deja de funcionar. Su depresión lo anestesia. No siente nada porque si siente, siente dolor y conflicto. Su vida es una rutina vacía.
En el nivel H es un autómata despersonalizado, un cuerpo que respira. Hace lo que le dicen como robot. Va al trabajo, hace lo mínimo, regresa, ve tele, duerme. Si le preguntas cómo está, no sabe. Ha abandonado su alma. Puede tener explosiones de ira porque toda la que ha escondido durante años sale de golpe y asusta a todos.
En la fase más extrema, en el nivel I colapsa. Es un zombi, se autodestruye abandonándose. Se apaga por completo. Deja de existir en vida o se vuelve completamente dependiente de alguien que decide por él, como un niño grande. El antídoto del #9 no es más paz, es más conflicto sano; aprender a decir "yo quiero", "no estoy de acuerdo", "esto me enoja" aunque tiemble. Su medicina es la acción incómoda diaria.
Todos buscamos lo mismo por caminos opuestos. Para aquellos que les interese saber el tipo o tipo de tendencia de personalidad que predomina en su conducta ordinaria más del 50% de las veces, incluyo información de los tests de autodiagnóstico que más he utilizado en la selección de personal para un puesto profesional que me solicitan mis clientes. No hay un tipo 100% perfecto, todos fallan si uno se auto diagnostica en un momento de estrés porque contesta como se sientes en ese momento y no como es siempre. Al fin de este proceso —de enviarle los enlaces a los candidatos y pedirles que me devuelvan los resultados— les pregunto si puedo decirle al potencial empleador que su tendencia de personalidad bajo condiciones ordinarias es la que me comparte, el 100% me dice que sí. Muchos añaden que sorpresivamente así se comportan. Por eso incluyo el test que más he usado y que es gratuitos:
Abunda en el internet y en YouTube información al respecto de este test desarrollado en la Edad Media, y actualizado por dos profesores de Harvard que no son anglosajones, sino latinoamericanos: Claudio Naranjo, y Oscar Ichazo. Son los que lo bautizaron como eneagrama (ennea = nueve en griego). Porque son nueve niveles de nueve tendencias de personalidad influidas por el cuerpo (instinto), el cerebro (pensamiento), o el corazón (emoción).