368 — Atrición E Inhibición Del Idioma

Sal Nuñez

Al emigrar, cargamos con nuestro idioma. Dentro de él llevamos un vasto vocabulario que articulamos en una velocidad rápida para decir lo que pensamos. Poco a poco, el uso de nuestro lenguaje disminuye, aunque nos encontremos rodeados de paisanos que se comunican igualmente. A esta disminución cuantitativa, los lingüistas le llaman atrición que implica el achicamiento del idioma por menor uso. En los viejos, que socialmente conversamos menos en nuestro idioma y cuando lo hacemos es con los locales cuyo vocabulario es diferente en cantidad y significado, la atrición es menos que en los jóvenes. En los que es muy notoria e implica recableado cerebral. Para poder comunicarse mejor, para estar actualizados, y porque en el trabajo tienen que utilizar el idioma local, los jóvenes inhiben el recurso de su idioma nativo para estar a la par con los locales. La erosión, atrición, desgaste, o deterioro lingüístico, es el proceso de pérdida paulatina de una lengua materna. Este proceso es causado tanto por el aislamiento de los hablantes de la 1ª lengua (1L) como por la adquisición y el uso de una 2ª lengua (2L), lo que interfiere con la correcta producción y comprensión de 1L. Esa interferencia de 2L la experimentamos todos los bilingües. Una actitud positiva hacia el idioma potencialmente erosionado o a su comunidad de hablantes y la motivación para retenerlo son elementos que pueden reducir el deterioro. Yo trato de escribir con pulcritud para frenar este imponderable.

La edad de una persona puede predecir la probabilidad del desgaste. Los niños tienen más probabilidades de perder su 1L que los adultos. Esos factores son similares a los que afectan a la adquisición de 2L. La erosión del lenguaje resulta en una disminución del dominio del idioma. Se manifiesta de manera más notable en el vocabulario de los hablantes (en su acceso léxico y en su léxico mental), pero las representaciones gramaticales y fonológicas son más estables entre los hablantes que emigraron después de la pubertad. Aunque mis 5 hijos son 100% bilingües por decisiones adecuadas, 1, 2, 4, y 5 emigraron a EE.UU. tras haber estudiado la escuela preparatoria en México —el país que mas hispanohablantes tiene en el mundo. Pero cuando se encuentran los 5, en un comienzo 1 y 2 hablan castellano 15%-20% más lento que 4 y 5; pero a los 20-30 minutos de interactuar, los cuatro empatan en fluidez; especialmente si #3 está en el grupo y hay humor de por medio.

La edad al emigrar es más importante que los años viviendo en EE.UU. Infiero que mis tres nietos pequeños hablarán un castellano muy atrito como adultos, a menos que lo practiquen regularmente y estén inmersos en un entorno hispanohablante con mucha frecuencia hasta los 18 años. Porque al crecer e ir a la escuela en EE.UU., su 1L de nacimiento pasará a ser su 2L. Pueden perder hasta 50-75% de vocabulario productivo en el primer año escolar si dejan de usar el idioma nativo. El cerebro reemplaza su 1L por impráctico y usa 2L para funcionar mejor. Lo quieran o no. Si hubieran crecido hasta los 9-12 años en México o en España y a esa edad hubieran emigrado a EE.UU., su atrición sería del 20-40%. A partir de ∼15 años el idioma ya está cristalizado. La pérdida baja a 10-20%, como en el caso de mis 5 hijos. Ya no hay pérdida real de vocabulario almacenado. Hay pérdida de acceso y de crecimiento. Y el castellano que han retenido empieza un proceso normal y medible de fosilización, aunque sea 2L. Yo estoy exento de este proceso porque inmigré muy viejo y socializo con angloparlantes el resultado de multiplicar cualquier número por cero.

Si realizo una prueba cronometrada —para medirnos la atrición del castellano—, con mis cinco hijos, consistente en nombrar cien animales; yo lo haré en menor tiempo que todos ellos; seguido por #3 —que sigue en México. Nos seguirán, #5, y #4 porque tienen menos tiempo radicando en EE.UU. (y están casados con hispanohablantes) que #1, y #2 que llevan décadas aquí y sus esposas e hijos tienen al inglés como 1L. Y cuando convivamos los seis en un grupo, nuestra velocidad al hablar será fijada en un inicio por mí y por #3, e instantes después nos empatarán #4 y #5. Dependiendo del tema y de lo festivo del encuentro, los seis conversaremos y reiremos al mismo ritmo y con gramática perfecta después de los 15 minutos iniciales. Pero advertiremos diferencias que requieran un léxico especifico al que #1 y #2 nunca hayan sido expuestos o pertenezcan a palabras de baja frecuencia difíciles de recuperan en un momento. Habría que describirlas para facilitar el entendimiento. Aun así, la comprensión sigue intacta. Especialmente si utilizamos el vocabulario central de la familia, emociones, comida, trabajo previo, familiares ausentes del grupo. Cuando inhiben el español es primordialmente, porque las palabras en inglés son más cortas y las usan muy seguido: les sale primero en inglés. No es pérdida de vocabulario, es lentitud de acceso. Es dificultad solo en palabras raras o nuevas. No es Alzheimer lingüístico. Es que el cerebro prioriza el idioma que usa 80% del día.

La escolaridad en español antes de emigrar es el segundo predictor más fuerte después de la edad. Más fuerte que los años viviendo aquí. Los inmigrantes que llegan después de la pubertad: con primaria + secundaria en español, tienen errores mínimos de gramática. Porque a mayor nivel educativo en L1, se desacelera o evita la atrición. Sin secundaria terminada, llegado a los 18+: es el grupo más vulnerable entre adultos. Vocabulario se fosiliza pronto. En pruebas de diversidad léxica (cuántas palabras diferentes usa al contar una historia), usan 15-25% menos palabras diferentes que un monolingüe con universidad. Dependen de palabras de alta frecuencia como: cosa, hacer, así. Con preparatoria en español —aunque sea en una escuela bilingüe en un país hispanohablante— se mantiene un 90-95% la diversidad léxica; como en el caso de mis hijos #1, #2, #4, y #5. La atrición se limita a palabras técnicas y de baja frecuencia. Yo no tengo atrición y la combato con estos textos consuetudinarios. Mi lentitud de acceso es con el inglés por falta de práctica.

La escuela protege no por saber más palabras. Es porque la escuela obliga a leer y a escribir en español formal. Esa alfabetización crea una huella muy profunda. Un inmigrante que solo habla español en casa, pero nunca lo ha escrito profusamente, pierde más rápido su pericia lingüística que uno que lo escribió hasta los 18, aunque ambos llegaron a la misma edad. Esta triste situación la noto con el hijo de nuestro jardinero que pasó aquí su infancia temprana. Los que llegan después de los 12 años se comportan como monolingües en español al interactuar con otros hispanohablantes. Los que llegan antes muestran una variabilidad que los intimida: los vuelve socialmente tímidos. La escolaridad de mis hijos los protege. No están en riesgo de perder el castellano. Su riesgo es solo dejar de actualizarlo. Lo que no usen, no lo pierden, aunque no aprenden las palabras nuevas en español. Tengo la impresión de que nuestro jardinero no ha puesto a su hijo, deliberadamente, a leer y a escribir en español a propósito. El español escrito es el que más se erosiona primero.

En el proceso de atrición, el cerebro inhibe el español para que el inglés salga más rápido. Es un mecanismo de control, de eficiencia, de producción espontánea y rápida. La comprensión está intacta al 98%. Y es reversible. Cuando mis hijos vuelven a México, en pocos días recuperan casi todo. El proceso es selectivo: la merma está en las palabras raras, no en las de uso diario. No tiene nada que ver con la demencia o el Alzheimer que es muerte neuronal. No es inhibición, es pérdida del almacén. Falla primero en la comprensión, y luego en la producción en todos los idiomas. El bilingüe con Alzheimer empieza a mezclar palabras sin control, no por comodidad, sino porque pierde la regla de separación. Eso no es reversible ni selectivo porque se pierden primero las palabras de uso diario, los nombres de los familiares. Esta es una señal clave en los bilingües en EE.UU.; en quienes, por atrición, el inglés mejora mientras el español se vuelve más lento. En la demencia, ambos empeoran a la vez. La relación real que sí existe, y es al revés: Ser bilingüe y haber sufrido atrición protege contra la demencia. Ha sido demostrado que los bilingües desarrollan síntomas de Alzheimer 4-5 años más tarde que los monolingües, porque el esfuerzo constante de inhibir un idioma es gimnasia para el lóbulo frontal. Hay un fenómeno muy documentado: cuando un inmigrante anciano con demencia avanzada empieza a perder el inglés (L2), recupera el español de la infancia, aunque llevaba 40 años sin usarlo. Eso prueba que la atrición no borró nada, solo lo tenía inhibido. Pero cuando uno dice algo como: pásame la cosa para el chunche de eso. Eso ya no es atrición. Eso es para consultar al neurólogo.

Según el Instituto Cervantes y The Hispanic Council, para 2060 EE.UU. tendrá 127 millones de hispanohablantes (hispanos + aprendices + competencia limitada). Para esa fecha 27.5% de la población de EE.UU. será de origen hispano. México seguirá siendo el primero, con ∼140-150 millones. Aquí en Texas el 30% es hispanohablante en casa, el estado más alto del país que en esto y en muchas otras cosas rivaliza con California. Donde este mes nos reunimos todos los miembros de mi familia inmediata, con motivo de la boda de mi nieta primogénita con un inmigrante pakistaní neoyorquino.


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