366 — Nieta: Continente. Abuelo: También

Sal Nuñez



A qui en EEUU la Incontinencia Urinaria (IU) afecta a millones de personas. El 53 % corresponde a los adultos mayores confinados en su casa y ± de mi edad. Los programas de concienciación ayudan a buscar tratamiento en etapas tempranas. El crecimiento de estas cifras está influenciado por la clasificación de las causas de la IU debidas a estrés, urgencia, rebasamiento, e incapacidades físicas para llegar oportunamente al baño. Los adultos que permanecen sentados ~7 horas al día tienen probabilidades mayores de experimentar síntomas de IU. El crecimiento terapéutico se ve reforzado por el aumento de casos relacionados con obesidad, diabetes y condiciones neurológicas que afectan al control de la vejiga. Los hospitales y clínicas especializadas refuerzan los programas de atención de incontinencia temprana que agilizan la evaluación del paciente. Los urólogos y ginecólogos enfatizan la intervención temprana para reducir complicaciones a largo plazo. A partir de hoy me autocapacito, para no regarla inoportunamente en mis años venideros. El primer dato lo obtuve esta mañana con la primera micción en la que desalojé ~560 ml acumulados en 7 horas. Lo que resulta en que mi sistema produce de orina ~80 ml/hr. El 2º dato es también alentador: ~300 ml acumulados en 3.5 horas. Creo que estoy bien.

A mí nadie me celebra porque me aguante; ni me festejan si aviso mis ganas de hacer pipí. En la escuelita de mi nieta le aplauden su continencia y se la notifican por WhatsApp a sus padres. La recibe su abuela con apapachos y sonrisas. La premian con alguna golosina o algún juguete nuevo. La noticia de que dejó de usar pañales diurnos se esparce por toda la familia que le manda felicitaciones gráficas por el celular de sus padres. Le falta nada más la toga, el birrete, y el certificado de Continente antes de los 3 años de edad. Para mí es el reverso absoluto de la medalla. Nadie se entera si me escurren chorritos de la fuente colgante antes de llegar al baño, a menos que deje evidencias teñidas en la ropa interior. Entonces, Geo —la lavandera designada— me diría una de sus típicas indirectas: Cómprate más calzones en Amazon. Quiero impedir sus comentarios adversos. Lo que nos puede pasar si no me informo y modifico mi conducta para no seguir prematuramente el húmedo rumbo de la mayoría de los veteranos. Yo me rehúso a seguir la huella de quienes padecen de IU. Para compartir lo que he averiguado con mis lectores veteranos, emito este texto en Solidaridad y Apoyo a la Asociación de los Incontinentes de América, misma institución apócrifa que tal vez tenga el honor de presidir a partir de mi próximo septenio.

Con la edad, la vejiga de los viejos se nos encoge y se vuelve más nerviosa. No es todavía mi caso; pero la mayoría que llegamos a los 80 almacenamos la mitad de la capacidad que tuvimos a los 30. El detrusor —la capa de músculo liso de la pared de la vejiga— se contrae solo, sin avisar, y provoca la expulsión de la orina al exterior a través de la uretra. Por eso las ganas llegan de repente. El riñón produce más orina de noche. A los 30 la primera orina del día del hombre promedio es el 20% del total, hoy desalojé 28% (100x560/2000); y en hombres de mi edad el promedio de micción de madrugada es el 40%; y se levantan varias veces. No estoy tan mal pero no debo ufanarme. Continúo.

En los viejos, las señales al cerebro vejiga llena nos tardan más en llegar y las del cerebro al esfínter: cierra la válvula tardan más en obedecer. La brecha entre tengo ganas y se me sale pasa de 10 minutos —cuando era joven— a 1 minuto, ahora de viejo. Por eso actuamos con mayor celeridad. La próstata en los hombres y el suelo pélvico en las mujeres, también se modifican drásticamente con la edad. La próstata nos crece y obstruye, por lo que hay goteo después de orinar. Los músculos del piso pélvico se debilitan en la mujer, y gotea al toser, reír, o pararse. Ambos padecen rebosamientos: la vejiga de los viejos nunca se vacía bien, siempre queda algo; lo que origina goteos constantes. Nos llegan ganas fuertes, repentinas; y nos estresa no alcanzar a llegar al baño. La incontinencia nos avanza normalmente y poca cuenta nos vamos dando. Como cantaba Piero: La edad se nos vino encima. Según los geriatras, después de los 80 vamos al baño cada 1-2 horas. Si pasamos despiertos 16 eso quiere decir que en promedio lo hacemos entre 8 y 16 veces mientras estamos despiertos. Yo todavía no llego ahí. Me propongo hoy ir cada 3 horas. Quiero tardarme lo más posible antes de usar toallitas desechables y evolucionar a pañales.

Para definir con ciencia mi situación en los próximos diez días, hoy empecé a llevar una bitácora de micciones midiéndoles el volumen y anotando la hora. Espero ser disciplinado en ello, para averiguar el número y el promedio de los desalojos entre 4:30 y 22:30 que ojalá resulten en un total de 5-6 veces con descargas promedio de media vejiga (280 ml). Ésta es una hipótesis por comprobar. Lo que implica una disciplina de la que carezco, pues siempre he sido desordenado y guiado por el antojo. Creo que mis patrones urinarios son también de contentillo y mi cerebro dicta mis micciones según mis emociones; nunca de acuerdo con el funcionamiento de mi aparato digestivo. Cuando escribo hago pis más seguido, pero no he medido los volúmenes, hasta hoy empezaré a hacerlo. Pero para que cualquier cambio funcione, primero debo combatir los descubrimientos del fisiólogo ruso Iván Pavlov.

Debo contrarrestar el condicionamiento de mi conducta durante décadas en el que ciertos ruidos domésticos ambientales me provocan deseos de ir a orinar, sin que yo lo advierta, aunque la vejiga solamente esté llena a la mitad. Este efecto no se le borra al cerebro joven, hay que reprogramárselo al viejo con una versión actualizada. Mi cerebro aprendió durante 11 septenios que debo asociar ciertos ruidos con orinar. Para desaprenderme de ello necesito 2-3 semanas de entrenamiento contrario: Apretar el fundillo es el único método permanente que combate la incontinencia. Esto se logra rompiendo la asociación que eslabona la captación en mi cerebro de un ruido doméstico con vaciar mi vejiga. Tengo que romper este enlace utilizando una efectiva técnica de supresión: apretando sistemáticamente el orificio excretor de sólidos corporales = fundillo. Cada vez que suena el aire acondicionado, escucho el chorro del agua, el motor del microondas, o entro a bañarme con la regadera abierta, siento el amago de orinar. Para resistirme deberé apretar rápido y fuertemente los esfínteres del ano 5 veces. Quieto. Sin caminar, porque el cerebro asocia el andar con encaminarnos rumbo al baño. Si caminamos, reforzamos el reflejo de Pavlov. Debo enfocarme en esos 5 apretones rápidos y fuertes del ano, como cortando un gas en los primeros 4; y sosteniendo el último por 5 segundos más. En teoría, eso actualiza al cerebro sobre las nuevas condiciones lo que frena la acción del detrusor. En los ensayos de ayer pareció funcionar esta técnica que ignoraba por falta de necesidad. Mientras hago lo anterior, debo respirar distinto, haciendo ruido, con los labios fruncidos, como apagando una vela, 3 veces. Hacerlo distrae al cerebro (con un sonido corporal interno) del sonido externo que me provoca deseos de orinar. También debo pensar en otra cosa. Por ejemplo: contar en reversa del 100 al 90. Como hacen los buenos tiradores de penaltis en la copa mundial.

Suena tonto, pero desenfoca al cerebro que nos impelía a ir a orinar motivados por un ruido doméstico. Si la necesidad es genuina, debo aguantar 20-30 segundos y caminar despacio al baño, sin prisa. Simulacro que espero me resulte útil para no llamar la atención en los festejos de la boda de mi nieta primogénita. Si hago esto disciplinadamente por diez días, espero que mi cerebro aprenda: ruido = apretar, no orinar. Pero debo entrenarme cuando no urja. No cuando tenga ganas. Hoy prenderé el microondas 30 segundos en vacío, solo por el ruido, y apretaré el fundillo cinco veces mientras suena. Luego escucharé el chorro del agua haciendo lo mismo. Así le voy restando a los sonidos domésticos el poder que tienen de enviarme a orinar, poco y muy seguido. Tengo que tomar el horario de micciones bajo mi control. Si tengo la vejiga siempre medio llena, cualquier ruido la dispara. Me he propuesto ir cada 2.5 horas por reloj, no por ganas. Durante este periodo de entrenamiento trataré de nunca ir por si acaso al oír un ruido; porque eso le enseña a la vejiga a desalojar orinar con ~100 ml en vez de media.

Me ayudará mucho tomar poca agua, beber no más de una taza diaria de café, no tomar diariamente bebidas alcohólicas, ni agua de jamaica muy cargada, abstenerme de los refrescos de cola, y de la comida picante. Evitar el estreñimiento; porque el intestino lleno presiona la vejiga. Esto es posible comiendo una taza diaria de nueces surtidas mezcladas con frutillas secas: ya me abastecí de lo necesario. Sirve estar alerta de que los antigripales, las pastillas para dormir, y los medicamentos diuréticos nos apuran a ir al baño. Yo no tomo nada de eso. Pero es imprescindible vaciar por completo la vejiga. Aunque esto implique orinar sentado y tranquilo. La pantalla del celular nos ayuda a todos a orinar sentados con parsimonia y buen gusto. Sirve, además, limitar el horario de ingesta de líquidos bebiendo el 80% —1.6 litros en mi caso— antes de las 5 pm.

Otras cosas que sirven para eludir la IU: Alumbrar de noche, el camino al baño. Vestir con ropa fácil: no cinturón, no botones, no varias piezas encima. Decirle al geriatra o al urólogo cuando sintamos ardor, fiebre, orina turbia con olor fuerte, sangre en orina. Y contarle el proceso, no el resultado: dónde, cómo, qué hacía, qué hicimos, y por qué. Pero, amigos veteranos, debemos tener el convencimiento de que es evitable llegar a usar pañal. Aunque aguantarse mucho es muy malo: la vejiga se estira de más, queda orina residual, se infecta, y me puede causar retención aguda y terminar en urgencias. Compartiré mis objetivos con Geo para que no se sorprenda verme orinar sentado o menos seguido que antes. Va a estar contenta, porque pasa seguido que mi flácida uretra la riega desde lo alto y salpica por donde se le ocurre. No es falta de puntería ni desdén conyugal. Según los geriatras, después de 2-3 semanas de apretar el fundillo a discreción, la mayoría de los hombres de mi edad pasamos de ir cada hora a cada 2.5 horas, yo aspiro a seguir en 3.0; ojalá y alguien me lo reconozca como hicieron muchos con mi nieta. Por limitaciones de espacio, debo terminar. Los escapes corporales gaseosos que liberamos de su cautiverio los veteranos son otro asunto del que trataré a solicitud expresa de los lectores interesados.


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