Sal Nuñez
A los que transitamos por los septenios 12º al 14º nos fastidian las recomendaciones disfrazadas de amor de quienes nos envían videos, recetas, anuncios, de suplementos, ejercicios, programas de televisión, dietas, y sugerencias sobre cómo usar el ocio.
61. No nos recomiende suplementos como si fuéramos una maceta que le faltó abono: magnesio para dormir, colágeno para la rodilla, omega para la memoria, probiótico para el ánimo, vitamina D porque no salimos. Entendemos que lo hace por cariño. Pero nosotros ya tomamos pastillas suficientes. No queremos vivir más años a fuerza de polvos. Queremos vivir mejor los que nos quedan sin convertir la cocina en un laboratorio.
62. No nos mande el link del doctor de YouTube que lo cura todo con bicarbonato. Ese doctor que habla gritando, con bata, que dice que los médicos nos mienten. Ya tuvimos muchos doctores en 80 años. Sabemos cuál doctor nos cae bien y cuál nos escucha. Si queremos probar algo, preguntaremos. No necesitamos 7 videos diarios de curas milagrosas que empiezan con lo que la industria no quiere que sepas.
63. Si toma suplementos usted, qué bueno: pero no nos convierta a su proyecto. Probablemente usted está en el 7° al 10° septenio, peleando contra el tiempo, y está bien que se tome todo. Nosotros ya dejamos de pelear contra el tiempo. Hicimos tregua. No necesitamos optimizar. Necesitamos suficiente. Suficiente sueño, suficiente hambre, suficiente memoria. No queremos ser optimizados. Queremos ser dejados en paz.
64. No nos recomiende ejercicios como si fuéramos atletas en rehabilitación: Caminar 10,000 pasos, 30 sentadillas, liga, pesa de 2 kilos, yoga en silla. Sabemos que moverse es bueno. Pero no queremos que el ocio se convierta en rutina médica. Si nos ponen rutina, el cuerpo se cansa y el alma se aburre. Y cuando el alma se aburre, el cuerpo ya no quiere.
65. No nos mida. No nos ponga anillo que cuenta pasos, reloj que cuenta sueño, báscula que cuenta todo. Ya nos midieron toda la vida: en la escuela, en el trabajo, en el banco. No queremos que ahora también nos mida un aparato cada noche. A los 80 queremos vida desmedida. Queremos caminar sin saber cuánto, dormir sin saber cuántas horas, comer sin saber cuántas calorías.
66. No nos inscriba en programas sin preguntar. Ya te inscribí a cachibol, a tai chi, al taller de memoria. No somos niños de verano a los que se les llena la mañana para que no den lata. Si queremos ir, iremos. Pero la inscripción sorpresa es una orden disfrazada de regalo. Y a los 80, las órdenes cansan más que el ejercicio.
67. No nos diga que la natación es lo único que nos puede salvar. Todos tienen un primo que se salvó por la natación. Qué bueno por su primo. Nosotros tenemos una rodilla que no quiere alberca, un oído que se infecta, y un traje de baño que no nos gusta. No hay un ejercicio salvador universal. Hay un cuerpo particular, que es el nuestro, que sabe lo que quiere. Y a veces quiere quedarse sentado viendo llover. Y eso también es saludable.
68. No nos recomiende programas de televisión para que se entretenga. Vea esta serie, son 8 temporadas, le va a encantar, es de narcos / abogados / médicos. No queremos encariñarnos con personajes por 80 horas para verlos morir. No queremos 8 temporadas. Queremos una película que empiece y acabe. Queremos un noticiero de 20 minutos, no de 3 horas. Queremos un programa que podamos dejar a medias sin culpa.
69. No nos ponga la tele todo el día para que no nos sintamos solos. La tele prendida todo el día no es compañía, es ruido que tapa el silencio que sí necesitamos. El silencio a los 80 no es soledad, es descanso. Si quieren acompañarnos, apaguen la tele y quédense 10 minutos sin decir nada. Eso acompaña más que 10 horas de panelistas gritando.
70. No nos recomiende lo que usted ve para sentirse menos culpable de no venir. Vea este programa, así me cuenta. Muchas veces la recomendación de serie es para tener tema por teléfono y no venir. Entendemos. No siempre se puede venir. Pero no sustituya la visita con tarea. Mejor díganos: no puedo ir esta semana, pero pienso en ti. Eso vale más que 10 capítulos.
71. No nos ponga dieta. Ya las hicimos todas. Sin sal, sin azúcar, sin grasa, sin harina, sin carne, con carne, keto, mediterránea, del genotipo, de la luna. Hicimos todas y aquí estamos. A los 80 comer no es solo nutrirse, es recordar, es celebrar, es consolarse. Si nos quita el pan, la sal, el mole, nos quita la biografía. Déjenos comer lo que nos gusta, en la cantidad que nuestro cuerpo ya sabe pedir. Nuestra ídolo era una francesa de 121 años que fumó con moderación toda la vida, comía diariamente chocolate, y bebía una botella de oporto a la semana. Y afirmaba que todos los que le prohibieron que lo hiciera se murieron primero.
72. No nos pese la comida ni nos pese a nosotros en cada visita. Somos personas, no maletas para documentar. No queremos ser problema de báscula. Queremos ser persona que desayuna. Si el doctor dice algo, lo hará el doctor, no usted cuando me visita.
73. No nos quite el postre en nombre de la salud y nos deje sin el momento más feliz del día. El postrecito de las 5 de la tarde es a veces lo único que esperamos. No nos lo quite para que vivamos 3 meses más sin postre. Preferimos vivir 3 meses menos con postre. Esa es nuestra cuenta, no la suya. Y tenemos derecho a hacerla.
74. No nos administre el ocio como si fuera un presupuesto que hay que justificar. ¿Qué hiciste todo el día? ¿A qué hora te levantaste? ¿No te aburres? Deberías hacer algo productivo. El ocio a los 80 no tiene que producir. No tiene que ser productivo, creativo, ni saludable. Puede ser no hacer nada. Y no hacer nada, después de 60 años de hacer mucho, es un logro, no un fracaso. Es cosecha.
75. No nos llene el ocio de manualidades obligatorias.
Taller de mandalas, de origami, de memoria, de tejido terapia. Si nos gusta, qué bueno. Pero no todo ocio tiene que ser taller. A veces ocio es mirar el atardecer por la ventana durante una hora. Eso para usted puede ser perder el tiempo. Para nosotros es ver el tiempo pasar, que es el espectáculo más grande que nos queda y que usted todavía no tienen tiempo de ver.
76. No nos diga es que si no usa la mente, la pierde.
La usamos. Todos los días. Escribimos con frecuencia para disfrutar el presente, para acordarnos únicamente de lo que importa, para olvidar lo que no, para hacer cuentas, para inventar historias. No necesitamos crucigramas obligatorios ni sudokus para demostrar que pensamos. Pensamos cuando estamos callados. No nos interrumpa.
77. No nos organice el día como si fuéramos empresa.
De 8 a 9 caminar, de 9 a 10 desayuno, de 10 a 11 tele, de 11 a 12 visita. No somos agenda. Somos ritmo. Y el ritmo de los 80 es improvisado. Hay días que queremos levantarnos a las 10 y hay días que a las 6. Hay días que queremos ver a nadie y hay días que a todos. Si nos organiza el día, nos quita la última libertad: la de no tener horario.
78. Déjenos aburrirnos. El aburrimiento a los 80 es fértil. Como usted le tienen pánico al aburrimiento, por eso nos lo quiere llenar. Nosotros ya hicimos las paces con él. Aburridos se nos ocurren cosas: llamar a alguien, regar una planta, enviar mensajes de cientos de palabras, evocar a nuestros muertos. Si nos quita el aburrimiento con actividades, nos quita la fábrica de ocurrencias.
79. No nos recomiende cómo disfrutar. Pregúntenos cómo disfrutamos. En lugar de decirnos deberías ir a... pregunte ¿qué te gusta hacer cuando no tienes que hacer nada?. Y acate la respuesta aunque sea nada o ver llover o escuchar la radio aunque no entienda. Si nos dejan disfrutar a nuestro modo, disfrutamos. Si nos imponen disfrute, nos cansamos.
80. Entienda que a los 80, el ocio no es lo que sobra después del deber. El ocio ES el deber. Nuestro trabajo ahora es estar, no hacer. Estar despiertos, estar tranquilos, estar disponibles para una visita, para una risa, para una despedida. Ese es nuestro trabajo de tiempo completo. No nos pida que además hagamos, tomemos, veamos y comamos lo que usted cree que debemos. Déjenos hacer nuestro trabajo: estar. Eso nos alarga la vida que nos queda.