357 — El Pez Trae Paz Y Vínculo Emocional

Sal Nuñez

Cuando se acaba el trabajo, los hijos hacen su vida y el día tiene 14 horas de luz por llenar. Se nos acorta la expectativa de vida. Pero se nos alarga la duración de cada día. El problema no es el aburrimiento —es la falta de ser necesario o por lo menos de tener actividades rutinarias y pendientes que contribuyan a mejorar la vida de un ser querido. Este ser no necesariamente tiene que ser humano. Un perro me necesitaría mucho, pero yo ya cumplí mi cuota de vincularme con perros. Me entristecen los pájaros de cautiverio. Nunca he socializado con gatos ni me motiva hacerlo. Las plantas necesitan de Geo. Son su coto. Un acuario está justo en el medio. Me necesita lo suficiente para levantarme con un motivo adicional al de preparar el desayuno. Ambas actividades ni me atan ni me cansan: las disfruto porque me apartan de las pantallas e involucran propósitos nobles. Me aportan enfoques de vida que no abundan a mi edad. A partir de esta semana voy a montar un acuario con cinco guppies machos. Ya estoy familiarizado con su zoología. Cuando mi hijo DMR tenía la edad de mi nieta Luna, le fascinaba ver mi acuario. Cuando mi hijo X tuvo que ser reubicado contra su voluntad de CDMX a Monterrey, la pecera donde criaba guppies le trocó con nuevas y positivas emociones las negativas que le acarreó la mudanza involuntaria. El propósito ahora es doble: egoísmo de mi parte para adoptar esta afición relegada y escenario didáctico como manantial de temas para Luna, mi nieta. Un guppy macho, cuando ya te conoce, nada hacía ti cuando te acercas a la pecera. No es imaginación: asocian tu sombra con comida. En una casa silenciosa, que algo vivo (aparte de Geo), se alegre de verme cada mañana, eso no es terapéutico: es compañía familiar. No es un remanso pasivo, donde solo me siento a mirar. Es un remanso activo donde los peces disfrutan su hábitat y yo trato de hominizárcelos para redescubrir mi creatividad, como me ha pasado con los insectos texanos.

Para el que soy ahora, a mitad de mi septenio 12º, esta es una de las mejores y nuevas inversiones emocionales a mi alcance. Contribuye a tener activa mi mente, sin estrés; a observar, a recordar mis lecciones de química inorgánica, a tener pendientes y rutina diaria. Es un ejercicio cognitivo ligero diario: ¿comieron? ¿temperatura? ¿pH? ¿cloro, amoniaco, nitritos? ¿cambio de agua? Me mantiene en modo curioso, que es lo que más protege la memoria. Pero sin la presión de un perro que hay que sacar aunque llueva, y traer de regreso los sólidos que desaloje su cuerpo en el zacate de los vecinos. Es tener una rutina que le da sentido a mis horas en una edad en que los días son largos y parecidos, como postes urbanos. El acuario me crea rituales diarios e ideas constantes en tiempo presente: sin recuerdos ni futuro. Darles de comer, mirarlos cómo nadan, notar si han movido las conchas de escargot que les coloqué en el fondo para que dentro de ellos disfruten de privacidad cachonda cuando se les antoje. Es una responsabilidad pequeña, pero mía. Y los peces lo notan. Eso cuenta mucho. Ver peces nadar lento le baja el ritmo cardiaco y la ansiedad a las personas. Está medido. Hay hospitales que ponen acuarios en salas de espera por eso. En la parte menos soleada de la sala, que elegí, es ahora mi rincón de meditación sin tener que meditar. Cuidar de un acuario no requiere de fuerza. Hacerlo implica solamente movimientos suaves: lavar grava, sifonear 20% de agua, modificar la decoración, acomodar conchas: son actividades físicas ligeras de brazos, espalda y manos. Sin agachadas bruscas. Me ayudan a mantenerme ágil y con intenciones de moverme. Un acuario es también un imán social. Nietos, vecinos, visitantes, todos preguntan o lo comentan. Me dan tema, e historias nuevas que contar. Con 5 guppies machos —para empezar,— no hay crías que se comen, no hay superpoblación. Solo color que se mueve. Si un día yo no me sientes bien, ellos aguantan 24h sin comer sin problema. Nadie me culpa nadie. Para mi nieta habrá de ser un aprendizaje continuo que junta biología, geografía, historia, y cocina (como tus conchas). Nunca se acaba. No es una pecera, es un pequeño museo vivo del que me he autonombrado Salvador el curador. Y lo mejor: a los 80+ no necesito apurarme; tengo la paciencia que un joven no tiene, y en acuarios la paciencia es lo que hace que todo viva y luzca más.

No es para comentarlo a jóvenes de los primeros dos septenios, como mis tres nietos pequeños, porque están tiernos para entender lo que yo no les explicaría. Pero lo comparto con los adultos que me favorecen leyendo esto. No incluyo en este inicio a ninguna hembra porque las guppies se embarazan tan frecuentemente como nadan. Tienen una espermateca: un almacén de esperma. Lo guardan en pliegues especiales del oviducto donde mantienen vivas las células que les deposita el macho. Ahí mismo las nutre dosificadamente. Una sola cópula le alcanza para hasta 6-8 partos seguidos, sin volver a ver al macho. Además, tienen superfetación: puede tener 2 camadas en el vientre a la vez, en distinta fase de desarrollo. Está pariendo la camada de hoy y ya fecundando la del mes que viene con el esperma guardado. Es vivípara, en el parto 1º expulsa de 5 a 15 alevines. Del 2º en adelante suelta de 20 a 40 alevines cada 28-30 días, si la temperatura está a 25-26°C, y el pH es ligeramente alcalino. (Por eso le coloco las conchas de escargot que elevan el pH normal del agua de 7.0 La gestación dentro de la hembra es visible: el punto negro que se les nota se llama el punto grávido y se pone muy negro 2 días antes del parto. Pare de noche. Los guppies carecen de instinto maternal. Se comen a sus crías por estrategia. Las crías nadan por su vida y se esconden en las plantas o en las conchas. Son proteína fácil. Un alevín es 40% proteína. Para las hembras paridoras esta ingesta de proteína filial les recupera energía post partum. Si el acuario carece de escondites y el cuidador no les pone comida, las madres se comen al 90% de sus recién nacidas crías. Con plantas sobrevive el 50%. De ahí mi plan de condicionar el agua biológicamente con puros machos hasta que el filtro esté maduro y la limpieza del acuario sea semiautomática: yo aporto la mano de obra, la biología y la química se encargan del resto. Entonces pienso reponer al macho guppy que se muera con otra variedad amigable que no les muerda la cola a los diminutos narcisistas. Al no introducir hembras evito una masacre al estilo de Herodes.

Para la 1ª opción de diversificación voy a introducir dos coridoras pigmeas si se muere un guppy macho; cuatro adicionales si se mueren dos. Esta variedad limpia el fondo, no es territorial, es pacífica, van en cardumen, son de escuela. La 2ª opción es alguna de las variedades tetra (neón o ember). La 3ª opción es introducir camaroncitos de colores; lo haré a fines de este año porque hay variedades de estos crustáceos con colores navideños. Todas estas variedades son baratas. Lo costoso de la afición ya pasó. Y mi tiempo es gratuito. Ya no cobro por hora como hice los 30 años en que fui consultor. Mi nieta irá estableciéndome la pauta que posiblemente en los próximos tres años esté más enfocada en los adornos que en el tipo de peces. Pensar en la muerte de un pez no es fatalismo. Uno nunca sabe las mutaciones genéticas que ha tenido el espécimen que uno compra. La principal causa de la mortandad es por los cruces que hacen los comerciantes para avivarles los colores y el resultado de aparear primos por 50 generaciones les causa problemas como a Los Habsburgo de perfil prognata que se extinguieron para ser sustituidos por la dinastía de los Borbones que no se casan entre parientes. Los guppies pueden vivir 4 meses y morir de infarto, aunque el agua sea perfecta; porque ya venían con fecha de caducidad corta. Por eso planeo diversificar con especies cada vez más supervivientes.

Otra causa no genética que los mata es el estrés crónico. Aunque machos sin hembras es en teoría un ambiente tranquilo, siempre hay un jefe que persigue al más débil. El perseguido deja de comer, se esconde, y muere de estrés, no de enfermedad. Estresados, se les apaga el sistema inmune. También los estresa la ausencia de privacidad cuando están expuestos a todas horas a la vista de las personas; por eso hoy les instalo refugios y plantas y oquedades donde esconderse, viven expuestos todo el día. Tampoco les es conveniente los sustos repetidos: Golpear el vidrio, la TV contigua al acuario y a todo volumen. Cada susto les sube cortisol. 3 sustos al día por meses = muerte súbita. La vejez también es una causa de la muerte imprevista. Cuando uno compra un guppy macho ya tiene 4-6 meses. En la tienda no lo dicen. Su esperanza de vida total es de 18-24 meses. Si uno me dura solo 12 meses, lo más probable es que se murió de viejo, no enfermo. Se les nota: pierden color, nadan más lento, se les reduce el tamaño de la cola más corta. También les acorta la existencia dejarles la luz prendida 24h. Necesitan 8h oscuridad total para dormir. Sin sueño, en 2-3 semanas dejan de comer y mueren. Peor que para nosotros los veteranos. Y la soledad o cambio de dueño también puede matarlos. El Guppy es un pez de grupo. Uno solo en 10 galones se deprime y muere en semanas, aunque todo esté perfecto. Un cambio brusco de rutina —una prolongada ausencia mía, o un cambio en la persona que los alimenta— puede provocarles dejar de comer. Finalmente: pueden morir de amor si los atiendo demasiado; como darles de comer 4 veces al dia porque me lo piden… O estar tocando el agua a cada rato; mover la decoración cada semana. Invadir seguido su territorio con mi mano o con utensilios. Es toda una nueva simbiosis la que inicio en cuanto lleguen mis nuevos y diminutos compadritos. Espero que nuestro compadrazgo nos cause mutuamente una mejor paz y una mayor longevidad.


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