341 — El Viejo Sordo Ni Oye Ni Compone

Sal Nuñez

La pérdida auditiva está relacionada con una amplia variedad de enfermedades médicas, sociales y cognitivas, incluida la demencia. Un estudio de Johns Hopkins reporta a la pérdida auditiva como un factor de riesgo para el manejo de vehículos y otro gran problema de salud pública: las caídas. Encontraron que las personas con pérdida auditiva de 25 decibelios, clasificada como leve, tenían tres veces más probabilidades de caerse. Cada 10 decibelios adicionales de pérdida auditiva aumenta las probabilidades de caída en 1.4 veces. Es que las personas que no oyen bien no tienen una buena conciencia de su entorno general, lo que hace más probable tropezar y caer. Otra razón por la que la pérdida auditiva aumenta el riesgo de caídas es la carga cognitiva, en la que el cerebro se ve abrumado por las demandas de sus recursos limitados. La marcha y el equilibrio son cosas que la mayoría de la gente da por sentadas, pero en realidad son muy exigentes cognitivamente. Si la pérdida auditiva impone una carga cognitiva, puede que haya menos recursos cognitivos para ayudar a mantener el equilibrio y la marcha. En mi caso, mi deficiencia auditiva se ha vuelto un riesgo adicional por mi edad. Si persisto en manejar el auto, es posible que aunque sea leve el accidente o la infracción causada por que no escucho bien, nos aumente el costo del seguro, el monto de la infracción, y me retiren la licencia de manejo al ver que por mi deficiente escucha también tengo problemas de equilibrio.

Nuestro sistema corporal para equilibrarnos reside en nuestros oídos, donde tenemos instalado un giroscopio en cada uno y consiste en cócleas para oír; y un vestíbulo con 3 canales semicirculares + 2 otolitos (utrículo y sáculo): para equilibrarnos, pues detectan giros y aceleración lineal. Cuando envejecemos no solo se mueren células ciliadas de la cóclea, también se degeneran las del vestíbulo. Por eso a mis 80 coinciden sordera + inestabilidad corporal. Y el reglamento de tránsito aquí en San Antonio especifica que: No deben existir alteraciones del equilibrio (vértigos, inestabilidad, mareo) permanentes, evolutivos o intensos, ya sean de origen otológico o de otro tipo. No se debe conducir hasta que desaparezca la sintomatología vertiginosa. Y yo ya tengo incidentes leves de mal equilibrio cuando dependo de mis oídos para desplazarme a oscuras. También lo noto al girar sobre la cama porque a los viejos nos pasa que se sueltan las piedritas del otolito. Esa sensación leve de dar pasos de borracho en la oscuridad es una evidencia de que sin referencia visual, mi deficiente vestíbulo no compensa mi balance. Y además, con la edad avanzada se me tapan los oídos con cerumen. Por lo anterior, a menos que sea urgente, Geo actúa como el Uber designado para ambos.

El cerumen es una secreción normal del oído. Ayuda a atrapar la suciedad, el cabello y los cuerpos extraños que penetran en el oído, protegiéndolo y manteniéndolo limpio. No es necesario eliminar el cerumen del oído a menos que esté causando pérdida de audición. Solo debe eliminarlo un profesional de la salud capacitado para ello. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó en 2022 que más de 1000 millones de personas entre los 12 y los 35 años corren el riesgo de perder la audición debido a la exposición prolongada y excesiva a música fuerte, lo que puede acarrear consecuencias devastadoras para su salud física y mental, educación y perspectivas de empleo. Millones de adolescentes y jóvenes corren el riesgo de sufrir pérdida de audición debido al uso inapropiado de dispositivos de audio personales y a la exposición a niveles de sonido nocivos en lugares como clubes nocturnos, bares, conciertos y eventos deportivos. El riesgo se intensifica porque la mayoría de los dispositivos de audio, lugares y eventos de entretenimiento no ofrecen opciones de escucha seguras y contribuyen al riesgo de pérdida de audición que se produce en la tercera edad. La exposición a sonidos fuertes provoca pérdida temporal de la audición o tinnitus. La exposición prolongada o repetida puede dar lugar a daños auditivos permanentes, que desembocan en una pérdida irreversible de la audición. Yo soy víctima tangible de esta situación que ignoraba cuando estaba en mi 4º septenio. Ahora que transito por el 12º me lamento y se la mento a mi ignorancia. A solicitud expresa, puedo compartir los enlaces respectivos que apoyan la veracidad de este texto, para ser consultados por quien tenga interés ulterior en este tema. Creo que deben tomar nota varios melómanos y motociclistas que me favorecen leyendo estos consejos.

En resumen: padezco de presbiacusia. No es oir menos por viejo. Es la pérdida progresiva de la capacidad para oír altas frecuencias —empezando por las del habla que oscilan entre los 500 y los 4000 hertzios—, debido al deterioro producido en el sistema auditivo generado por la edad, principalmente a nivel del oído interno y del nervio auditivo. Es una enfermedad degenerativa del oído interno y del cerebro auditivo, que empieza en el 5º septenio y se nota en el 8º. Nos avanza a medida que envejecemos. Es evidente en un 25% de las personas a partir del 9º septenio y en 70%-80% a partir del 11º. Yo estoy en el 12º. Ayer me llevó Geo a http://www.hearusa.com cubierto por el seguro de gastos médicos. Me preguntó la audióloga sobre los antecedentes de mi audición deficiente. Y le referí el comentario del primer audiólogo que consulté hace más de 25 años:

Usted es de la generación del primer dispositivo portátil con audífonos que vendía Sony en los 1970s. Venían con audífonos de esponja naranja y en el nivel de volumen 6 transmitían 94 decibeles. Al nivel 10 daban 105-115 directo al tímpano, sin fuga. Sin limitador. Sony no les puso limitador a sus aparatos sino hasta 1990. Porque antes de ese año no existía ninguna norma al respecto. Usted es de los primeros humanos en tener música privada 6 horas seguidas a 95 decibeles. Eso les mató células ciliadas. Cuando usted usaba su aparato tenía 30,000 de estas células irrecuperables: 15,000 por oído. Una de sus funciones principales es proporcionar movimiento en diferentes partes del cuerpo. También desempeñan un papel crucial en la audición. En el oído interno, son responsables de detectar vibraciones sonoras y transmitirlas al cerebro, lo que permite la percepción de los sonidos. Una exposición de 100 decibeles durante una hora al día durante 1 año, por la costumbre de escuchar música estridente con audífonos, mata entre 15% y 30% de las externas, justo las que captan las frecuencias de 4000 a 8000 hertzios. Esta costumbre no dejó sordo a ningún adolescente. Pero sí les redujo el nivel de células en un 33%: de 30,000 totales a 20,000. Se ha descubierto que personas que nunca estuvieron expuestas a ruidos fuertes en una fábrica o en una construcción, ahora tienen una pérdida auditiva similar a la de esos obreros porque usaron el Walkman 5 años. Las prótesis a su edad compensan los daños causados por el Walkman; aunque usted solamente tenga 55 años. El tratamiento utilizado habitualmente es prescribirle audífonos configurados y calibrados según su perfil audio métrico. Porque su oído le entrega menos llaves al cerebro. Y el cerebro, sin llaves, cierra puertas.

La audióloga procedió a revisarme con su lente especial pero no pudo observar ninguno de los dos tímpanos porque ambos estaban obstruidos por cera. Giró entonces instrucciones para que en otro laboratorio me extraigan el cerumen seco de cada oído, lo que haremos en una semana. No me lo esperaba, porque al levantarme me irrigué ambos oídos con agua a 60ºC. La OMS se pronuncia fuertemente en contra tanto de esta práctica, como del popular y nocivo uso de hisopos. Ignoraba yo también esto. Adjunto al calce el enlace relativo a la correcta asepsia en los oídos. Geo ya hizo cita para que me remuevan la cera y según la OMS a mi edad tengo que repetir este procedimiento por lo menos una vez cada año. Porque produzco más y elimino menos cerumen de lo normal a mi edad. Existe un componente genético que se transmite solamente de madre a hijos, con el 50% de probabilidad de ser heredada. Mi madre tuvo esta condición. En una ocasión que la lleve con el otorrinolaringólogo en Monterrey me dijo. Los problemas de equilibrio y mareo de tu madre son porque no usa aparato auditivo, me la tienes que traer cada año a que le quite el cerumen acumulado en sus oídos. Y me mostró un churro negro de las dimensiones del dedo meñique de un recién nacido. Le sugirió a mi madre masticar chicle sin azúcar durante una hora diaria. La cera es blanda, filante, y se autolimpia con el movimiento de mandíbula, es semisólida y migra sola hacia afuera. Yo estaba en mi septenio 8º y no me recomendó nada. Pagué agradecido su intervención pagando un monto generoso que trato de evitar aquí en Texas y así se lo dije a Geo: Si solamente estamos tú y yo, nadie fuera de la familia de X nos visita. A) No le veo caso de comprarme un costoso par de dispositivos si B) tú siempre me hablas de cerca, mirándome a los ojos; y C) de noche me hablas cachondo al oído. Solamente estuvo de acuerdo en A y B. Presentía la respuesta pero me atreví a intentarlo.

Ya en mi septenio 12º la cera es seca, compuesta de un 70% de queratina, 9%-12% de colesterol, 5% de escualeno, los ácidos grasos aumentan, pierde agua, y se vuelve oscura, dura, quebradiza. Para ablandarla necesito tener los oídos a 41ºC-45°C. Pues ya no se ablanda a temperatura corporal, se queda pegada a los pelos del canal. No sale sola. No genero más cera que antes, pero la que produzco ahora es más dura y ácida. Inhibe bacterias igual, pero no se mueve. Recordando al galeno regiomontano, me compraré mis tablillas del chicle que no se adhiera a mis dientes postizos. Mi achaque es una combinación de varios componentes que integran la presbiacusia. No es oír menos por viejo. Es la suma de 4 relojes que van a destiempo: Uno de ellos es genético, otro me lo causó inconscientemente el Walkman al matar células, otro es la avanzada edad, y el cuarto reloj es el que quiere investigar la doctora que me auscultó ayer; pues pueden haber muerto algunas neuronas del ganglio espiral, no las células ciliadas. Ya que en forma natural hay una cantidad de neuronas que tuve al fin del septenio 3º que nueve septenios después se hayan reducido a la mitad. La historia continúa. Cada neurona que muere es una frecuencia que llega distorsionada. Por eso gritar no ayuda: distorsiona más. El asunto no es nada más comprarme e instalarme un diminuto amplificador de sonido. La audióloga debe identificar la frecuencia de los sonidos que no detecto correctamente porque corresponden a ciertas áreas del lenguaje. Porque la membrana basilar donde viven las células se vuelve rígida. Es como una guitarra vieja con cuerdas oxidadas. Pierde elasticidad por depósito de colágeno y calcio. Y ella necesita relacionar oído y corteza cerebral. El lóbulo temporal que decodifica el habla pierde 0.5% de volumen por año después de los 60. Si además dejo de oír, el cerebro deja de ejercitar esa zona y se atrofia más rápido.

El audífono puesto temprano frena demencia. Es la prevención más potente que se tiene hoy contra la demencia. Son 4 mecanismos físicos que la OMS y Lancet ya cuentan como el 8% de todos los casos de demencia del mundo.

1. Sobrecarga cognitiva - el cerebro deja de pensar para solo tratar de oír

Cuando se tiene pérdida de 35-40 decibeles, la corteza auditiva recibe una señal borrosa. El cerebro recluta la corteza prefrontal (la misma que se usa para memoria y razonamiento) para adivinar palabras. A eso se le llama esfuerzo de escucha. Resultado se gastas 30% más de glucosa solamente para. Y queda menos recurso para almacenar memoria. Con audífono, se devuelve la claridad en 4-6 kHz, el cerebro deja de compensar y libera esa corteza para pensar.

Un estudio del Biobanco en Inglaterra con 437,704 personas lo midió: sin audífono hay un 42% más riesgo de demencia. Con audífono, el riesgo bajó a 1.2%, igual que quien oye normal.

2. Aislamiento social = depresión encubierta. Por oído deficiente en un restaurante, se evitan los restaurantes. Se evitan las reuniones. En 2 años se pierdes el 40% de las interacciones complejas en las conversaciones. La soledad eleva cortisol, reduce los factores que protegen las neuronas, y se suscitan los factores que propician la demencia. El dispositivo rompe eso en la primera semana: se vuelve a las conversaciones de grupo. En un estudio de Lancet en 2023; casi 1,000 mayores de 70 en el grupo que ya tenía hipertensión, diabetes, vivía solo, y era de bajo nivel educativo, el audífono redujo el deterioro cognitivo en 48% en solo 3 años.

3. Atrofia cerebral: lo que no se usa se encoge. La resonancia nuclear magnética lo muestra: después de 10 años de hipoacusia no tratada el hipocampo reduce 1.5% su tamaño cada año por deprivación sensorial. Las neuronas auditivas no disparan, pierden sinapsis. El audífono no solo amplifica, estimula de nuevo. En un Meta-análisis de 8 grupos con un total de 126,903 personas en Lancet Public Health, reportaron que quien usa audífono tiene 19% menos deterioro cognitivo y 17% menos demencia que el que no lo corrige. Los autores dicen que no reduce la placa Alzheimer, sino que aumenta la resiliencia cerebral.

4. Menos caídas, más ejercicio y mejor control vascular. Oír mal nos vuelve inseguros al caminar, nos caemos más, caminamos menos, empeoran nuestra hipertensión y diabetes: los otros 2 motores de demencia. Con audífono, la velocidad de marcha mejora. Por eso Lancet 2024 volvió a poner la pérdida auditiva como el factor modificable número 1 en la mediana edad. Para que funcione a los 80 no basta comprarlos hay que usarlos por lo menos 8 horas/día, todos los días. Usarlo 2 horas no protege. Y proceden religiosamente la revisión anual y la limpieza de los aparatos, porque el moho del audífono anula su beneficio. Pero hay que entrenarse las primeras 6 semanas leyendo en voz alta con audífono. No se vale el rechazo porque no me acostumbro, ese es justo el momento donde más protege: los 2 primeros años de uso son cuando más reserva cognitiva se recupera. Compartiré una secuencia a este texto cuando sepa si debo pagar aparatos auditivos caros o adopto alguna solución menos costosa. Ojalá que para entonces mi pareja me hable al oído, ya sin aparato, con sutileza y ternura salpicada de erotismo en nuestra hora romántica nocturna.


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