Sal Nuñez
Nuestras coordenadas mentales para buscar casa donde vivir lo que nos resta de vida lúcida y autónoma fueron:
- San Antonio TX, para estar cerca de la nieta menor, hija del nieto menor.
- A menos de 45 minutos del aeropuerto para facilitar nuestros viajes o recoger visitantes.
- En el noroeste donde han habido menos inundaciones.
- Lejos de escuelas, centros comerciales, y tráfico vehicular.
- Próximo a espacios naturales aún no afectados por la urbanización.
- Que costara cuando mucho lo mismo que obtuvimos por la que vendimos en Monterrey.
Y encontramos justamente lo deseado en un desarrollo nueva adyacente a una zona arqueológica protegida donde hace millones de años había sido el habitat del QUETZALCOATLUS. Un dinosaurio volador que medía más de 13 metros y tenía 4 patas. Las dos traseras eran las de apoyo. Existen varias huellas petrificadas cerca de donde vivimos. Adjunto video.
https://youtu.be/pLJs1kGzGX8?si=ZD_ERJzthRDFHb8T
Llevamos tres meses pagando diez dólares/mes por nuestro consumo de electricidad por haber instalado en el techo 14 páneles solares de tamaño standard. Me detona el recuerdo de un cuento distópico que escribí hace 50 años. Extrapolaba la carencia de alimentos en nuestro sobrepoblado planeta por lo que los humanos tuvimos que evolucionar para depender de la energía solar para nuestra supervivencia. La adaptación nos causó perder poco a poco el inútil sistema digestivo y todos sus órganos pasaron de atrofiarse a desaparecer: estómago, intestinos, riñones, etc, quedaron eliminados. Se nos cicatrizó Permanente el orificio del ano. Y el orín dejó de ser líquido para convertirse en un haz de luz que nos guiaba por las noches. En ese escenario futurista, la tecnología fue patentada. Los científicos en cada cultura fueron convirtiendo sus sombreros vernáculos en aparatos que atraían, captaban, retenían, y transformaban la energía solar para robustecer el sustema inmunológico y prolongar la vida más allá de una centena. Por habernos acostumbrado durante siglos a llevar en la cabeza el sombrero cóncavo de mayor tamaño, los científicos mexicanos superaron a las todas las demás culturas y nos convertimos en supremos y globalmente reconocidos inquilinos del primer mundo.
Ésa es sólo una anécdota detonada por la gran economía que obtuve a través de esos 14 páneles solares chinos en el techo de mi casa en San Antonio. Dónde el gas natural surge del subsuelo y la empresa que lo distribuye nos cobra 15 dólares mensuales.
Pero pagamos cinco veces más por el agua de lo que pagábamos en Monterrey. El abasto no proviene de ríos, lagos, o presas. Depende de un vasto aquífero cuyo nivel es monitoreado cada segundo.
La compañía de agua registra el número de personas que habitan cada casa. El standard de uso por persona es de aproximadamente 200 litros/día lo que equivale a 110 galones diarios por pareja o 3300/mes. Cuando el nivel del acuífero desciende de cierto límite (se puede consultar en el internet) entra en efecto un programa legalmente soportado para evitar un mayor descenso.
A partir de 5000 nos incrementan la tarifa. Arriba de 8000 nos envían una advertencia por correo, aparte de cobrarnos un sobreprecio. Arriba de 11,000 nos envían un asesor para establecer soluciones de menor consumo, como reglamentar la frecuencia en el uso para riego de jardines. Arriba de 12000 nos multan e inspeccionan nuestro sistema para verificar fugas en la tubería.
Lo ignorábamos cuando elegimos una casa con 400 metros cuadrados de jardín. Pasamos de 12000 galones en Julio. Tras la multa y la visita seguimos la recomendación de instalar un sistema de riego eficiente programado para irrigar el pasto en la madrugada y noche de cada viernes. El gobierno tuvo que certificar el sistema para que acatara lo reglamentario. Mañana lo vacían y así se quedará hasta Marzo: las bajas temperaturas pueden reventar con hielo la tubería, provocando fugas.
En Octubre pagamos 120 dólares por el consumo de agua. El gobierno nos recomendó reducir el área del zacate colocando grava decorativa o reemplazar las plantas de ornato por otras que consuman menos agua. Adicionalmente, nos regalaron plantas de bajo consumo, que florean en el otoño, y atraen a las mariposas monarcas. Compraremos más de las mismas pues es cierto lo que nos dijeron. No hay día soleado en que no se posen en las flores estos bellos insectos polinizadores que utilizan la energía solar para regular su temperatura corporal durante el clima frío y potenciar sus movimientos mientras vuelan largas distancias. La historia que me publicaron hace 50 años tal vez fue visionaria.