Sal Nuñez
Mis 5 hijos reciben estos textos recién divulgados en sus celulares. Eventualmente los comentan por las razones que sean, que no son tan frecuentes ni tan incisivas como las de otros lectores. Tengo la impresión de que no se sienten favorecidos con los apodos que les he endilgado cuando me refiero a ellos. De ser así, tienen razón. Se los he impuesto barnizados de un humor disfuncional. Normalmente, a quien le endosan involuntariamente una etiqueta se acostumbra con el tiempo, pero en el fondo siente que no lo define. Por sus indirectos comentarios, a partir de hoy ya no los nombraré de tales formas. En cambio, fiel a mi persona, ahora los cito con un porcentaje porque envejecemos a la par. Me enorgullece lo que han ido haciendo de sus vidas. El mayor tiene 70% de mi edad; eso cambia, ¿verdad? Si la densidad de mi experiencia es rala, disipada, dispersa, la de él es más densa. Así que su 70% de mucho supera mi 100% de poco en lo que a él le importa. Tal vez por eso me trata más como a un hermano mayor, que a un padre; lo cual se lo agradezco. Hace mucho ambicionaba ser el CEO de una empresa. Fue escalando puestos ejecutivos hasta que lo logró, y tras años de desempeñarse como tal, ahora está en busca, menos afanosa, de nuevos retos. En su CV ya puede incluir tratos con proveedores chinos y vietnamitas para producir accesorios para la marca Apple. No lo percibí estresado. En eso nos parecemos, ocultamos o disfrazamos nuestras preocupaciones reales. Y pocos saben si enfrentamos o no una crisis existencial.
El 2º tiene 68%, un poco menos que su hermano, pero donde me importa mucho por lo que él sabe y yo no: música y cine. En la actualidad, su campo de acción profesional ha disminuido y no da visos de levantarse pronto. Es el efecto de la tecnología. Cuando el cine era filmado en películas de 35 o 70mm, la postproducción tenía una mayor participación humana, basada en lo analógico. La postproducción es todo lo que pasa después de que se apaga la última cámara en la filmación, pero antes de que la película pueda existir para el público. Mucha gente cree que es solo editar. Eso es solo ¼. El total son las fases de fabricación final donde el material visual rodado, caótico, caro y discontinuo, se convierte en un producto con sonido, continuo, legal, vendible y proyectable. Es el 50% de lo que uno mira y escucha en la sala cinematográfica o en Netflix. En el rodaje solo se graban los diálogos de referencia. En la postproducción se regraban frases que salieron sucias; se recrean pasos, ropa, golpes, besos. Se habilita entender frases entre ruidosas explosiones. Se mezcla todo para que la audiencia escuche tanto el susurro como la bomba. En las películas independientes, la postproducción, puede ser una cifra presupuestal mayor que el salario de los protagonistas y el director. Mi 68% trabaja en esa actividad desde hace muchos años: como actor de looping. Lo explico porque nadie lo entiende. Es el nombre viejo de lo que hoy todos llaman Automated Dialogue Replacement (ADR). Nació en los tiempos analógicos y se le quedó el nombre. Ha doblado al inglés, actores protagonistas de series de Netflix grabadas en finlandés. Es regrabar un diálogo en estudio después del rodaje, para reemplazar el audio original que salió sucio o para cambiar la actuación. Se llama así porque el siglo pasado, el editor cortaba un pedacito de película con la escena donde el actor tenía que redoblarse y lo pegaba en círculo para que girara sin fin en la moviola. El actor se metía en una cabina, veía ese lazo sinfín, y cada vuelta intentaba decir la frase en sincronía labial hasta que quedaba perfecta. Hoy se usa para mejorar los sonidos captados en la filmación por los micrófonos. También para pedirle a los actores que cambien la intención de su voz usada en la grabación original. Y para que actores como mi 68% emitan murmullos de restaurante, de multitud, de oficina. Su competencia es que en 2-3 tomas puede hacer lo que al actor de la película le toma 20-30. Desafortunadamente, ese tipo de habilidades van a la baja mientras surgen las aplicaciones de Inteligencia Artificial. En la reunión previa a la boda me ofreció su válido punto de vista que le cambia todo el sentido a la versión más reciente de la Odisea en la que trabajó: un mensaje al final no de los viajes del protagonista, sino de la destrucción de la civilización ancestral que cayó por el gambito del caballo que Odiseo le confiesa a su fiel esposa. Al igual que 70%, 68% dejó de elucidar mis consejos hace años. Y no lo resiento en lo absoluto.
El 3º tiene 60% y atraviesa en forma aguda la predecible 7ª etapa (generatividad vs estancamiento) de las que estudió toda su vida el psicólogo estadounidense Erik Erikson. A este hijo le han interesado más que a los demás lo que he escrito sobre los septenios y el eneagrama; y a menudo lo comentamos. Me expone su vida y espera mis consejos y comentarios, los que no emito tan profusamente como creo que él quisiera. En este evento inquirió sobre la ciclicidad de mis descripciones de patrones de vida y le revelé la fuente inicial: el libro Passages, publicado en 1976 por la periodista Gail Sheehy, nombrado uno de los diez libros más influyentes de nuestra época por la Biblioteca del Congreso. Mi 60% no encaja exactamente en lo descrito en ese libro, porque su vida no ha sido apegada a la secuencia similar de los miles de entrevistados por la autora. Pero su caso sí está mencionado en los entrevistados que no pueden ser agrupados estadísticamente porque no siguen el conocido patrón de vida de los demás. Yo encajé un poco en su libro de Passages y mucho en el de Pathfinders cuando fui un adulto joven. Mi queja actual sobre ambos libros es que están basados en estadísticas poco representativas: 110 hombres y 687 mujeres que van de 23 a 75 años. Lógicamente, reniego que una vez más excluyan a los lúcidos que tenemos 80+.
El 4º tiene el 51% de mi edad. Me sorprendió en este encuentro porque ya no aborta relatos, ahora los procura al iniciar su crisis de la edad madura. Esa que ya impregna a su hermano carnal: a la mitad del debate entre el seguimiento o la ruta nueva. A 51% le abruma la dulce responsabilidad de la paternidad. Y le desilusiona un poco la falta de propósitos sociales de la organización donde labora, desde la cochera de su casa. La última noche tuvo que irse a dormir muy a su pesar, porque nuestra charla parecía fructificar en algo. El 5º tiene 47% y va cuesta arriba. Ya identificaron en su empresa que es un recurso valioso con el que deben contar y desarrollar aún más porque habrá de aportar contribuciones mayores y adicionales. Pertenece a una manada autosustentable que se conocieron en la universidad, y siguen cultivando su amistad ya casados y padres de familia. De hecho, mientras redacto estas palabras él y su esposa comparecen en Colombia en otra boda. Celebro que nos hayamos encontrado los seis y que hayamos conversado en una boda desalcoholizada que contribuyó a vernos como somos en el presente. Nunca, jamás como fuimos en el pasado.
Inauguré la comunicación con los nietos que le siguen a la desposada. El consecutivo traduce estos textos al inglés para discernirlos con sigilo. Estudia el último año de la licenciatura en musicología en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Trabaja ahí mismo en el museo que exhibe la colección del magnate petrolero, empresario y filántropo estadounidense Armand Hammer. Hijo de un activista comunista nacido en Rusia, Hammer se formó como médico antes de comenzar su carrera en el comercio con la Unión Soviética. Tras haber hecho fortuna en la industria farmacéutica y el whisky (admirablemente, en mi juicio) rehusó jubilarse y asumió el control de la empresa Occidental Petroleum para llevarla de la bancarrota a ser una de las mayores de EE UU. Era uno de los billonarios de mi generación. La prensa lo apodaba el capitalista elegido por Lenin. La colección que muestra mi nieto JFNL a los visitantes tiene pocos nombres pero muy pesados de los impresionistas y postimpresionistas más conocidos. Aunque también incluye obras renacentistas y de Goya. Algún dia iré a ese museo a ver al mejor impresionista estadounidense autor de varios cuadros menos famosos de John Singer Sargent, exhibidos en Boston; a donde llevé a unas sobrinas hijas de mis hermanos menores. El que muestra JFNL es el retrato de cuerpo entero y tamaño superior al normal, de un famoso ginecólogo francés que posó en su casa vestido con una bata escarlata brillante. Lo rojo intenso domina la superficie pintada y guía, como embudo, las miradas hacia la detallada cara de quien modela. La colección de Hammer, aunque valiosa, palidece frente a la del otro rico petrolero: Getty. A donde me llevó mi diletante hijo 70% hace años. En otra ocasión, mi hijo 68% me llevó a ver la Norton-Simon que tiene las gladiolas de Diego Rivera y varias esculturas de Rodin. Recuerdo ese evento porque en el camino iba regañando severamente a la misma hija que se casó el domingo pasado.
JFNL compone música desde hace tiempo. Es igual o más creativo que su padre, mi 68%. No puedo ser imparcial en mi juicio. Le atrae mucho viajar. Estuvo unos meses cursando materias en Bordeaux, Francia. Geo y yo viajamos a Japón con él y desde entonces ha vuelto un par de veces. En la boda me contó que tal vez su próximo viaje sea a Shanghai. Creo que es parte del futuro brillo de la música. Me quejé con él de la inserción de comerciales y la mala calidad de la música que escucho en YouTube. Me aconsejó cambiar a http://www.nts.live una estación británica de radio por internet. Estoy contento escuchándola desde que regresé. No me topo con lo que me disgusta. Es un nuevo universo mundial de música gratuita, variada, vanguardista o tradicional.
A JFNL le sigue mi nieta IPNL. Ella no lee estos textos, pero durante el encuentro familiar me confió con asertividad que tras la escuela preparatoria quiere estudiar leyes ambientalistas para litigar como abogada en la defensa de animales y plantas aborígenes. Me prometió visitarnos en San Antonio para ver lo que hace su tío, mi 47%. Y atestiguar lo que le dije que son prácticas conservacionistas texanas en pro de tlacuaches, mapaches, murciélagos, ardillas, cerdos silvestres, polinizadores, e insectos benignos. Cuando lo haga, si para entonces persiste la curiosidad, emitiré un reporte similar a los que he escrito y seguiré elaborando. Me esperan dos escritos acerca de dos visitantes: nuestro sobrino GPCO que viene de Singapur con la escudería Williams que compite en la F1 de Austin. Y NPM, la madre de Myriam Madla, cuya concepción narré hace meses.