Sal Nuñez
Apología = Defensa por escrito de las opiniones o conducta propias.
Neofilia = Propensión a la incesante búsqueda de cualquier novedad.
Lo defino por anticipado porque nací neofílico y así he seguido hasta ahora que me auto diagnostico tardíamente. En mi infancia nadie me identificó como neofílico porque las ciencias neurológicas y genéticas no estaban tan avanzadas como en este siglo. El texto de hoy está basado en estudios realizados y publicados por Claude Robert Cloninger psiquiatra y genetista estadounidense reconocido por su investigación sobre los fundamentos biológicos, psicológicos, sociales y espirituales de la salud mental. Cloninger es miembro directivo de los programas de genética evolutiva, neurociencia y estadística de la División de Biología y Ciencias Biomédicas de la Universidad de Washington. Es conocido por su investigación sobre genética, neurobiología y desarrollo de los trastornos de la personalidad. Hace 30 años, identificó y describió rasgos temperamentales hereditarios, que pueden predecir la vulnerabilidad de las personas al alcoholismo, al tabaquismo, y al uso de drogas ilegales. También desarrolló el Inventario de Temperamento y Carácter (ITC). Es autor de nueve libros entre los que destaca Sentirse Bien: La Ciencia del Bienestar. Es miembro del Instituto de Medicina de la Academia Nacional de Ciencias y también del Instituto para la Información Científica. Su definición de Temperamento = hardware emocional, forma automática en que el sistema nervioso de una persona reacciona antes que pensar. No se aprende. Así se nace. Es entre 40%-60% hereditario.
Reflexionando sobre esta información, ayer concluí que varios en mi familia fueron, han sido, y son neofílicos de acuerdo al contexto expuesto por ese científico. Es común encontrar que los eneatipos #5, #7, y #8 somos neofílicos, es muy raro encontrarlos entre los #1, #6, y #9. Los faltantes #2, #3, y #4, son semi-neofílicos. No hay que confundir neofílico con neofilíaco, que es una manía patológica que requiere tratamiento psiquiátrico. Cuando la familia y/o la escuela no entiende al niño neofílico, lo convierte en neofilíaco. No se refiere a rasgos de personalidad. Es un diagnóstico cultural. Los neofílicos baby boomers fuimos revolucionarios por naturaleza. Por serlo en 1968 me expulsaron del nivel universitario literario del que me nutría, y tuve que regresarme a estudiar una carrera química que me habilitara para desempeñarme como un buen proveedor económico de mi familia por los siguientes 40 años.
En 1993, Cloninger, redefine y desglosa la neofilia.
Búsqueda de Novedad = respuesta automática heredada que empuja a algunas personas a explorar
1) con excitabilidad exploratoria, y/o
2) impulsividad, y/o
3) extravagancia, y/o
4) desorden.
No actuamos así por gusto. Obedecemos a un temperamento biológico que nos exige dopamina en el cerebro desde que estábamos en el útero. Lo desastroso y pésimo que nos pasa es que nos etiqueten sin observarnos en forma doméstica y sostenida, y que no seamos parte activa y consciente en el proceso de adquirir una cómoda identidad propia. Ser neofílico es un temperamento. Ser neofilíaco, es padecer un trastorno: es lo que pasa cuando ese temperamento choca con un ambiente que no lo sabe contener. La diferencia no está en la conducta, está en 3 marcas:
1. Control: El neofílico abre 10 cajones, pero si le dicen vamos a comer, cierra y viene. Le cuesta, pero puede. El neofilíaco no puede parar, aunque quiera. Aunque el costo sea claro: se cae, pierde amigos, lo castigan, repite año escolar.
2. Sufrimiento: El neofílico se aburre si no hay novedad, pero está bien. Duerme, come, juega, se ríe. El neofilíaco sufre o hace sufrir sistemáticamente. Tiene ansiedad crónica, no duerme, no aprende, rompe vínculos. Hay deterioro.
3. Función: En el neofílico su búsqueda le trae cosas. Aprende palabras nuevas, encuentra atajos, hace reír. En el neofilíaco su búsqueda le quita cosas. Pierde lo que ya tenía por ir por lo siguiente. No acumula, solo rota de una a otra cosa.
Regla de oro: Si el niño busca novedad y después vuelve a base segura a contar lo que encontró, es temperamento. Si busca novedad y nunca vuelve, o vuelve destrozado, es señal de desregulación. La escuela y algunos psicólogos confunden intensidad con patología porque miden al neofílico con regla de neofilíaco. Lo etiquetan como Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) a quien en realidad tiene un ambiente que ofrece pocos desafíos alineados con la proclividad del niño o niña. La neofilia sola no es trastorno. Es materia prima. Es un valioso recurso visto que como adultos podemos usar en provecho social y propio; pero que es visto como un problema o deficiencia en la infancia. Un buen herrero no le dice a la espada eres demasiado caliente. Le da forma. A los neofílicos tempranos, nos educa el medio ambiente y el acompañamiento permanente y coordinado de nuestros padres, familiares, y maestros durante nuestro septenio 1º; porque a partir del 2º nos educamos solos.
Dos de los lectores de estos textos fueron diagnosticados formalmente por psicólogos con TDAH. Yo difiero. Los conozco a ambos desde hace años. Nunca los he percibido como trastornados. Mucho menos como sujetos a ingerir medicamentos de control. He encontrado en su comportamiento similitudes con mi temperamento curioso y diverso. Y con los años nos hemos vinculado inconscientemente por temas, no por vidas. Como muchas cosas nos interesan, pasamos de una a otra sin olvidarnos de la primera. En mi caso, por eso escribo de ciencia, de cultura en otros países, de lingüística, de historia, de psicología y de literatura. Con esos lectores neofílicos ocasionalmente intercambio temas de poesía. Les pido encarecidamente a ambos, que rechacen el diagnóstico que les etiquetaron como pacientes de TDAH que deben ser medicamentados para controlar su trastorno. Y sin culpa evalúen su conducta como la que sigue quien nació con un temperamento curioso por temas fuera de lo que siguen los demás en su salón de clases o en su generación. Si tuviera alguien que ponerle una foto al diccionario de neofílico adulto, Elon Musk encajaría en casi todos los criterios. Aunque también deberían incluir fotografías de Hypatia, Leonardo Da Vinci, Marie Curie, Ted Branson, Steve Jobs...
1) Excitabilidad exploratoria extrema: Musk no abre cajones, abre industrias. Construye y lanza cohetes, coches eléctricos, cerebros, robots, túneles. Cuando una actividad se estabiliza, pierde interés y salta a la siguiente. Eso es búsqueda de novedad pura.
2) Impulsividad: toma decisiones antes de que el dato esté completo. Publica, lanza, itera en público. Sigue más su temperamento, que una estrategia compartida.
3) Extravagancia: Gasta energía y dinero en lo que para el promedio es ciencia ficción. El neofílico no calcula el retorno a la inversión, calcula el nivel de novedad.
4) Desorden / baja tolerancia a rutina: Es famoso por odiar procesos, reuniones y manuales. Su sistema se regula con caos nuevo, no con orden viejo.
Musk es neofílico eneatipo #7 que se integra en los tipos #5 y #8. El #7 le da las ideas, el #5 le da la obsesión técnica para entenderlas hasta el tornillo, y el #8 le da la energía para imponerlas contra todo consenso. Es un neofílico sin freno institucional. Y eso es exactamente lo que hace que, para unos sea visionario y para otros sea imprudente. Las dos lecturas describen el mismo hardware. Es un neofílico adulto no domesticado por la escuela. Las escuelas infantiles no están diseñadas para los niños neofílicos. Está diseñada para gestionar 25 niños a la vez por una adulta tradicional que sigue el sistema que le imponen. Y para eso, la neofilia es un problema logístico al que combate:
1. Criminalizando el movimiento. El neofílico aprende moviéndose. Abre, toca, se sube, prueba. La escuela traduce eso a no te levantes, no toques, estate quieto. Su sistema nervioso entiende: Mi forma de aprender es mala. En la casa le dicen a ver qué hacemos. En el aula le dicen pórtate bien. Son verbos opuestos.
2. Premiando la repetición, y castigando la exploración. La misma ficha o parte igual para todos. Colorear dentro de la línea. Mismo cuento durante 3 semanas. El niño neofóbico se calma ahí porque sabe qué viene. El neofílico entra en dolor real: aburrimiento es dolor químico, no capricho, Y empieza a moverse más para crear novedad. La maestra le dice a sus padres: Se distrae. ¡No! No se distrae. Se está auto estimulando porque el ambiente es pobre para su temperamento.
3. Patologizando el tempo. El currículum de preescolar espera que todos atiendan 15 minutos sentados a los 4 años. Un neofílico atiende 3 minutos a 10 cosas. Si lo miden con cronómetro, parece deficitario en todo. Si le cuentan sus “descubrimientos”, está por encima de todos. Pero de la escuela sale etiquetado: inquieto, disperso, intenso, no sigue normas, le cuesta esperar turno. Ninguna de esas es una patología. Todas son traducción adulta de: quiere novedad.
4. Creando el expediente. A los 3-4 años la maestra le dice a la siguiente maestra: Este es hiperactivo. A los 5 ya hay varios reportes y un informe. A los 6 ya hay sospecha de TDAH. No porque haya un diagnóstico, sino porque la escuela necesita un nombre para justificar que su método no funciona con ese temperamento. Y (lo que es peor) el niño lo interioriza: Soy atípico y malo. Yo soy el que molesta.
El neofílico que llega a primaria creyéndose malo, ya no explora para aprender. Explora para molestar. Profecía autocumplida. Lo que pierde la escuela al hacerlo: Un niño neofóbico te mantiene el aula ordenada. Un niño neofílico te mantiene el aula viva. Es el que hace la pregunta que no estaba en la ficha, el que encuentra otro uso al bloque, el que ve que la historia puede terminar distinto. Si lo apagan a los 4, a los 12 tendrán un alumno obediente pero sin curiosidad. Que es exactamente lo que mide en PISA sin entender por qué baja. PISA = Programme for International Student Assessment. Es el examen que hace la OCDE cada 3 años a chicos de 15 años en todo el mundo. No mide lo que saben de memoria. Mide si pueden usar lo que saben para resolver problemas nuevos: lectura, matemáticas y ciencia. Los puntajes de PISA están bajando en casi todos los países desde 2018, sobre todo en creatividad y tolerancia a la frustración. No porque los niños sean menos inteligentes, sino porque el sistema les mata justo la habilidad que PISA ahora pide: explorar algo desconocido sin que te digan cómo. Tratan de encender el fuego que le han estado apagando a los neofílicos de los 4 a los 14. A los niños neofílicos se les contiene con novedad, con cierre de actividades antes de emprender la próxima, con elucidarle una explicación de lo que descubren. La escuela tradicional no tiene tiempo para eso. Por eso la solución no es medicar al niño. Es analizarlo, acompañarlo, reforzarlo, y cambiarle con astucia y frecuencia el ambiente hasta los 7 años.
Los comportamientos relacionados con sustancias en adolescentes son una importante preocupación de salud pública, ya que en EE UU más de 200,000 adolescentes son admitidos cada año en programas públicos de tratamiento de abuso de sustancias. En una muestra comunitaria de 777 adolescentes examinada a los 13 y a los 18 años, se evaluaron las cuatro dimensiones del temperamento definido por Cloninger. El pretendía averiguar si a los 13 ya se podía predecir quienes a los 18 fumarían cigarrillos, beberían alcohol y consumirían drogas ilícitas. El patrón de temperamento sí predijo significativamente el número de síntomas de abuso de sustancias a los 18. Los resultados fueron muy consistentes.
Yo ya soy un neofílico jubilado, agazapado, actuando como un abuelo furtivo que busca novedades en la comida, en los insectos o en los peces de acuario. No creo que este texto lo incluya en lo que León Felipe decía cosas de poca importancia. Si yo tuviera aun la responsabilidad de educar hijos o nietos; investigaría por mi cuenta de fuentes científicas originales, establecidas, enlazadas con hospitales o universidades. Nada de lo que muestre YouTube o viralicen publicaciones como Infobae, que tienen acuartelado un ejército pescando con red cualquier noticia que le llame de improviso la atención a quien prende su celular para consultar con Google. Google le paga a los creadores de contenido que atraen lectores, porque inserta entre párrafos anuncios pagados por los anunciantes. Principalmente Adserve. Los genuinos creadores reales de contenido, como Croninger son menos del 0.1% de los que posan como tales: empresas que les pagan a adolescentes para que diariamente naveguen en el internet buscando información sobre temas de interés —expuestos en menos de 1000 palabras— para que nos fijemos en lo que dice Google. Y actuemos como quien educa su mente escuchando lo que dice un loro.