Sal Nuñez
Abuelo (A). ¿Sabes lo que quiere decir “coz?”
Nieto (N). Sí. En tus tiempos se decía “because.”
A. No me refiero a eso.
N. No me digas. Lo checo en mi celular. Tengo razón. Slade, una banda de hard rock de tus tiempos hizo famosa la canción “Coz I love you.”
A. Tampoco. Te explico.
N. No porque te vas a echar un buen rato con tu explicación, ya te conozco. Aquí lo tengo ya. Coz es un grupo pionero del rock en español. Tuvo gran popularidad antes de que naciera mi papá; y sigue en activo hasta la actualidad. Fue la primera banda de rock duro español que consiguió entrar en la radio convencional, hasta entonces dominada por la canción melódica.
A. No. Checa en la Real Academia de la Lengua Española.
N. Te leo: Sacudida violenta que hacen las bestias con alguna de las patas. ¿Por qué quieres que lo sepa?
A. Por la historia que quiero contarte.
N. Si la puedes contar en 30 segundos te escucho.
A. ¿Sabes lo que es la Legión Extranjera?
N. Lo checo. Tu palabra no vale hasta que Google diga que vale… Es una rama del Ejército francés. Soldados de infantería altamente entrenados; dirigidos por oficiales franceses. Está abierta a ciudadanos de otro país y conocida como una unidad centrada en las habilidades militares tradicionales. La capacitación es un desafío físico, psicológicamente muy estresante. A partir de 2008 los miembros de la Legión provienen de 140 países. Están acuartelados en varios sitios del desierto del Sahara. Es militarmente francesa debido a que 350 millones hablan francés en 32 países francófonos de África. Me tardé menos de 30 segundos. Sigue tu historia si te tardas poco.
A. Resulta que un joven Recluta (R) llegó al cuartel en el desierto del Sahara; cerca de Marruecos. Durante tres días solamente vio hombres jóvenes ejercitándose y comiendo bien. Él hizo lo mismo. Al atardecer de la 3ª noche le preguntó a su compañero de mesa en el comedor, cómo se las arreglaban para tener sexo. El Colega (C) empezó a explicarle…
N. Esto se pone bueno, Abuelo, te doy dos minutos.
C. ¿Viste la camella que está atada a la palmera de la entrada? —Dijo C sin que R lo dejara proseguir.
R. ¡Gracias! Con eso tengo.
Y se fue corriendo a la palmera donde la camella estaba descansando con sus patas dobladas sobre la arena. R la tiró de la cola para que se levantara, pero no lo hizo. En cambio, lo mordió fuertemente con los belfos llenos de baba y desistió. Regresó mordido en los antebrazos y con el uniforme ensalivado, a reclamarle a C.
C. Para que no te muerda y se levante tienes que hablarle cariñosamente al oído diciéndole: Tranquila, camellita, no te enojes.
R. ¡Gracias! Con eso tengo.
Y sin esperar a escuchar más instrucciones, R, regresó a donde seguía la camella rumiando dátiles y con sus rodillas hincadas en la arena. Le habló cariñosamente y la camella se levantó. Entonces R advirtió que erguida, la camella tenía mucha más estatura que él. Trajo un banco alto. Lo puso atrás de la camella. Se subió en él. Se bajó los pantalones e intentó fornicarse a la camella. Esta vez ella lo dio de coces hasta dejarlo maltrecho e incapacitado para insistir de nuevo. R regresó a reclamarle airadamente a C, quien seguía todavía en la mesa del comedor.
C. Nadie aquí había intentado violar a la camella. La tenemos entrenada para subirnos cuando está echada, luego le hablamos al oído cariñosamente, ella se levanta y sin que la tomemos por las riendas nos lleva al burdel del pueblo. La premiamos con dátiles y la atamos a una palmera. Cuando terminamos repetimos la forma de abordarla, y nos trae de regreso, aunque estemos borrachos. Pero tú eres de los impacientes que nunca lo dejan terminar a uno cuando te quiere decir algo que te puede ser útil o por lo menos interesante…
Esto nos pasa a los abuelos de 80 con nietos de 17 ahora. Es la generación Wikipedia. Piensan saber datos = es conocer de historia. No distinguen entre información y vivencia, sistemas y cultura. Les fastidia que empecemos a referirles el escenario o la circunstancia.
No nada más los nietos lo hacen. Mi objetivo con mi hijo D+R cuando tenía cinco años era despertarle la curiosidad, la imaginación, provocarle risas. No me fue fácil. Siempre quería ir al grano. Yo lo amagaba con terminar la historia y aportar más detalles, pero casi cronometraba su atención. No obstante, repetíamos el ritual antes de dormir cada noche. Parecíamos el personaje del abuelo narrador y el nieto escucha de la película “The Princess Bride.” Ahora que D+R es padre de dos de mis nietos, me supongo que algo de lo inculcado le sirve, por lo menos para evitar transmitirlo a la siguiente generación.
Los nietos que me han tocado no aguantan introducción. Quieren entrar directo a escena. Así son las películas favoritas de sus padres. Me pregunto y le pregunto a los abuelos lectores si a sus nietos les daría de coces la camella. Porque muchos o no les interesa lo que el abuelo pueda decir, o creen que ya saben lo importante y si lo ignoran lo resuelven en menos de 30 segundos en Google. No dejan que les acabemos de explicar porque lo que decimos lo consideran accesorio, no esencial. Y nosotros callamos deseando que la vida no los pateé.
La parábola de la camella me sirve para contársela a los que dicen ya sé, ya sé, e interrumpen. No se suben a la camella-Uber para ver a una muchacha, no se lleva la historia completa. Se lleva coces y mordiscos por no esperar 30 segundos más. Pero como abuelos hay que decirles que nosotros también fuimos de esos novatos. Y llevamos ocultas cicatrices de algo peor que una camella.
Ese perfil del adolescente que interrumpe al abuelo tiene nombre en todos los idiomas porque nos desespera a todos. La etiqueta de sus acepciones suelen ser:
Concluidor prematuro: no escucha para entender, escucha para adivinar el final.
Oyente proyectivo: no escucha la historia, se proyecta la suya encima.
Interrumpidor ansioso: interrumpe por ansiedad, no por maldad. No soporta el suspenso.
Conversador secuestrador: secuestra tu turno de palabra (conversation hijacker).
Protagonista ajeno: necesita ser protagonista de una historia que no es suya.
Necesidad de estatus: demostrar que ya sabe soy de tu nivel o más.
Cero tolerancia a no saber: el silencio de 3 segundos mientras cuentas le parece eternidad.
Choque de Memorias Narrativas. No es falta de respeto aislada, es el cruce de dos cerebros en etapas opuestas: El abuelo, cuenta para sentir que deja un legado. No cuenta el dato, cuenta cómo se sintió, con quién y en dónde, y que enseñanza le queda. Eso necesita 5 minutos de contexto porque su memoria es episódica, larga, con detalles sensoriales. Si lo cortan, siente que le cortan su vida: si no me dejas contar como fue, es como si no lo hubiera vivido.
El nieto de 13-17 años tiene su cerebro todavía en poda neuronal. Todo lo que no es rápido, útil y social, lo descarta. No soporta relato lineal de más de 40 segundos. Interrumpir con ya sé, ya sé, entonces se murieron no es que crea saber. Es su forma de decir: Ya entendí la idea, no necesito más detalle. Quiero demostrar que yo también sé algo frente a familia. Me incomoda la emoción lenta del abuelo y la acelero para salir del apuro. Los estudios de comunicación intergeneracional reportan que 70-80% de adolescentes interrumpen las historias de sus abuelos antes del minuto 1. No porque sean malos, es porque no saben escuchar relatos largos. Nunca los entrenaron. De esos, la mitad inventa un final equivocado. Porque el adolescente no tiene el marco de referencia del que dispone el abuelo. Es todavía más común donde se ha perdido la transmisión oral. Antes, el nieto crecía en la misma casa que el abuelo y escuchaba la misma historia una docenas de veces. Ahora la escucha una vez en Navidad, sentado aparte, con su celular en mano. No es personal, pero al abuelo sí le duele como si fuera personal; cada interrupción la entiende como tu vida ya no interesa. Para el nieto, cada regaño del abuelo de déjame terminar lo puede llegar a entender como nunca hago nada bien. Lo que le funciona, al abuelo es darle al nieto la elección. En lugar de no me interrumpas, puede decir: Te lo cuento en versión corta de 1 minuto, y si quieres luego te cuento la versión larga. ¿Qué quieres saber?