Sal Nuñez
Me sentí casi obligado a escribir este texto motivado por dos razones: la similitud y coincidencia entre lo que manifestamos el menor de mis hijos y yo; y lo que interpretamos como negligencia o desdén de las candidatas idóneas a mitigar esta necesidad ulterior que sentimos ambos por separado. Va con la mejor de las intenciones que auspicien siempre amor y paz conyugal.
Al rascarle la espalda a una persona, se le activan tres componentes simultáneamente: La fisiología de la piel, el sistema nervioso, y el vínculo social. La misma acción no es igual en la piel joven que en la envejecida. Existen diferencias entre hombres y mujeres, no por género; sino por piel y hormonas. Este acto amoroso, empático, saludable, terapéutico, o en respuesta a lo que seguido se considera como una necedad inocua, innecesaria, injustificada o caprichosa de la que pueden surgir conflictos —que se aprovechan de otro tipo de divergencias— entre quien requiere una rascada en la espalda y quien lo hace o debería hacerlo. Hoy abogo por mi causa porque siento que es la de muchos. Aunque no hayamos formalizado nuestras convicciones en un sindicato o asociación que favorezca a quienes sentimos nuestra espalda negligida con insidiosa frecuencia y no nos resignamos a que así sea por el resto de nuestras vidas. Hasta aquí seguramente hay quien encuentra vacuo el tema y para contrarrestar esa sensación debo hablar del trabajo de dos científicos alemanes y de uno inglés. Paciencia. Aporto argumentos sólidos y científicamente incuestionables para aquellos que sienten que los designados para rascarles la espalda con la frecuencia deseable, están cumpliendo con deficiencia una encomiable responsabilidad que consideran deleznable.
En el cuerpo humano podemos encontrar infinidades de terminaciones y receptores que se encargan de recoger toda la sensibilidad, presión, dolor, tacto y temperatura tanto de la piel como de los órganos internos. Los corpúsculos son algunos de esos elementos sensitivos. Todos cumplen con funciones diferentes.
Los corpúsculos de Merkel reciben los cambios que se producen en la presión sobre la piel y en las texturas de lo que la toca. La unidad de presión es el Newton = la fuerza que se tiene que aplicar a un kilogramo de masa para desplazarlo un segundo.
Los corpúsculos de Meissner son un tipo de terminación nerviosa encapsulada que se localiza en la piel. Se ubica en las porciones superficiales de la dermis. Están rodeados por una vaina de mielina del tipo que hablamos en el texto sobre la velocidad de transmisión de las neuronas. Se encuentran más densamente concentrados en las porciones de la piel que son sensibles al tacto ligero, especialmente en la piel de las palmas, dedos de las manos y labios. Son los responsables de transmitir las sensaciones de tacto fino o discriminativo y las vibraciones de baja frecuencia que van desde la periferia del cuerpo hacia el cerebro. Debido a su función principal como receptores sensitivos, pertenecen al tipo de receptores sensoriales conocido como mecanorreceptores táctiles de la piel.
Cuando alguien nos rasca con sus uñas en la epidermis de la espalda, en forma leve, ejerce una presión que normalmente va de 0.3 a 0.8 Newtons. Y eso activa en el cuerpo del recipiente a los receptores de Meissner y de Merkel que envían señales eléctricas al cerebro para que las traduzca en: me están tocando. Si quien rasca aprieta un poco más, sin causar dolor, activa los nociceptores que responden a estímulos potencialmente nocivos; que no lo son en este caso. El proceso neuronal de señalización de daño tisular o irritación química que se percibe como dolor o picazón se conoce como nocicepción. Los nociceptores inician el proceso respondiendo a estímulos mecánicos, térmicos o químicos. Envían impulsos a través de neuronas aferentes hacia la médula espinal, y de ahí, al cerebro, lo que lleva a la percepción del dolor. Pero en este caso no es agresivo, es una placentera comezón que ha sido satisfecha: un picor que deja de serlo por acción de la presión de más Newtons que aplican las uñas. Y el cerebro nos dice: duele rico. Porque el rascado alivia el picor al saturar la vía de transmisión de las señales con mayor presión y un cambio de textura que incide más con las uñas que con las yemas de los dedos.
A partir de nuestro 10º septenio, tenemos menos colágeno y nuestra epidermis es un 20% más delgada. Menos glándulas sebáceas = piel más seca = más picor de base. Se marca más rápido, quienes nos rascan se pueden romper sus uñas si las traen demasiado largas. Nuestro umbral de picor es más bajo, necesitamos menos presión. Prevalece una diferencia promedio. Hombre: piel 15-20% más gruesa, más colágeno, más sebo residual por testosterona. Tolera presión un poco mayor, tarda más en enrojecerse. Mujer: piel más fina, más terminaciones táctiles por cm2. Percibe el rascado como más intenso con menos fuerza. Después de la menopausia, con menos estrógeno, su piel se seca más y sus receptores de picor están más sensibles.
Si el rascado es lento: 1 a 10 cm/seg, llega a la velocidad natural de una caricia y se activan los aferentes táctiles C = receptores nerviosos en la piel de mamíferos que generalmente responden a estimulaciones no dolorosas, como el tacto ligero. Se clasifican como mecanorreceptores de bajo umbral. No están mielinizadas y tienen velocidades de conducción lentas. Están principalmente asociadas a la sensación de contacto agradable. Se encuentran en la piel peluda de los humanos. El cerebro le dice al rascado: esto es afectivo. Esto baja la sensación de amenaza y en 5 minutos al rascado le sube la oxitocina un 10-20. También le baja la sustancia generadora de estrés: el cortisol porque el contacto es percibido como seguro. Por eso los adultos mayores no nada más nos relajamos, además bajamos nuestra frecuencia cardiaca 5-8 latidos.
Si nos rascan rápido y fuerte a más de 10 cm/seg o con las uñas muy clavadas, nos sube la adrenalina, y nos tensamos. Pasa mucho cuando alguien rasca con prisa. Diferencia hombre / mujer en esto no es biológica, es de aprendizaje social: mujeres mayores en estudios reportan más placer con rascado suave y prolongado, hombres mayores reportan más alivio con rascado un poco más firme y localizado - espalda alta entre escápulas donde hay más tensión. Pero es promedio, no regla. El rascado moderado aumenta flujo sanguíneo local, produce histamina. Si es por un tiempo muy prolongado, eso provoca más picor y caer en un ciclo picor-> rascado-> picor. En la piel de los mayores no es prudente un rascado excesivo porque puede romper la barrera cutánea y abrirle la puerta a bacterias. En geriatría se recomienda uñas cortas, limpias, o cepillo suave. Hecho así, el rascado bloquea interneuronas de picor en médula; y la sensación placentera dura por lo menos 20 minutos.
No se debe rascar sobre lunares, manchas rojas, piel muy fina con venas visibles, o si se toma anticoagulantes, como la aspirina o el ginseng. La mejor dirección para hacerlo es de la columna hacia afuera, siguiendo costillas, no a lo largo de columna. El mecanismo nervioso es igual en ambos, pero la piel de la mujer mayor suele sentirlo antes y con menos fuerza; la del hombre mayor tolera un poco más de presión. En ambos, si es lento, rítmico y seguro, baja estrés. Si es fuerte y con uña larga, es irritación. Si es para cuidado de familiar mayor con picor crónico, lo ideal es revisar causa del picor con médico - piel seca, medicamento, hígado, riñón - porque rascado solo tapa síntoma 20 minutos.
Fervientemente deseo que los argumentos esgrimidos en los párrafos anteriores sirvan para eliminar de tajo las discrepancias que puedan surgir entre quienes leen este texto, y las personas responsables por darles estos grumos de felicidad que carecen de costo y son más terapéuticos para los viejos que lo que pudieran suponer quienes se consideran exentos de la cobertura de este tema.