Sal Nuñez
En su 4º septenio, mi hijo PG trabajó en Creative Artists Agency (CAA) —lidereada por Michael Ovitz, quien modificó las reglas del juego en Hollywood. Antes, el agente esperaba que le llamaran para detectar el interés de un estudio y negociar el precio por la participación del actor que promovía. CAA le dice a los estudios: yo te empaqueto la película entera. Te llevo el guionista, el director y el actor, todo de CAA. Así venden paquetes de blockbusteres como Jurassic Park, Tootsie, Goodfellas, Danza con Lobos... A mediados de los 1990s, CAA tenía 550 empleados y una cartera de 1400 talentos artísticos entre actores, músicos, directores, guionistas, etc. Me contaba PG que cada viernes en la tarde, Ovitz reunía a los jóvenes preparados para recitar un párrafo de su propia autoría, de ~100 palabras que describiera una película inexistente; y acudieran preparados para ampliar las respuestas si su párrafo las provocaba. Esos párrafos son similares a los que leemos en Netflix y nos inducen a ver o a descartar una película que no hemos visto. En uno de esos eventos, alguien propuso esta historia:
Un arrogante y endeudado vendedor de autos descubre al morir su padre que tiene un hermano mayor internado por autismo. Se da cuenta de la dependencia asimétrica. Lo saca para poder reclamar la cuantiosa herencia. El autista se rehúsa a viajar en avión. En un largo viaje por carretera, el joven petulante aprende sobre la memoria prodigiosa del mayor, de sus rutinas y miedos; y trata de ganar dinero con sus habilidades. El interés inicial se vuelve afecto y reencuentro fraternal. De ese párrafo, CAA buscó el director, los guionistas, y los protagonistas de Rain Man. Película premiada con estos óscares: La mejor de 1988, el mejor director, el mejor guión, la mejor edición, y el mejor actor (Dustin Hoffman). Con una inversión de 25 millones de dólares, la película recaudó 400 con esa historia de interdependencia. El hermano mayor depende del menor para lo práctico: comer, viajar, protegerse del mundo que lo desborda. Sin esa guía, no puede funcionar afuera. El menor depende del mayor para salir de deudas y para lo emocional: aunque no lo sabe, el mayor fue su figura de calma en la infancia. De adulto, el contacto con su rigidez, honestidad y vulnerabilidad lo obliga a frenar, a ser responsable y a sentir por primera vez sin calcular ganancia. Uno, le da autonomía externa al otro. El otro le da estructura interna al primero. Ninguno se resiste a depender en el otro.
Yo ya no tengo dependientes. Dependo de Geo. (Sin pero). Soy muy afortunado en que sea 12 años menor. Ya sé que la dependencia total no es un accidente. Es nuestro estado original desde que nos conciben. Ningún humano nace autónomo. Un bebé no necesita saber cazar, solo llorar. Un niño que transita de la infancia a la adolescencia depende en la familia que le provee lo necesario. El adulto que depende de seguir empleado en una empresa. Un cónyuge que depende de lo que aporta su pareja proveedora. Un anciano que depende de su pensión del sistema del Estado según los años que laboró formalmente pagando impuestos…
Todos en este caso sobreviven con eficiencia por delegar en terceros muchas actividades; en la etapa de desarrollo las responsabilidades son una carga y los jefes de familia sacrifican su independencia deseando que sus herederos tengan más de la que ellos han tenido. Pues es innegable que el proveedor convierte su obediencia a otros, en ingresos que idealmente les den autonomía y una mayor independencia a sus descendientes. Es decir, la mayoría de los que nos sustentamos como empleados, perdemos autonomía e independencia durante el período de trabajo asalariado. ¿Cómo no encabronarnos si al llegar a la etapa de jubilación quieren los más jóvenes que entremos a un asilo para que no dependamos en ellos? Porque nos regresan a la etapa de bebés. A llorar para recibir auxilio. A sonreír y festejar al proveedor para que no nos suspenda su apoyo en una etapa de la vida en la que somos vulnerables e inútiles. A exponernos a que nos recuerden nuestra incapacidad. ¿Qué no existen las deudas morales y los responsables del desarrollo de los jóvenes durante sus primeros 20 años, delegan al Estado el pago de la deuda económica?
Hoy leí un párrafo de esos que describen con brevedad la trama. Comedia sobre un anciano que se resiste a depender en otros hasta que lo convencen de que debe ingresar ya en un asilo porque es lo que mejor le conviene. Por supuesto que el párrafo me encabronó pues no le encuentro el gusto a hacer una comedia al respecto. Los ancianos inevitablemente que nos resistimos a depender en otros. Lo digamos o lo callemos. Después de toda una vida invertida en resistirnos a la dependencia en otros, para muchos no es un asunto abrupto ni una decisión 100% ajena. Por lo que decidí redactar y compartir estos párrafos sobre el tema y titulo de este texto. En el septenio 1º, el niño que dice ¡yo solo! está ensayando RD. Si los padres aplastan ese yo solo con sobreprotección o con castigo, la RD se repliega, pero no muere. La RD sana, nace del enojo, no de la teoría.
A partir del 2º la dependencia es fantaseada (cuando sea mayor voy a hacer lo que me dé la gana), nos empieza a asfixiar porque pugnamos por ser individuos, no clones. Obedecemos en público lo que desobedecemos en privado. Es el motor de toda innovación. Nadie que dependa totalmente inventa algo. La RD nos protege de tiranías. La RD patológica, es autismo defensivo como el del hermano que se rehusó a viajar en avión porque sabía las estadísticas de accidentes de todas las aerolíneas y la única en nunca tener un accidente (Qantas) no los llevaría a su destino. No confundir RD con contra dependencia (CD). El contra dependiente no es independiente, es dependiente que hace lo opuesto a lo que le dicen. Sigue controlado por el otro, solo en negativo. La RD sana es interdependencia elegida, como la que tenemos establecida Geo y yo. Lo nuestro indica un grado de madurez, progreso, evolución. Madurez: porque nos guiamos por reglas y principios autónomos. Nuestro progreso no es lineal. Es en espiral. Avanzamos independientemente en algunos aspectos, decidimos depender en otros, somos autónomos en ciertas decisiones. Creo que eso es evolución, porque no nos estancamos y nuestra vida es variada. Nuestra RD no es ni berrinchuda ni adolescente.
Las demostraciones de RD durante el septenio 3º son teatrales. Rebelión sin recursos: gritos, portazos, manifiestos. Dependemos económicamente, pero negamos toda dependencia emocional. Es la etapa de la máxima contra dependencia. En el septenio 4º elegimos de quién depender: padres, pareja, gurú, empresa, ideología. Creemos que somos independientes porque cambiamos de amo. Es el septenio más autoengañado. Ya en el 5º la RD es la primera real, auténtica. Nos llega la crisis del fin del cuarto de vida. Nos damos cuenta de que hemos cambiado, pero de jaulas. Como en mi caso, nos divorciamos, cambiamos de trabajo, migramos. En el 6º, si sobrevivimos al anterior, construimos un sistema propio que no dependa de un solo recurso. Empresa propia, obra propia, pareja interdependiente. En el 7º septenio ya no resistimos a personas, resistimos a ideas. Cuestionamos asuntos como Dios, éxito, juventud. A partir del 8º aprendemos a no ser imprescindibles, resistimos la dependencia de otros porque los deseamos independientes. Vislumbramos nuestro legado en la educación de nuestros hijos.
Ya en el 9º nos inicia en la conciencia la dependencia biológica (somos sesentones) y no resistimos a aceptarlo. Nos volvemos impacientes. Rechazamos la ayuda física. Pero ya en el septenio 10º nos rendimos. Aceptamos ser interdependientes con elegancia. Geo está en ésas. No pide uno ayuda porque no quiere perder su yo. En el septenio 11º que concluí hace tres años, nos resistimos a depender en otros porque queremos conservar intacta nuestra identidad, por lo menos la que se basa en nuestro prestigio mental: núcleo de nuestro yo. En el 12º septenio en el que me encuentro: he capitulado ante las evidencias. Soy un alto costo para el seguro de automóvil propio o alquilado, y mis reflejos son una fracción de lo que fueron en mi septenio 3º; por otra parte, mi vista y oído son deficientes. Geo es mi Uber. No me resisto ante las evidencias. Creo que en mi septenio 13º aumentará mi dependencia en Geo por incapacidad física, no psicológica. Y habré de aproximarme al estatus (casi) de bebé baboso y balbuceante en el septenio 14º: pañales y leche tibia. Si llego al 15º dejaré de ser una persona para ser investido como un símbolo en la familia. Me lo imagino, con una tenue dosis de presuntuoso deseo.