Sal Nuñez
Mi texto titulado 2ª perla, mereció varios comentarios de una culta y joven lectora. Me dirigió un mensaje preguntando si al escribirlo tenía en mente la teoría de las 8 etapas del desarrollo psicosocial formuladas por Erik Erikson (EE). Lo negué y le dije que la retroalimentación a mis textos previos influye en los siguientes. Consta. Los octogenarios de este siglo estamos conscientes de que nunca esta etapa de la vida humana ha merecido la suficiente atención de ningún psicólogo. Como si saber de nosotros no fuera comercialmente interesante o intelectualmente lucrativo. Por lo tanto, nos queda el campo libre para decir cómo somos, qué queremos, qué objetamos. Empezando por desacreditar lo que han dicho de esta etapa de la vida los intelectuales el siglo pasado. El enfoque general se ha enfocado asimétricamente en la infancia (Freud, Fromm, Jung, Piaget, Skinner) y nulamente en la vida después de los 80. Tengo la impresión de que desde la escuela de Viena hasta la de Nueva Inglaterra, escrudiñan el comportamiento de los niños cuando carecen de lenguaje para manifestarse al respecto; y hacen lo mismo con los ancianos cuando su lenguaje está por fugárseles completamente. Tanto los pediatras como los geriatras diagnostican sobre lo que observan, rara vez sobre lo que viven. Tal es el caso de EE.
De las ocho etapas definidas y estudiadas por EE, mi dulce lectora ya concluyó 5. Lógicamente, supone que si yo me baso en EE debo estar hablando de las últimas tres. No, querida. EE se quedó muy corto. Debió clasificar por lo menos 5 etapas más de una media de 7 años cada una partir de los 65. 5x7=35 + 65 = 100. Para prueba visible estuvieron Jimmy Carter, Kirk Douglas, y Henry Kissinger + una lista que pudiera llenar este texto. Los adultos mayores nos liberamos ya del yugo de la psicología y ahora somos sujetos de mucho estudio de los neurocientíficos; en una época en que los médicos generales (de la mitad de nuestra edad) nos recitan lo que les enseñaron en la facultad de medicina: Absténgase de esto y frecuentemente haga esto otro. No se percatan de que asentimos por no contradecir porque ¿qué sabemos nosotros? Si ya estamos clasificados como jubilados = mantenidos por los impuestos de quienes sí trabajan. En forma relevante cito a la mujer más longeva de la historia, que a sus 122 años declaró: Todos los que me han prohibido comidas y bebidas que me gustan, ya se murieron sin saber que nunca les hice caso.
Intentamos vivir en el presente, en el día de hoy +/- 5 días. Es lo que en neurociencia se llama ventana de controlabilidad. No es el mindfulness de la era hippie que pregonaba el "solo hoy." Es no dejar que mi cerebro use energía rumiando sobre mi pasado o contemplando las posibilidades de un futuro catastrófico. Es donde mi biología sí puede actuar. Se trata de apagar mi Red Neuronal por Defecto (RND). El cableado cerebral que pasa corriente cuando no hago nada y evoca lo que dije hace 2 años o lo que probablemente pasará en 5 años. La RND es la principal consumidora de glucosa y la más correlacionada con la infelicidad. Vivir en +/- 5 días la desactiva y activa la Red Ejecutiva Central (RED). Donde hay menos charla mental con uno mismo, y por consecuencia me queda más energía disponible. Esta red atenúa las señales entre la amígdala y el hipocampo. El cerebro no distingue entre una amenaza real hoy y una amenaza imaginada en 6 meses: dispara cortisol todos los días como si el león estuviera debajo de la rama del árbol en que descanso. En esa ventana del presente +/- días, el 90% de las intimidaciones de los recuerdos negativos son irreales o no accionables, al igual que las inferencias deplorables por lo que pueda venir, así que se eliminan. El cortisol que segregamos como sustancia antiestrés baja 20%-30% en 2 semanas. Se elimina la ansiedad = el exceso de enfoque en el porvenir.
No existe ansiedad en el tiempo presente. Y lo mejor: minimizo las decisiones impulsivas y procrastino menos. Me ocupo en algo en alguno de mis laboratorios: el escritorio para escribir, la cocina para nutrirme, la cama para investigar la ocurrencia de los sueños lúcidos, y el cuidado del acuario para ir generando en él vida sustentable entre por lo menos tres variedades de especímenes. Por otra parte: La depresión = el excesivo enfoque en el pasado. Culpa, vergüenza, si hubiera. La ventana de +/- 5 días no me permite ir ahí. Sin rumiación, mi estado de ánimo sube aunque mi vida no haya cambiado. Mejoran mis relaciones porque interactúan con la persona real de hoy. La gente me siente más presente. Prologo con este párrafo porque mis afirmaciones de que a los ochenteros nos debe valer madre pedir disculpas, mostrar remordimiento, o arrepentirnos de algo… ha causado controversia entre quienes están 2-3 septenios atrás de nosotros.
Los comentarios de mi asidua lectora se centraban alrededor de la superación de conflictos subyacentes para transitar a la siguiente etapa. Pensando en las reiteradas discusiones entre padres e hijos. Mi lectora infiere que yo escribí sobre el estancamiento de los hijos en la 7ª etapa que buscan resolver algo que les impide (a su juicio) progresar, y con su ánimo de avanzar lo piden a los padres un reconocimiento de culpa y una solicitud de perdón por lo que los padres pudieron haber hecho (a juicio de los hijos) equivocadamente y que todavía les afecta. Me anexó un enlace para enmarcar adecuadamente el tema de los comentarios de ambos. Está en inglés. Basta que quien se interese por saber del asunto en español escriba Erik Erikson y dará con mejor y más puntual información sobre esta teoría que me sirvió mucho saber en mis etapas de guiar educandos, y que ahora me sirve solamente para aconsejar sobre mis nietos. Porque EE vivió 92 años y la mayoría de lo que publicó abunda para las primeras etapas, y termina prematuramente en los 65 años. Como si tras la jubilación y antes del deceso no existiera material que ameritara su atención profesional. Lo cual es una soberbia falacia. Igual omisión es atribuible a Gail Sheehy en sus libros seminales Passages y Pathfinders. En los que nunca tocó la realidad de la vida de los octogenarios lúcidos. Muchos (entre los que me incluyo) simplemente hacemos lo que nos huelga hacer y ensordecemos ante reclamos y sugerencias proviniendo de los menores de 65. Mi lectora va en su 4º septenio y yo voy en el 12º. Ella me habla de lo que lee. Yo escribo sobre lo que vivo. En el enlace que me compartió aparecen las etiquetas de las 8 etapas de la teoría y los principales conflictos existenciales propuestos por EE.
1) 0.0 a 1.5 años. Confianza vs Desconfianza.
2) 1.5 a 3.0 Autonomía vs Vergüenza y Duda.
3) 3 a 5 Iniciativa vs Culpa.
4) 6 a 11 Industria vs Inferioridad.
5) 12 a 18 Identidad vs. Confusión.
6) 18 a 40 Intimidad vs. Aislamiento.
7) 40 a 65 Generatividad vs. Estancamiento.
8) 65 a la muerte Integridad vs. Desesperación.
No es raro enterarnos que los octogenarios dejamos de interesarle a un intelectual y académico de su calibre. Triste enterarnos que virtualmente nos da por obsoletos, pasivos, televidentes, desprovistos de energía para aprender y ser alguien distinto a lo que fueron los ancianos del siglo pasado. Porque los ochenteros de este siglo no hemos perdido la habilidad de debatir y exigimos una muda al estereotipo del jubilado inútil, que amerita ser tratado como incompetente. Porque queremos luchar contra quienes nos discriminan por ser no-contribuyentes; y pugnar por que no se dirijan a nosotros como si tuviéramos dos años de edad. Aunque al igual seamos desdentados incontinentes. Exigimos ser excluidos de la sociedad por no pertenecer a una categoría consumidora; que haya más películas con protagonistas ancianos intercaladas entre cada centenar de temas de superhéroes y dragones. Aspiramos a ocupar un sitio activo, digno, y reconocido en las instituciones que toman decisiones que afectan nuestro estilo de vida.
Por eso nos rehusamos a pedir perdón y disculpas a aquellos que no han sabido salir adelante por sí mismos y llenarse de felicidad en el proceso. Esos que por pasividad psicológica y ausencia de autocrítica le echan la culpa de sus miserias a sus progenitores. En todo lo anterior estuvimos de acuerdo los consuegros felices convocados a celebrar el feliz matrimonio de nuestra nieta. Yo soy el vocal del trío vetusto. No hay polémica con mi lectora, pero consideré importante cerrar esta crónica de una boda anunciada con esta última perla del collar de tres docenas que se trajo mi mente de tan memorable evento. Querida y fiel lectora: si te convence, estudia y sigue a Erikson mientras tengas hasta el doble de los años que tienes. Pero tira sus teorías a la basura cuando alcances la edad de jubilación porque hasta ahí llegó su inspiración. Te prosifico la letra de una canción de Joan Manuel Serrat con la que celebraré su cumpleaños 83 este fin de año: “Llegar a Viejo.”
Si se llevasen el miedo y nos dejasen lo bailado para enfrentar el presente. Si se llegase entrenado, y con ánimos suficientes. Y después de darlo todo —en justa correspondencia— todo estuviese pagado. Y el carné de jubilado abriese todas las puertas: quizás llegar a viejo sería más llevadero, más confortable, más duradero. Si el ayer no se olvidase tan aprisa. Si tuviesen más cuidado en dónde pisan. Si se viviese entre amigos que, al menos, de vez en cuando, pasasen una pelota. Si el cansancio y la derrota no supiesen tan amargo. Si fuesen poniendo luces en el camino a medida que el corazón se acobarda. Y los ángeles de la guarda diesen señales de vida... sería más razonable, más apacible, más transitable. Si la veteranía fuese un grado. Si no se llegase huérfano a este trago. Si tuviese más ventajas y menos inconvenientes. Si el alma se apasionase, el cuerpo se alborotase y las piernas respondiesen. Y del pedazo de cielo reservado para cuando toca entregar el equipo repartiesen anticipos a los más necesitados... Sería todo un progreso, un buen remate, un final con beso. En lugar de amontonarnos en la historia convertidos en fantasmas con memoria. Si no estuviese tan oscuro a la vuelta de la esquina. O simplemente si todos entendiésemos que todos llevamos un viejo encima.
Que la vida te premie con hijos, nueras, y nietos como los míos.