334 — Prejuicio = Hongo Social Pernicioso

Sal Nuñez

Le agradezco mucho a mi amigo RGMB por haberme enviado valiosa información extraída por la IA de varios libros de Yungxian Yan: un profesor nacido en Beijing en 1966, que enseña antropología en UCLA y que obtuvo su doctorado en la materia en Harvard en 1993. El resumen compartido no está exento de resentimiento y prejuicio porque la familia y el autor mismo fueron expulsados a un pueblo remoto debido a las opiniones políticas de su padre. Como un joven marginado político, vivió y trabajó en dos aldeas durante un periodo de 12 años, en los que experimentó devastadoras dificultades económicas (incluida la hambruna) y la brutal opresión política bajo el maoísmo radical. El rencor y la injusticia que padeció en su adolescencia no lo exime de parcialidad al explicar las cifras que expuse en mi texto original, sobre las madres solteras y los divorcios en tres países. Pero el contenido, es de lo mejor que se haya disponible en la red. Gracias, RGMB, tu gesto generoso me conduce hoy a escribir sobre mi punto de vista de lo que es, en términos generales, el prejuicio. Porque nadamos en él toda la vida, principalmente en aguas amistosas y rara vez en las hostiles.

El prejuicio no es una opinión equivocada: es un hongo. No vive en tu cabeza. Vive entre varias cabezas conectadas. Y como todo hongo pernicioso, no necesita que lo creas, solo necesita humedad. Toma el prejuicio occidental típico sobre China. Empieza en tu cabeza como una espora psicológica útil. Tu cerebro no puede procesar 1,400 millones de personas. Necesita ahorrar energía. Entonces crea una carpeta y la etiqueta como: China. La subtitula como: comunista, dictatorial, sin derechos humanos, con cifras públicas que mienten. No es odio, es compresión. Sin esa carpeta no podrías ver las noticias. La espora sola moriría ahí. Pero cae en suelo húmedo. La humedad es social. Es 2018, es la culpa por la pandemia. Tu grupo también tiene la carpeta. Tu tío la dice en la cena, tu periódico la titula, tu algoritmo te la confirma tres veces en una semana con tres videos distintos: un chino comiendo algo raro, una fábrica contaminando, un político amenazando, estudiantes protestando. Tres fuentes no conectadas dicen lo mismo. Tu cerebro dice: si todos lo ven, debe ser verdad. La espora se vuelve micelio. Una red subterránea de chismes, chistes y likes donde se nutren entre sí. Ya no es tu idea. Es lo que todo el mundo sabe. Y cuando ese micelio lleva veinte años bajo tierra, produce una seta cultural. Ya no es opinión, son expresiones incorporadas al lenguaje cotidiano como: Trabaja como chino. Todo lo de China es chafa. Los chinos no inventan, copian. Son hormigas, no piensan. El gobierno los oprime y abusa de ellos y no se quejan. Hay que apoyar sus protestas, El niño de diez años en San Antonio o en Barcelona, aprende el prejuicio antes de haber hablado con un solo chino en su vida. Ahí el prejuicio se vuelve como el hongo candida auris. Una especie perniciosa difícil de extirpar, que anida en nuestros cuerpos durante años. Resiste todo.

Le enseñas a quien tiene el hongo (y no se dá cuenta), una publicación prestigiosa donde reportan que China tiene más patentes que Estados Unidos desde 2019 y te responde: son patentes falsas. Le enseñas que BYD superó a Tesla y dice es por subsidios. Le enseñas que su PIB per cápita pasó de $194 a $13,000 y te dice son cifras mentidas. No es que no entienda los datos. Es que el hongo ya no vive en los datos. Vive en las paredes de su casa, en la película, en el refrán, en la necesidad de sentir que nosotros somos creativos y ellos solamente nos copian. Y como este tipo de hongo, no mata rápido, degrada al organismo que habita. Nos degrada a nosotros, no a China. Nos hace gastar energía inmunológica odiando en lugar de competir. Un ingeniero en Ohio no aprende de las baterías chinas porque son copias, y pierde el mercado. Un estudiante no aprende mandarín porque es la lengua de la dictadura. El hongo nos hace creer que estamos desinfectando la casa cuando en realidad estamos respirando sus esporas. China, en este caso, es solo el objeto. Podría ser México para un estadounidense, podría ser Estados Unidos para un chino. El mecanismo es idéntico. El hongo no necesita que el objeto sea culpable. Solo necesita que el huésped tenga miedo o sienta un odio terrible, como los denostadores tanto de AMLO, como de LULA, MILEI, PUTIN, o TRUMP.

Existen diferencias y matices entre lo que en ingles se le llama derangement = desquiciamiento y prejudice = prejuicio. El prejuicio es un mapa erróneo, con historia, estructura, y reglas: Los chinos son así y así porque... Es falso muchas veces, pero es estable. Puedes discutirlo. Puedes decir mira este dato y al menos se mueve un poco. Es el hongo. Crece con lógica, aunque sea mala lógica. Ahorra energía: en lugar de conocer a 1,400 millones, metes a todos en una carpeta. Se puede rebatir con patentes. El desquiciamiento es una brújula rota. No tiene estructura, es perder la proporción por odio o por amor ciego, pura exasperación. No dice X persona es así. Dice: como odio a X, todo lo que haga X es malo, y todo lo que sea contra X es bueno, aunque ayer yo pensaba lo contrario. No hay mapa. Hay puro nervio. En la actualidad aquí en Estados Unidos se ha hecho famoso referirse como Trump Derangement Syndrome a la conducta irritada que exhiben los críticos acérrimos de AMLO o de TRUMP. Los que defienden la libertad de expresión, y uno de ellos les cae mal, ahora piden censurarlo. Dicen que no pueden razonar con el desquiciado porque no esgrime razones válidas. Ante un prejuicioso uno puede preguntarle: ¿Qué te haría cambiar de opinión? Y el que solamente tiene prejuicio te puede proponer algo condicionado que tal vez puedas cumplir. Pero el desquiciado no te puede contestar. Lo que le muestres, moverá la portería, porque el tema no es China, AMLO o TRUMP. El tema es él mismo que está fuera de quicio, del marco, de la portería. Desquiciamiento es haber perdido el mapa y gritarle al paisaje. El prejuicio tiene cura. El desquiciamiento no se cura con datos. Se cura con desintoxicación.

¿Cómo se cura un hongo social pernicioso? No con más crema. No con más debate. Como se hace en un hospital: se cierra la sala. Se sacan los colchones. Se deja entrar luz. Al cerrar la sala se quedan en ayunas las tres fuentes que alimentan la seta. Secar es quitar la humedad - la humillación de sentir que pierdes o que no tenías razón. De nada sirve sembrar otro relato simplista: los chinos son buenos. Sino documentarse en fuentes confiables y decir que los chinos son 1,400 millones de personas que intentan, como tú, que su hijo viva mejor que ellos, con un gobierno que tú no elegirías y con un ingenio que tú subestimas. El prejuicio no se refuta. Se deja sin comer. No es una idea. Es un organismo. No vive en la mente, vive entre varias mentes. No es maldad, es flojera cognitiva. Todos lo hacemos. Crece como micelio social. Una espora sola muere. Pero si cae en un grupo húmedo - miedo, crisis económica, guerra - se conecta con otras esporas. Ya no piensas tú, piensa la red. Por eso no puedes debatir con un prejuicioso, porque no estás debatiendo con él, estás debatiendo con su micelio - su familia, su red de contactos, su comunidad. Fructifica como cultura. Cuando lleva 20 años bajo tierra, el niño de 5 años lo respira antes de conocer a un prejuiciado. Ahí se vuelve auris - resistente a datos, a viajes, a lógica. No porque la gente sea tonta, sino porque el hongo ya no vive en la gente. Vive en la pared, perniciosamente. Te hace gastar energía inmunológica odiando en lugar de creando. Te hace perder talento - no contratas al mejor porque es del grupo equivocado. Y lo peor: te hace creer que estás sano mientras colonizas a tus hijos.

No se cura con más información; eso es ponerle más crema superficial. Se cura como el hongo candida auris que se arraiga en nuestras ingles cuando vestimos el traje de baño mojado durante horas. Para combatirlo hay que declararnos 1º en cuarentena: dejar de pensar en el mismo tema durante 30 días. 2º Secarnos: dejar de abordar el tema con nuestra red de contactos. El hongo no se desarrolla en un grupo amurallado. 3º Iluminarnos con mejor luz, buscar fuentes de información imparciales, reemplazar con una historia nueva y contrastante que reemplace la previa. No basta quitar el prejuicio, hay que sembrar otro relato más útil. Hay que escuchar a la disidencia cuando es objetiva y esgrime datos contundentes o comúnmente aceptados por los especialistas. El hongo del prejuicio no es una falla de nuestro sistema. Es el sistema inmunológico de una identidad frágil que no piensa por sí misma sino que le convencen siempre sus fuentes de información.

Me recuerda al canadiense Marshall McLuhan que leíamos a fines de los 1960s y principios de los 1970s. Fue un profesor de literatura inglesa, crítica literaria y teoría de la comunicación, reconocido como uno de los fundadores de los estudios sobre los medios. Ha pasado a la posteridad como uno de los grandes visionarios de la presente y futura sociedad de la información. Acuñó el término aldea global para describir la interconexión humana a escala global generada por los medios electrónicos de comunicación. Lo que ahora llamamos internet. Es famosa su frase el medio es el mensaje.


← Volver a las entregas