Sal Nuñez
No se estudiaron juntas. Se confundieron juntas. Aristóteles decía que la tristeza es útil, pues nos hace llorar para limpiarnos = catarsis. De acuerdo con Darwin, no es una enfermedad, es una función social: una señal que los mamíferos hacemos con las cejas para que el grupo nos ayude. Es adaptativa. Sin tristeza visible, el bebé muere. Al estudiar cachorros separados de su madre. La tristeza inicial es protesta y luego desesperanza. Si la madre vuelve pronto, se cura sola. Demuestra que la tristeza tiene tiempo y cura por vínculo, no por fármaco. Estudiar la tristeza es estudiar la comunicación. Nunca se busca cura, se busca entender qué avisa. Hipócrates llamaba a la melancolía: la bilis negra. No es tristeza, es exceso de humor. Tratamiento: purga, dieta. La ve como cuerpo, no como idea. La depresión es cíclica, biológica, heredable. Freud: Duelo = tristeza con objeto (perdí a alguien). Melancolía = perdí a alguien, pero me odio. Ahí nace la distinción clínica. El depresivo no está triste, piensa mal: de sí, del mundo, del futuro. Su pensamiento sostiene la depresión, aunque la causa inicial se vaya. Las primeras semanas tras la muerte del cónyuge es tristeza. La depresión es sin causa o desproporcionada y con síntomas físicos. Quien la padece no duerme, no come, no se levanta. Tiene dañado el circuito cerebral de la corteza prefrontal a la amígdala. Un antidepresivo no quita la tristeza por la muerte de una madre. Quita la capacidad de levantarse para enterrarla. Confundir la tristeza y la depresión es como confundir el hambre con la desnutrición. La tristeza tiene objeto y tiempo. Sabes por qué estás triste y sabes que se va a ir. La depresión no tiene objeto y no tiene tiempo. No sabes por qué, y crees que no se va a ir nunca. La tristeza se acompaña. La depresión se trata. La primera necesita un amigo. La segunda necesita amigo + profesional + medicamentos. No hay que pedirle a un amigo que haga el trabajo de un psiquiatra, ni a un psiquiatra que haga el trabajo de un amigo. Paul Ekman en 1972, estudió tribus en Papúa que nunca habían visto televisión. Les mostró caras. Todos reconocían igual estas 7 emociones universales, no culturales; que no se mezclan en su estado puro. Aunque lo que sentimos a diario sea a veces una combinación secuencial de las mismas. La Depresión no es ninguna de éstas. Es la ausencia de todas. Y en condiciones predominantes, necesita ser tratada con las recomendaciones de los terapeutas. Enumerándolas:
1. Alegría: Extiende las comisuras, arruga los ojos. Indica: Sigue haciendo esto, repítelo. Es la única positiva.
2. Ira: Ceño fruncido, mandíbula tensa. Cuando la tenemos el otro entiende: Para, cruzas mi límite. En ocasiones los viejos la confundimos con la tristeza.
3. Miedo: Ojos abiertos, cejas levantadas. Parece decirnos: Peligro, huye o ataca. Es la base de la ansiedad.
4. Asco: Nariz arrugada, labio superior levantado. Para no comer veneno o considerar ideas que nos parecen muy tóxicas. La más moral de todas.
5. Sorpresa: Cejas altas, boca abierta. La más corta: dura menos de un segundo. Su función es reiniciarnos al equilibrio porque pasó algo nuevo. Después de un segundo, vira hacia el miedo o a la alegría.
6. Desprecio, comisura levantada solo de un lado. Es la más destructiva entre las parejas.
7. La Tristeza no aparece de golpe. Se va armando en capas. Los primeros 3 meses de se llora de hambre, frío, de un ruido fuerte. Son protestas corporales porque no existe todavía la noción del yo. Mi nieta Luna ya tiene la noción del yo. La delatan los movimientos de sus cejas para enojarse, enfocarse o cuando se entristece; porque ya manifiesta tristeza. Aunque no pueda explicarla. Porque ya está establecido su vínculo emocional con quienes la rodeamos. Ya siente apego. Ya espera algo de nosotros. Si ese algo no llega, protesta, y se apaga. La tristeza es la primera manifestación de la pérdida de un vínculo deseado.
La tristeza es una emoción humana básica, caracterizada por sentimientos de pena, desánimo y a muchas veces, un descenso en la energía. Constituye una respuesta natural a situaciones de pérdida, desilusión o eventos adversos y, aunque es una manifestación temporal, puede tener efectos prolongados en el bienestar psicológico y físico. Aunque representa una emoción adaptativa conservada por la evolución, para enfrentar pérdidas significativas como recursos, estatus, amigos, hijos o parejas románticas. Durante los episodios de tristeza en el cerebro de la persona triste ocurren cambios. Hay una disminución significativa en la actividad de la corteza prefrontal durante los estados de aflicción. Esta región es fundamental para las funciones ejecutivas, incluyendo la planificación, la toma de decisiones y el control de impulsos. Esta reducción en la actividad explica por qué las personas tienen dificultades para regular sus emociones y decidir racionalmente durante sus periodos de desánimo. A contracorriente, hay un aumento significativo en la actividad de la amígdala. La estructura esencial para el procesamiento de emociones en el cerebro, particularmente las desagradables, como el miedo y la tristeza. Este aumento de actividad en la amígdala, indica una mayor sensibilidad a los estímulos negativos, lo que amplifica la experiencia de desánimo y prolonga su duración. Esta mayor reactividad es capaz de intensificar las respuestas emocionales, haciendo que las personas se sientan más abrumadas y dificultando la adecuada gestión de éstas. La interacción entre la corteza prefrontal y la amígdala es crucial para la regulación emocional en el cerebro. En estados de aflicción, la comunicación entre estas áreas se ve alterada, comprometiendo la capacidad de la primera para moderar la respuesta emocional de la segunda. Lo anterior, resulta en respuestas emocionales desproporcionadas, donde la tristeza se intensifica, se vuelve más difícil de manejar, e influye en la forma en que los recuerdos emocionales son procesados y almacenados.
El tipo de tristeza en turno para mi nieto Mateo es la tristeza con significado. Ya no solo es perdí mi juguete. Es no me quieren, fallé, no soy bueno. En ese fin del septenio 1º e inicio del 2º (donde está ubicado Mateo) la tristeza se liga a la autoestima, a las comparaciones, a la culpabilidad. A mi edad la tristeza es más reflexiva. No es por un evento agudo, o una situación crítica, es por inventario: pérdidas, tiempo, amigos que ya no están, cuerpo que no responde igual: Esto que valorabas ya no está. Sin tristeza seguiría buscando donde no hay. No pongo cara de triste porque hacerlo es pedir ayuda. La cara de tristeza es la señal más potente para que otro se acerque. Ningún otro gesto trae tanta ayuda como una cara triste. Pero con semblante adusto le bajo a la velocidad de la actividad que esté haciendo para no gastar mi energía, y reordenar mis prioridades. Es lo opuesto a la manía. Por eso después de estar triste, aparte, donde no me ven; me reintegro y hablo de lo que me importa. En un niño la tristeza dura minutos y se va si hay consuelo. En los adultos nos dura de horas a días. A mis 80 la tristeza sana es corta y ligada a algo concreto. La puedo entrenar igual que bloqueo a los recuerdos intrusivos. Si se queda semanas sin pausa, sin hambre, sin sueño, sin poder volver a lo presente, ya no es tristeza útil. Un antídoto que funciona es relatar cosas (oral o por escrito) donde uno exprese lo que sí hizo bien en su vida o algo de lo que sabe: una enseñanza, un mensaje largo, un consejo. La tristeza existencial se alivia profundamente cuando se vuelve el legado de la persona.
La tristeza de pérdida inmediata es la más común. Se murió alguien, se rompió algo. Dura minutos a horas, puede venir con lágrimas o un nudo en garganta. Llora y se descarga. Es útil. Avisa. La padezco ocasionalmente con alguna película. La tristeza empática la observo ocasionalmente en mi hijo X. No es mía. Si él mira a alguien triste, se entera de una noticia triste, o ve un perro abandonado: siente su pecho apretado. Estas manifestaciones le aparecieron desde niño cuando tenía tortuguitas. En su pubertad le instalé en su cuarto un acuario de 15 litros con guppies en crianza. Cada vez que un pez moría, quería que en el jardín de enfrente tuviéramos una breve ceremonia de entierro. Me recordaba la película antibélica francesa de Juegos Prohibidos en la que un par de niños buscaban renacuajos muertos para enterrarlos con cruz y flores en su tumba. Si mi hijo X deja pasar su tristeza, se le va rápido. Si la alimenta todo el día, se vuelve una carga que no le corresponde; aunque nos quiera convencer a los demás de que hagamos algo al respecto. El antídoto es un ritual breve de cierre: etiquetar lo perdido, decirse no estoy mal, solo triste porque se murió o perdí algo. Darle 10-15 minutos de atención sin distracción: llorar, hablarlo en voz alta, escribir 5 líneas, hacer un cierre ligado a una acción física que marque fin, lavarse cara con agua fría, cambiar de habitación, salir 5 minutos a la luz. No hay que intentar resolver nada en ese rato. Solo cerrar. La película francesa Bleu es una excelente ilustración de este tema binario.
También hay tristeza de frustración o impotencia. No es por perder algo que se tuvo, es por no alcanzar lo que se quiere. A mi edad es típica y la disfrazo: quiero hacer algo que antes hacía y ahora ya no puedo. No hay llanto, hay irritación apagada, suspiros, hay mensajes a mi interior que me dicen: ya no sirves para eso, resígnate. Se alivia haciendo algo que sí puede completar: medir la capacidad de mi vejiga y el horario de mis descargas líquidas, cocinar algo fuera de lo ordinario, poner en condiciones adecuadas la temperatura, alcalinidad, biología, y química del agua que sustente por lo menos tres variedades de peces. En esencia: cerrar ciclos pequeños que me corten la tristeza con efectividad. Tal vez la más devastadora para los viejos sea la tristeza existencial o de inventario. No nos da por el evento de un día; sino por mirar el conjunto: tiempo, amigos que se fueron, decisiones. No tiene pico, es de fondo, como niebla baja. Me apareció de improviso en el septenio 11º. No me provoca llanto. Me detona pensamientos intrusivos. Si dejo esta emoción en recuerdos inactivos, se estanca. Si en vez de rumiar nostálgicamente pérdidas irrecuperables, escribo sobre el presente, relato lo que atiende mi cerebro el día previo o el mismo en el que escribo, se vuelve serenidad. El antídoto es tener éxito haciendo algo pequeño y medible. Elegir una tarea que se pueda terminar en 15 minutos y que tenga principio y fin claro. Hacer solo eso. Sin multitarea. El cerebro necesita un registro de competencia para cortar la historia de no sirvo. Hay que evitar compararse con el yo de 30 o 40 años y compararse con el de ayer.
La tristeza química o de ritmo no tiene causa psicológica clara. Se despierta ya triste, sin motivo. Duerme mal, amanece pesado, tarda en arrancar. Cambia con luz, con sueño, con movimiento, con medicación. Aquí el bloqueo mental no alcanza porque no viene de un pensamiento intrusivo, viene del cuerpo. Se regula con horarios fijos, luz mañana, siesta medida, movimiento. El antídoto es regular el cuerpo antes que el pensamiento. Tener un horario fijo de despertarse y acostarse. Exponerse a la luz natural en la mañana por 20-30 minutos. Tomar siestas cortas a la misma hora, no variables. Caminar suavemente, aunque sea por 10 minutos. Ingerir comida bebidas en horas regulares. Si aparece sin causa más de 2 semanas seguidas y no cede con ritmo, no se va a resolver con voluntad. Hay que consultar a un profesional.