336 — Cuando Mi Viuda Lo Sea - 1ª Parte.

Sal Nuñez

Hoy introduje todos los datos que me pide: http://www.livingto100.com Un sitio en el internet que ofrece una herramienta diseñada para estimar mi esperanza de vida en función de diversos factores de salud y estilo de vida. Respondí decenas de preguntas sobre mi salud, alimentación, sociabilidad, parentesco con enfermos crónicos de algo, número de nonagenarios en la familia, estilo de vida, grupo étnico al que pertenezco, y código postal del lugar donde resido. Recibí comentarios personalizados que sugieren que tengo un 50% de posibilidades de llegar a los 90 y un 25% de llegar a los 95. La herramienta me ayudó a entender mi edad biológica en comparación con la cronológica, y me proporcionó información estadística sobre el estado de salud de personas incluidas en la clasificación que me incluye. Conclusión: es muy probable que llegue a los 95, cuando Geo tenga 83. Y no es descabellado imaginar que seré un centenario cuando ambos festejemos la graduación universitaria de Luna, nuestra nieta. También es posible que Geo enviude antes de que yo sea un centenario.

Un tema esporádico, infrecuente en mi caso, pero si recurrente; es el que Geo me pregunte: que me gustaría que aconteciese cuando yo muera. Me lo dice con franqueza porque quiere cumplir mi voluntad. También me lo dice con aprehensión porque se me ocurren cosas (según ella y otros cuantos) que no se les ocurren a otras personas; y odia estresarse por lo que pudiera ser y no estar preparada para ello. Aunque el amor es su combustible inagotable, no puede desprenderse del pragmatismo y de la prevención que siempre le he admirado. Me lo ha solicitado sin insistencia y en estos días de permanente e inagotable superávit de tiempo (ambos estamos jubilados), me dispongo a analizar la respuesta que habré de darle este año. Hoy en día no sé ni quiero reflexionar sobre mi propia muerte; sobre todo si la calculadora aludida casi infiere que habré de ser de los más longevos en mi familia. No aspiro a superar a mi tía Aleja Lopez, que vivió 103. Tampoco quiero restarle seriedad a un asunto que trajo a discusión Geo. Siempre he estado seguro de no desear algo especial, extraordinario, y mucho menos interrumpir el flujo de la vida ni de mi familia inmediata ni de aquellos que así me han tratado. Por eso inauguro en mi mente un compartimento conspicuo para ir desarrollando el tema que ahora comparto. Pero, en fin: solo se muere una vez. La petición de Geo es seria. Estos días que restan del 2026 me bastan para definírselo. Me propongo investigar acerca del tema y a compartir mis hallazgos; a riesgo de desligar mi caso de las costumbres que esperan otros miembros de la familia o de esta localidad texana donde confiamos en vivir nuestros últimos días. Inicio.

No imagino a Geo como viuda, pero habrá de serlo. Es consabido que la viudez de las mujeres es más frecuente que la de los hombres. En términos comparativos, las circunstancias más dramáticas se dan entre los 1477+ millones de hindúes y los 1412+ millones de chinos. En India hay más de 40 millones de viudas en todo el país. En la realidad rural, se les considera de mal agüero - se les rapa la cabeza, se les viste de blanco, se les prohíbe usar joyas y comer ciertos alimentos. La familia política busca quedarse con la tierra y las expulsa. 33 millones son del colectivo más marginado. En muchas regiones se les confina a un ashram o especie de asilo, sin importar la edad que tengan. Cantan por comida o piden limosna por las calles. La familia nuclear migrante a la ciudad está dejando más viudas solas que nunca, sin hijo que las sostenga. Esto lo muestra la película Agua, dirigida por Deepa Mehta y disponible en Netflix desde 2006, que empieza cuando una niña de 8 años, que apenas recuerda su boda y tiene poca comprensión de su matrimonio, acaba de quedar viuda. Obligada por la costumbre, es llevada a una casa de viudas donde, según la costumbre, le rapan el pelo, le cambian su ropa por túnicas blancas. Y el resto de su vida, hasta su muerte, se dedicará a vivir apartada de la sociedad. Es una paria sagrada, pobre, expulsada, a un refugio forzado.

En la China imperial la viuda casta que no se volvía a casar era honrada con arcos conmemorativos. Volverse a casar era perder virtud. Hoy 2026: Legal y socialmente, la viuda puede volver a casarse, pero no lo hace. Esto sucede mas en las ciudades que en el medio rural. Un hombre viudo tiene 48% más probabilidad de volver a casarse que una mujer viuda. El problema ahora no es quedarse viuda, es volver a casarse siendo mayor. Mujeres de 60+ que se vuelven a casar reportan exclusión social, críticas de hijos porque ensucian la memoria de papá. En China la cultura colectiva y la presión de los hijos la mantiene sola por vergüenza, no por norma religiosa. Si intentan rehacer su vida los demás le quitan respetabilidad.

Las primeras viudas que recuerdo eran mis tías de la sierra de Durango cuyos maridos habían fallecido en reyertas violentas. A partir de entonces vestían de negro, pero rehacían su vida de pareja por sus habilidades domésticas dentro y fuera de la casa: sabían atender partos, curar heridos, partir leña, producir queso y mantequilla de leche bronca, hornear pan en hornos de adobe comunitarios, montaban mulas, criaban cerdos y gallinas, cosían ropa interior con las telas de los costales de harina y eran un gran recurso complementario en cualquier rancho. Las cuatro tías viudas que recuerdo eran matriarcales y de carácter fuerte —a menos que hubiera un hombre de visita. Las viudas urbanas que conocí en Guanajuato trabajaban en el servicio doméstico y criaban a los hijos como proveedores complementarios, antes de obligarlos a ir a la escuela. Pero el impacto internacional de la viudez, en mi mente, lo inauguró Jacqueline viuda de Kennedy. Ella me rompió el prejuicio de la viuda abnegada vestida de negro que no se vuelve a casar. Educada, bilingüe, atractiva, repitió viudez con su segundo marido y su pareja sentimental se fue a vivir con ella, porque la esposa le negó el divorcio.

Al año después del asesinato de Kennedy, se me grabó el personaje anónimo de una joven viuda cretense que, según la costumbre de la isla, debía elegir un 2º marido entre los solteros del pueblo. Pero elije meterse en la cama con un extranjero desconocido y los hombres del pueblo la apedrean públicamente y el padre del joven despechado, la degüella. La belleza de Irene Papas se tatuó en mi memoria y casualmente, en un viaje a Nueva York, cuando ella tenía casi 50 años y yo 34, me tocó estar sentado frente a su mesa durante la cena en un restaurante griego. Imposible recordar con quien cenaba yo, ni lo que cené, posiblemente se me escurrió la baba sobre los platillos toda la noche. No era la admirable y famosa actriz lo que admiraba, era la viuda apedreada injustamente. Seguí las noticias al respecto de ella por décadas, hasta que me entristeció enterarme que vivió hasta los 93 años, los últimos ocho con severo Alzheimer.

En estos devaneos unilaterales, también me infatué del personaje Anne Gauthier, que interpreta Anouk Aimee en la película Un Hombre Y Una Mujer: una traspunte de cine cuya hija está internada en Deauville en la misma escuela donde el piloto Jean-Louis Duroc tiene a su hijo. A ella le atormenta el recuerdo romántico de su difunto esposo y poco a poco tiene que forjarse una identidad propia para poderse relacionar con Duroc sin sentir que traiciona a Duroc. La película muestra gráficamente el final del duelo que la libera de ser una viuda a ser una mujer. Luego han pasado por mi mente, sin residir en ella, las infortunadas viudas argentinas Isabel Perón, y Cristina Kirchner. No hay algo sustancioso en sus biografías que impacte el tema sobre Geo. Por lo que regreso al tema del texto. Disculpas por la digresión placentera y voluntaria.

Estudios del New England Centenarian Study: personas con padres de 90+ y sin tabaquismo, sin diabetes, sin obesidad, con actividad física moderada, tienen una mediana de vida arriba de 90 años. El riesgo principal ya no es corazón o diabetes precoz, sino lo que mata a longevos: fragilidad, caídas, neumonía. Por eso en mi contexto es importante vacunarme contra influenza y neumococo, mantener la masa muscular; y ejercitarme con regularidad. Afortunadamente, en Netflix ya hay muchas películas donde los protagonistas son octogenarios y nonagenarios. Voy a mirar una para ver los procesos de duelo y los funerales y discernir mejor lo que le diré a Geo. Luego sigo.


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