Sal Nuñez
El lector GPCO hoy le dijo a su tía Geo que el mes próximo se pasará varios días conviviendo nuevamente con nosotros. Viene solo. Hace casi dos años estuvo aquí con su esposa SLB. Escribo de él porque dentro de nuestra familia, tiene una historia excepcional como lo sabrán quienes sigan leyendo.
En mi opinión GPCO tiene un nivel de inteligencia sobresaliente e indetectable en exámenes breves: hay que tomar una muestra de varios años para descifrar que su tipo de inteligencia es superior al promedio. Tal vez su modestia cubre su conciencia a este respecto. Yo, un indultado toro viejo, lo he sabido. Tardé en reconocerlo cuando en 2010 se mudó a vivir con nosotros en Monterrey porque en la adolescencia los muchachos apuntan a una dirección distinta cada semana y a veces uno los toma en definitiva; como si lo que hacen y dicen fueran señales evidentes del rumbo que quieren emprender para convertirse en adultos felices y autónomos. Académicamente no era un buen estudiante y batalló en la escuela preparatoria donde había estudiado su hermana antes que él. Excepto en matemáticas. No era desobediente. Tiene un talento fuera de lo común, indetectable. Su inteligencia interpersonal es rápida: capta en 10 segundos una situación de quién manda, quién compra, quién paga, quién se asusta. Eso no se aprende en la universidad. También tiene una baja tolerancia a la ambigüedad y al riesgo; y un descubrimiento rápido sobre cómo funcionan ciertos sistemas en donde todo es en vivo, no hay margen para los errores, y las personas involucradas tienen más ego que dinero. Le aplicaron pruebas matemáticas cronometradas como filtro inicial en una entrevista de empleo y constataron que era capaz de resolver operaciones mentales de forma rápida y sin calculadora, y de manejar montos, fichas, porcentajes y pagos. Por lo que, siendo estudiante, consiguió empleo como croupier vespertino en el Casino Royal de Monterrey y empezó a ganar buen dinero; poco de salario y mucho más de las propinas de las señoras que le daban en la mesa que atendía. —Porque además tiene prestancia: es alto y esbelto.— No necesitaba saber la teoría del juego, necesitaba (como lo instruyeron) que la acción de las señoras en la mesa nunca se detuviera.
Le empezó a ir bien. Yo tardé en entenderlo. Porque hay adolescentes que no traen mapa ni brújula —yo, uno de ellos, en mi septenio 3º. No es que estén perdidos. Es que no van por el camino que nosotros conocemos. Y como no nos es familiar, creemos que no tienen camino a seguir. A este tipo de muchacho la escuela no lo detecta. No porque sea menos inteligente, sino porque su inteligencia no se califica con exámenes. Leen a la gente rápido. Hacen cálculos con dinero real enfrente. No necesitan que uno les muestre el camino y la forma de navegarlo. Ellos encuentran ambas cosas. Uno de mis hijos es similar: Pathfinder. Eneatipo #7. Uno debe abstenerse de declararlos fracasados antes de tiempo. Es imprescindible aguantarles el apoyo mientras encuentran su sitio. Porque a partir de entonces no necesitan que los empujemos. Hay que mirarlos cuando trabajan con las manos, cuando enseñan a otro sin palabras, para entender que aprenden muy bien a navegar sin brújula. Así es GPCO. En esas fechas de la segunda mitad de su septenio 3º abandonó su fantasía de ser portero del UNAM para soñar con trabajar de croupier en Las Vegas, si pudiera conseguir una visa de trabajo.
El 25 de agosto de 2011, llegó corriendo lívido a la casa. Me sorprendió que no tuviera enrojecida la piel por un kilómetro de carrera bajo el sol y a toda velocidad; su epidermis era blanca y opaca, como si no tuviera sangre en el cuerpo. Nos contó que más de una docena de hombres armados con AK-47, de entre 15 y 30 años, habían entrado al casino por la puerta principal y mientras unos derramaban gasolina en la entrada y en las alfombras, otros gritaban ¡Ahora si se los va a llevar la verga! Tanto las puertas de acceso como las de emergencia estaban obstruidas. La mayoría de las clientes se refugiaron en los baños. Él tomó un recóndito elevador de servicio que lo bajó al estacionamiento y de ahí se fue a la casa corriendo sin parar. Un comando del Cártel de los Zetas fue encontrado culpable de esta tragedia en la que murieron 52 personas, en su mayoría mujeres, más dos bebés no nacidos. Era el sexenio en el que el gobierno federal le había declarado la guerra frontalmente a los cárteles del crimen organizado. El casino donde tallaba GPCO, quedó convertido en cenizas.
Otras de sus características de su tipo de inteligencia es resolver asuntos con recursos escasos o información incompleta y su velocidad de adaptación: rápidamente encuentra la solución con lo que hay a la mano. Esta cualidad tampoco es medible académicamente. Los menos hábiles necesitan todo explicado y sin ambigüedad. También detecta las jerarquías sociales y modula su comportamiento con franca empatía y sin hacer gestos. A mayor inteligencia, menores gesticulaciones innecesarias. Como en matemáticas: la solución elegante es corta. No intenta demostrar que sabe. Demuestra que aprende más rápido que los otros. Eso es lo que toda cultura respeta, sin traducir. Exhibe una inteligencia práctica que prescinde del lenguaje. Habla poco. No se irrita. Observa primero, actúa después. Su nivel de abstracción es superior a los de su edad. Así es mi nieta Luna. A menos que le interrumpan su proceso mental: entonces le erupta el berrinche. Necesitan movimiento, se arriesgan, quieren resultados inmediatos. La escuela es lo opuesto: el resultado llega años después. Por eso GPCO se salió. No por no poder, sino porque su sistema de recompensa es de 5 minutos, no de 4 años. El casino se lo daba perfecto. Se regresó a vivir a Querétaro, y a continuar con su esquema de estudiar y trabajar de croupier en un casino.
En una ocasión el astro del futbol Ronaldinho jugó en su mesa y le dio una propina de 30,000 pesos. Cuando me lo contó dejé de preocuparme demasiado sobre su futuro: su inteligencia lo destacaba y le pagaban bien. No necesitaba título. Fue detectado por el radar de la hija de un piloto de aviones comerciales, y se fueron a vivir a Barcelona donde ella estudiaba en la Academia de Aviación de Barcelona; y él trabajara en lo que encontrara. Ya en su septenio 4º, tras una serie de discrepancias con su pareja, se fue a Londres y encontró trabajo como cantinero de un pub. Al inicio de su septenio 5º, cambió de empleo para contratarse como instalador de publicidad en las pistas donde compiten los autos de la Fórmula 1. Este tipo de trabajo implica llegar una o dos semanas antes del arribo de las escuderías que compiten en Abu Dabi, Arabia Saudita, Australia, Austria, Azerbaiyán, Bahréin, Bélgica, Brasil, Canadá, China, España, Estados Unidos, Holanda, Hungría, Inglaterra, Italia, Japón, México, Mónaco, Qatar, y Singapur. Otro ejemplar que ratifica mi hipótesis empírica de que cada septenio nos convertimos en otro.
En el aeropuerto de Bruselas, al rentar un auto para desplazarse con los contratistas como fuese necesario, se enteró de una colega inglesa que trabajaba en otra empresa y estaba emproblemada con su logística. Así conoció a la sonriente y pelirroja SLB. Le ofreció llevarla hasta su hotel y luego al circuito de Spa-Francorchamps que está situado cerca de las localidades de Malmedy y Stavelot en la provincia de Lieja. Conversaron sobre el desafío de subir las tres montañas mas altas de Inglaterra. Decidieron hacerlo juntos y acampar en lo mas alto que se pudiera. Conectaron. El año pasado se casaron y nos visitaron aquí en San Antonio. Meses después nació el rollizo y pelirrojo Kimi. Y GPCO obtuvo su ciudadanía británica. Nuevamente, nuestro sobrino encontró un empleo mejor, ahora trabaja para la escudería Williams; donde compiten el piloto español Carlos Sainz y el inglés Alex Albon. SLB y GPCO trabajan para diferentes empresas relacionadas con la F1. Viven en Grove, Oxfordshire; donde reside el cuartel de Williams. Tengo la impresión de que Williams lo va a querer conservar porque conoce muchos aspectos clave de la F1: la pista, los subcontratistas locales, las marcas famosas de los patrocinadores, y los arreglos interiores hospitalarios donde la prensa entrevista a las personalidades preponderantes. Ojalá. Porque su hijo Kimi va a necesitar cada día más de su presencia física y él no debe subordinar los viajes a la presencia predecible que requiere su hijo. Y luchar tenazmente por no dejarse llevar por las tendencias típicas que muestran los eneatipos #7; que son mas mentales que instintivos o sentimentales. Cuyo miedo es sentirse atrapados, aburrirse. Con deseos constantes de libertad y alegría.
En textos subsecuentes contaré la continuación de los interesantes episodios de éste: el viajero consuetudinario más destacado de la familia; que nos ha demostrado que la universidad no es imprescindible para tener una vida interesante, autónoma, y satisfactoria.