Sal Nuñez
Admita con honestidad y valentía cuando actúa con prejuicios gratuitos o heredados. Y cure su amnesia sobre su propia infancia y su ignorancia sobre lo que somos los veteranos, remediando situaciones que tomen en cuenta esta tercera parte del manifiesto de los que atravesamos los septenios de vida del 12º al 14º.
41. No le describa a nuestros nietos como usted piensa que somos, antes de que ellos nos conozcan. No les fabrique una idea de nosotros. Deje que nos descubran y que nos inviten a lo que a ellos les importe. Si les dice tu abuelo es muy enojón o tu abuelo es chistoso pero ya no oye bien, ya nos amarra. El niño llega y nos busca la etiqueta, no a nosotros. Permita que descubran cómo somos con ellos; no cómo fuimos antes.
42. No les inculque expectativas de lo que haremos con ellos. Tu abuelo te va a contar historias y seguro te presta dinero, tu abuela te va a hacer tamales. Cada expectativa es una deuda que no firmamos. Si no cuento historias, si no presto, si no hay tamales, el niño cree que le fallé. Y yo ni sabía que me habían contratado de cuentacuentos, banco, o cocinera.
43. No les diga qué sentir por nosotros. Quiérelo mucho, ya le queda poco, tenle paciencia, ya está viejito, respétalo porque es tu abuelo. No les enseñe a sentir por decreto. El cariño no se decreta, se descubre. Si tienen que sentir algo por obligación, ya no es cariño, es tarea.
44. No nos use como herramienta pedagógica. Ve con tu abuelo para que aprendas, mira a tu abuela para que veas cómo se hace eso. No somos clase de historia ni de moral. Somos personas. Si nos convierten en lección, el niño no nos quiere conocer.
45. No nos convierta en niñera. Si nos pide que cuidemos niños todos los días porque para eso están los abuelos, ya no somos abuelos, somos servicio. Y si el nieto solo nos ve cuando necesitan que lo cuidemos o cuando hay aguinaldo, aprende el abuelo es tan útil como la sirvienta. Y lo útil se usa y se deja.
46. Permita que nos descubran como somos, no como fuimos. Es cierto que fuimos muy trabajadores. Pero ya no lo somos, ahora fallamos, nos cansamos; que conozca al de ahora. Al de 80. Ese es el que les tocó, no el de la foto de 1975.
47. No nos idealice frente a ellos para luego cobrarnos la idealización. Tu abuelo es el mejor, nunca se equivoca. Y luego, cuando nos equivocamos frente al nieto, el niño siente que se le rompió un ídolo y usted nos reclama: te dije que no dijeras eso frente al niño. No nos ponga en un altar. En el altar no se conversa, se reza. Nosotros queremos conversar.
48. No esconda nuestras sombras. Si somos tercos, si tomamos y nos hemos emborrachado o divorciado, si tenemos mal genio, no lo esconda como secreto familiar. Los niños huelen lo escondido y le agregan una fantasía peor. Mejor que nos vean completos y digan Mi abuelo a veces se enoja, pero luego se le pasa y pide perdón. Eso le enseña más que si les dicen tu abuelo es perfecto.
49. No nos obligue a ser “modernos” para que nos quieran. No nos digan apréndete esta canción de TikTok para que tu nieto te haga caso. Si tengo que disfrazarme de joven para que mi nieto me quiera, entonces no me quiere a mí, quiere a otro joven. Que me quiera viejo. Si no me puede querer viejo, que no me quiera. Pero que sea libre.
50. No traduzca todo lo que decimos. Estoy con el nieto, le digo algo, y usted entra diciendo: lo que tu abuelo quiere decir es... No. Lo que yo quise decir es lo que dije. Aunque esté mal dicho, aunque sea lento, aunque sea raro. Si usted traduce cada frase, el niño aprende a escuchar al traductor, no al abuelo. Y nosotros aprendemos que es preferible quedarnos callados.
51. Deje que el vínculo sea inútil. Hoy todo tiene que servir para algo: que conviva con su abuelo para que aprenda valores, para que no esté en el celular, para que tenga identidad. No. Deje que conviva con nosotros para nada. Para estar. El vínculo que más dura es el que no sirve para nada, solo para estar juntos. Como el juego entre amigos.
52. No ponga al nieto a cuidarnos. Póngalo a compartir con nosotros. Hay una diferencia enorme. Cuida a tu abuelo, ve a ver qué quiere, sírvele… lo pone en rol de enfermero chiquito. Y nosotros lo que queremos son cómplices. Dígale: ve a jugar con tu abuelo a lo que a ti te gusta y a él le interese. Eso lo pone en el rol de compañero. Y eso sí queremos.
53. Permita que nos involucre en lo que a ELLOS les importa, no solo en lo que usted cree que les debe importar de nosotros. No solo le diga a su nieta ve a que tu abuelo te enseñe ajedrez. También permita que me “enseñe” lo que crea en su tiempo libre. Que me busque porque somos familia, simplemente, de tres generaciones.
54. Si nos invita a un evento, que sea sin admoniciones como Invita a tu abuelo a tu partido, pero avísale que no grite, que no se pare, que no opine. Porque entonces no me invite. Si me invita a su mundo, déjeme entrar como soy. Puedo aprender sus reglas, sí. Pero no me ponga un reglamento antes de entrar a su cuarto. A nadie le dan ganas de entrar así.
55. No somos alternativa a una pantalla. No le haga la pregunta al niño: ¿Prefieres estar con tu abuelo o con el iPad? Porque me encabrono y a él lo hace sentir culpable. Opte por: Diez minutos con tu abuelo y luego sigues. Sin culpa. El cariño no compite, se intercala.
56. No cuente lo que sufrí para conmoverlo. Tu abuelo sufrió mucho para darnos todo. Es chantaje emocional heredado. El niño no tiene por qué querernos por nuestra biografía de sacrificio. Que nos quiera, si nos quiere, porque le caemos bien hoy, no porque le debemos historia. La deuda no crea amor, crea culpa.
57. Déjennos aburrirnos juntos. No todo encuentro tiene que ser productivo, didáctico, fotografiable. A veces estar con un nieto es estar los dos aburridos sin hacer nada. Y de ese aburrimiento sale algo: un chiste, una pregunta rara, una siesta compartida. No llene cada visita de actividades. Deje huecos, porque en cada uno buscaremos cómo vincularnos.
58. Si no hay química, no fuerce el cariño. No todos los abuelos y nietos se aman locamente a primera vista. A veces no hay química inmediata. Está bien. No fuerce el "abuelito lindo" si el niño no lo siente. Mejor un hola abuelo honesto que un te amo abuelito obligado. Lo honesto crece. Lo obligado se pudre.
59. No hable de nosotros en pasado frente a ellos mientras estamos vivos. Tu abuelo era muy bueno para..., tu abuela hacía unas fiestas... Era, hacía. Todavía somos. Todavía hacemos, aunque distinto. Hable de nosotros en presente frente a ellos: tu abuelo es bueno para escuchar, tu abuela hace un café que todavía nadie le gana. El presente nos deja entrar al cuarto. El pasado nos saca.
60. Al final, deje que nos hereden como ellos quieran. No les digan qué tienen que recordar de nosotros: Recuérdalo siempre como un hombre trabajador. No. Que nos recuerde como quiera. A lo mejor nos recuerda por cómo nos reíamos cuando se nos caía la sopa, o nos pedorreábamos al caminar; no por ser muy trabajadores. La memoria no se dicta. Se deja. Nosotros no queremos nietos que nos veneren. Queremos nietos que nos conozcan. No queremos que nos incluyan por lástima en su mundo. Queremos que nos inviten, si quieren, a lo que a ellos les importa, aunque sea un juego que no entendemos, una música que no nos gusta, un video que nos marea. Porque si nos invitan a lo suyo, sin traducirnos, sin describirnos, sin ponernos expectativas, entonces sí pasa el milagro: los conocemos y nos conocen.