Entrega 18

Sal Nuñez

Para entretener a mis hijos durante viajes largos, acostumbraba relatarles episodios épicos que les anticipara lo que más tarde supieran en la escuela: La Ilíada, La Odisea, La Conquista de México, La Divina Comedia, Edipo Rey, pasajes de la mitología griega, etc. Para que retuvieran mejor mis epopeyas incluía los relatos testimoniales de Álvar Núñez. Como si fuera ancestro nuestro. Mis cuentos eran artilugios que funcionaban. Aunque sus gestas siempre han sido ignoradas en las lecciones de historia en México y en España. Tal vez porque este imaginado antepasado ni conquistó territorios, ni derrotó adversarios, ni le produjo riqueza o gloria a la corona española del siglo XVI. Tampoco se sabe que haya matado a nadie pues además de carecer de armas, para sobrevivir, alimentarse, y vestirse dependía de la bonhomía de los aborígenes del norte y sur de este continente. Obsesivo con el tema, lo eslaboné recientemente. A fines de Mayo, con mi primogénito y su primogénito, pasamos tres dias en las Cataratas de Iguazú. El tal Núñez fue el primer europeo que llegó a ellas y estableció relaciones de cooperación con los guaraníes. Aún los brasileños honran su memoria justo en la vereda recorrida por Álvar en las márgenes del Río Paraná. Adjunto ilustraciones.

Ya para entonces, Álvar era reconocido por su habilidad para coexistir con cualquier indígena de este continente. Aunque desconociera su idioma. Llegó a ese sitio donde ahora colindan Brasil, Argentina, y Paraguay ocho años después de radicar 18 meses entre los caddo-parlantes coahuiltecos en lo que hoy es San Antonio, TX. No cuento más de él porque abundan textos históricos en el internet. Baste decir que en Caddo, tejas significa "somos de los mismos", "seamos aliados". Y que para halagar al rey Juan Carlos de Borbón y a la reina Sofía de España, en su visita a Houston, el gobierno de Texas llevó a cabo una ceremonia en la que, cercano a Benito Juárez, a Gandhi, y a Martin Luther King, se develó un busto del tal Nuñez en el Parque Central de Houston. Donde me encuentro ahora. Anexo posada foto.

Lo que ignoraba y ahora encuentro interesante porque la historia de Texas que yacía en mi memoria eran las patriotas lecciones de que "los gringos nos robaron Texas". Con mapas antiguos y originales, me entero en el Museo de San Jacinto que el famoso Camino Real, obligado a ser protegido por la corona española, partía de CDMX y al noreste terminaba en el pueblo caddo de Los Aides, llamado así por el mismo Núñez en base a que el grupo étnico que encintró ahí se auto nombraban Aide. El lugar es hoy un municipio al oeste de Luisiana que colinda con Nacogdcches, condado del noreste de Texas.

Hasta acá vino a dar el primer embajador mexicano en Estados Unidos, el abogado guanajuatense Ignacio Aldama. Su misión era conseguir financiamiento, armas y asesoría militar para derrotar a los gachupines. Como se refería el cura criollo Miguel Hidalgo a los nacidos en España. Al final del Camino Real, Aldama obtuvo lo que quería de unos franceses ricos y al regresar por San Antonio lo capturó y despojó el coronel gachupín Juan Manuel Zambrano. Éste corrió la voz entre los residentes que lo había atrapado y confiscado la carga de sus diligencias porque Aldama era un espía de Napoleón. Quien en 1808 había invadido España poniéndola al mando de su hermano José. Era falso pero creíble, pues una década antes Napoleón le había vendido a Thomas Jefferson el territorio francés de La Luisiana (llamada así en honor al rey Borbón Luis XV, ancestro del que vino a develar el busto de Álvar Núñez). Muy fiel a la causa real, Zambrano envió preso a Ignacio Aldama a Monclova, donde lo fusilaron dos semanas antes de que su hermano Juan fuera muerto y decapitado en Chihuahua. La historia revisada insitu aporta una luz oblicua que mejora la revisión de la memoria.


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