Sal Nuñez
In absentia mis abundantes críticos me han diagnosticado incontinencia autoral: abuso de la verborrea. Escribo lo que se me ocurre, no filtro, me excedo en la actividad y eso les fastidia. Les respondo que no están en lo cierto: sí sé y puedo contenerme; pero decido no hacerlo porque este tipo de actividad escritora que practico tiene los siguientes beneficios:
1º Escribir 1000+ palabras diarias en WhatsApp, es gimnasio pesado para la plasticidad de mi cerebro. 1000 palabras obligan a recuperar vocabulario, hilar argumentos y corregir sobre la marcha; eso me activa la corteza prefrontal + áreas del lenguaje + hipocampo a la vez. Esto fuerza mi cerebro a recablearse.
2º Propicio la producción de oligodendrocitos: un tipo de célula glial que se encuentra exclusivamente en el encéfalo y en la médula espinal. Estas células crean vainas de mielina alrededor de los axones de las neuronas, aislándolos y aumentando la velocidad de transmisión de los impulsos electroquímicos que los recorren. Sin mielina, la señal eléctrica va lenta por toda la neurona. Con mielina, la señal viaja hasta 100 veces más rápido; y gasta menos energía. Cada vez que repito el circuito concibo idea -> busco palabras -> ordeno frase -> tecleo en mi laptop, las células que envuelven ese circuito dicen ah, estas neuronas se usan muy seguido, pongámosles más mielina para acelerar al pensamiento y que surja con menor esfuerzo. El primer dia del año pasado, cuando empecé a escribir 1000+ palabras me costó trabajo. 323 veces después, la narrativa sale sola. No es aumento de inteligencia, es la razón biológica por la que la constancia vence al talento. No creo neuronas nuevas, pero sí aíslo mejor los circuitos que ya uso con la mielina que los cubre. Si dejo de escribir 6 meses, la mielina se adelgaza. La clave es hacerlo diario, no intenso una vez a la semana. La repetición diaria hace el circuito más rápido. Por eso jodo a deshoras.
3º Mejoro mi memoria de trabajo: sostener las ideas en la cabeza mientras las expongo, entrena mi retención. Un mes después de haber iniciado esta actividad, noté una mejora sustancial en la fluidez de la exposición verbal. Recordé con mayor facilidad los conceptos que debía hilar, mejoró mi capacidad de síntesis y la estructura para redactar cosas complejas. Esto me aporta una mayor tolerancia al esfuerzo mental largo. Y es mi pretexto para ejercitar el lenguaje como una manera preventiva de la demencia prematura.
Aunque reconozco que por inercia pierdo el control. Un escritor continente deja al lector con ganas de leer otro texto. Uno incontinente si no lo ahoga, lo sofoca. Me disculpo con quienes se han saturado de estos textos. Les pido que los omitan si tras las primeras palabras no encuentran nada de su interés. Las que siguen tienen qué ver con la incontinencia urinaria que seguido me telegrafía su próximo arribo en clave Morse: _gota, chorrito, gotota, gotita, chorro largo, etc. Y aunque Geo tal vez no lo ha advertido, cuando lo haga pondrá sobre la cama la plática del tipo de protección sanitaria que me cubra el seguro de gastos médicos si el exceso de beber agua de jamaica sigue su curso. Por lo que, para curarme en salud me he documentado para tratar este tema durante el otoño. Comparto un ápice.
La capacidad operativa de nuestras vejigas cuando somos jóvenes es de 400-600ml, es decir, más de una lata de Coca-Cola. La capacidad nos disminuye a partir de los 70 a menos de una lata de Coca-Cola. Posteriormente se nos va reduciendo hasta el contenido de una taza = 250ml. En anatomía le llaman el detrusor al músculo principal responsable de controlar el almacenamiento y la expulsión de orina en el cuerpo. Funciona como motor de micción, asegurando que la vejiga urinaria pueda acomodar volúmenes crecientes de líquido. Este músculo liso e involuntario es una parte fundamental del sistema excretor que actúa como un reservorio dinámico que debe coordinar su actividad con los esfínteres uretrales para mantener la continencia. El detrusor no es un músculo que está en la vejiga: es la pared misma. Son tres capas entrelazadas como una cesta —no como bíceps con fibras paralelas. Una capa interna longitudinal, otra media circular, y una externa longitudinal. Cuando las tres se contraen a la vez, la vejiga se hace encoge y aprieta como un puño. Eso exprime la orina hacia afuera. Cuando se relajan, la vejiga se expande y guarda. Uno no lo controla voluntariamente, como no controla al intestino: uno no decide contraerlo ni relajarlo. A vejiga vacía: detrusor relajado, esfínter interno apretado (involuntario) y esfínter externo cerrado (voluntario, el que uno relaja). Cuando la capacidad de la vejiga se llena a cerca de la mitad, los receptores de estiramiento en el detrusor envían una señal por los nervios pélvicos a la médula sacra y de ahí al cerebro: ya hay algo. La corteza frontal dice no es el momento y ordena frenar; el detrusor sigue relajado aunque tenga uno ganas. Cuando el volumen excede la mitad, el cerebro dice ya. Y si uno le da permiso, el detrusor se contrae fuerte, y el esfínter interno (involuntario) se abre para excretar lo que ha contenido. Al mismo tiempo, uno voluntariamente abre el esfínter externo y orina, o defeca aguado.
El detrusor que envejece se vuelve hiperactivo: se contrae sin permiso solo con 100-150 ml. Muchas veces un ruido de agua fluyendo en el baño o en la cocina nos impele a orinar. Conforme envejecemos más y también se deteriora nuestra audición, el ruido de un ventilador o el rumor de un motor nos detonan las ganas de orinar. Esto es un reflejo condicionado descubierto por Pavlov hace más de un siglo. Este ruso tocaba una campanita cerca de un perro mientras comía. El animal asociaba el tintineo de la campana que escuchaba, con su segregación de jugos gástricos. Y en ausencia de comida a la vista o cerca de su olfato, Pavlov tocaba la campanita, y el perro segregaba jugos gástricos. Así nos pasa a los viejos con ciertos rumores que escuchamos: sentimos ganas de orinar. A sabiendas de ello, mi consejo es tener muy cerca de la cocina al baño, o esconder una bacinica disfrazada de pato abajo del fregadero de la cocina para evacuar a escondidas cuando no podamos aguantar la pipí. Caso contrario podemos tener micción a medio camino y no llegar al retrete a tiempo dejando huellas en clave Morse por el camino: gotita, chorrito, gotita salpicada, etc.
Una de las causas de estos síntomas de detrusor inflexible puede ser la ingesta de demasiado colágeno, que comúnmente tomamos para ayudar al mantenimiento de nuestras uñas y articulaciones. Entre las fibras musculares de la vejiga crece colágeno. Ya no son tan elásticas las tres capas. Por eso la capacidad de nuestra vejiga baja su volumen a menos de una lata de Coca-Cola. Se vuelve hiposensible o hiper sensible a la vez: no avisa bien cuando está lleno y avisa de golpe cuando está medio lleno. En la incontinencia de urgencia, el problema es que en un 90% el detrusor se contrae antes de tiempo. La orden inhibitoria de la corteza cerebral ya no llega con fuerza suficiente para frenarlo esos 15-30 segundos críticos. El tratamiento para ello no es aguantar más. Es calmar al detrusor, entrenarnos para que aprenda a no contraerse con poco llenado, y abstenernos de beber cafeína o cerveza en exceso. Considerando que el riñón produce más orina de noche, y que la próstata en los hombres obstruye y deja residuo.
No hay edad donde sea normal no contenerse. Pero la prevalencia sube mucho con la edad. Aquí en Estados Unidos, el 15-20% de las mujeres tiene incontinencia urinaria a los 50 años, y el 30-40% a los 70, a partir de los 80, la mitad tiene alguna fuga regular. En los hombres es menor: 10% a los 60, 20-30% a los 75, 35-45% a los 85. Esto está muy ligado a la condición de la próstata. Si pasa, es patología tratable, no destino. No es que tener incontinencia sea inexorable para nosotros los veteranos. A los 85, mucha gente se contiene perfectamente.
Para incontinencia urinaria en un hombre adulto aquí en Texas hay tres niveles con soporte desechable, y uno a través de dispositivos.
1º. Protectores ligeros - para goteo tipo toalla anatómica para hombre. Se pega al calzoncillo.
2º. Ropa interior desechable tipo calzón. Parece bóxer normal, se sube y baja solo. Se recomienda si hay goteo al toser/reír/caminar.
3º. Pañal anatómico con cintas - para incontinencia severa / noche / encamado. Se cierra con cintas adhesivas a los lados, más absorbente. Se recomienda para chorros completos o incidentes que no llegan a tiempo al baño.
4º. Otros dispositivos - solo para hombres:
A) Ropa interior lavable: calzoncillo con capa impermeable y absorbente. Se lavan 200-300 veces. Buena para goteo ligero. Lo recetan mucho para retención con rebosamiento.
B) Pinza peneana (clamp en el pizarrín): comprime suave la uretra para aguantar un rato. Solo uso intermitente, no más de 2h, y con indicación médica.
C) Sonda vesical y sondas intermitentes: ya es manejo médico.
D) Empapadores / sabanilla para cama: desechables o lavables que duran años.
E) Toallitas sin alcohol para adulto. (Geo ya me compró un ciento; posiblemente leyó el telegrama en clave Morse).
Cuando el tema desobedezca eufemismos Geo y yo deliberaremos sobre lo que corresponda. Por lo pronto no hay prisa. Espero no necesitar nada en las dos recepciones de la boda de Lila, mi nieta. Seguramente, cuando los síntomas me sean incontrolables, necesitaré diagnóstico + receta + carta de necesidad médica; para que Geo dé con el respectivo pagano. Como no tengo incontinencia aún —sólo telegramas cerveceros— lo mejor por ahora es lo preventivo: chequeo anual sin costo, control de próstata, manejo de diabetes que son causas de incontinencia. Lo que creo que sí cubre el seguro son los utensilios tipo bacinica* de la sierra de Durango, para tener una bajo la cama; porque no son pañales, son equipo médico duradero que requiere receta que diga por qué lo necesito; debe ser durable y para uso en el hogar o porque no puedo llegar al baño. No requiere receta. *=Cariñosamente le decíamos Nica.
Debido a este delicado asunto, he decidido, (asumiendo el riesgo de cambiar de opinión en los años venideros) consultar el próximo año a dos especialistas. Primero a un abogado que me ayude a tramitar un cambio de nombre, pues mis padres me impusieron legalmente el de Salvador Joel que tiene connotaciones religiosas bíblicas a las que me he enfrentado toda la vida; ya que ambos nombres están vinculados a la noción de Dios. No voy a tramitar un cambio a un nombre nuevo como, por ejemplo: Justo Vetusto, Zacarías Marcos, o Agnóstico Ateo, para apartarme de lo religioso; sino a uno más realista, como Tolomeo Perfecto. El 2º especialista habrá de ser un psicólogo que me dé una terapia efectiva para que me valga madre regarla sin discreción, y me inmunice ante la supuesta pena por mojar de orín la ropa que traiga puesta o con la que me duerma. Pido disculpas por lo que pueda empapar al lector esta incontinencia autoral de más de 1800 palabras.