Sal Nuñez
Este fin de semana estamos en Baton Rouge, capital del estado de Luisiana. Llamada así porque los colonizadores franceses que llegaron aquí en 1720 encontraron que las tribus residentes enterraban estacas rojas para demarcar los límites entre una y otra.
Donde se refugiaba el exitoso pirata Jean Lafitte, contrabandista, ladrón, y traficante de esclavos. A quien el jefe de Sam Houston, el Gral Andrew Jackson (luego presidente y figura en los billetes de 20 dólares) le pidió asociarse para derrotar juntos a la marina inglesa en la Batalla de Nueva Orleans (1815).
Con muchos menos hombres y armas, este ejército de conscriptos y mercenarios derrotó al ejército inglés (considerado como invencible), con las tácticas de guerrilla que luego utilizó Houston para vencer a Santa Anna en la batalla de San Jacinto.
Comparto parte de lo que ví hoy en el Museo del Estado.
Pero 250 años antes de los franceses ya habían transitado por aqui dos grupos de españoles: nuestro amigo Álvar Núñez y sus 3 acompañantes, y el nefasto y sanguinario Hernando de Soto. Cuando éstos se encontraron con las tribus locales, Núñez y sus náufragos sobrevivientes cohabitaron en forma pacífica. Lo opuesto aconteció cuando llegó De Soto.
Quien financiaba y lidereaba su propia expedición con 700 hombres, 220 caballos, 24 sacerdotes y 20 perros entrenados para matar indígenas. De familia pobre al nacer. De Soto muy joven se hizo de una fortuna atrapando indígenas en Centroamérica y vendiéndolos como esclavos en las islas caribeñas (ver la película de Robert De Niro, La Misión) donde escaseaba la mano de obra esclavizada, y como lugarteniente del no menos cruel Francisco Pizarro. Ambos paisanos del también extremeño Hernán Cortez.
Entre ambos les arrebataron la plata y el oro que tenían los Incas.
Con tan vasta riqueza, De Soto buscaba años después, al norte del golfo, otra Tenochtitlan u otra Cuzco. Y ofreció tierras y riquezas a los mercenarios que lo acompañaran. Cuatro crónicas de ambos encuentros existen. Una escrita por Álvar, y 3 por los cronistas que anotaban en su bitácora los detalles de la incursión de De Soto, quien permitía a sus soldados la generalizada violación de las indígenas que encontraran.
En base a estos 4 cronistas y a los respectivos franceses que llegaron con LaSalle un siglo después, se estima que la población del norte de Florida pasó de 200,000 a 50,000. Y que de 95 comunidades residentes a ambos lados del Río Mississippi solamente sobrevivieron 5 víctimas más de contagios de enfermedades que ya no afectabsn a los españoles que de la excesiva violencia de soldados y perros. La sabía naturaleza divina le envió un escuadrón kamikaze de mosquitos a De Soto, que murió y fue sepultado junto al río. Su frustrado contingente fue a dar a Cuba y a México, con las manos vacías.
Mal-llamados 'conquistadores' este tipo de personajes históricos deberían ser llamados invasores genocidas. Y su proceder nunca debería estar relacionado con palabras como guerra o conquista, sino con despiadado terrorismo.
Alonso de Reynoso, quien se quedó sin su tutor Pedro de Alvarado (Tonatiuh) muerto por los seguidores de Tenamaztle, líder de los Caxcanes mexicanos, fue a dar a Chile. Y después de haber perdido varios combates con los Mapuches, lidereados por Caupolicán, al atrapar a éste lo condenó al empalamiento y varios días dejó su cuerpo expuesto para aterrorizar a sus seguidores.
Ya teníamos ciertas nociones de lo relatado antes que vimos en el museo estatal, pero no lo siguiente:
A través de tecnología moderna fue descubierto al norte de Luisiana una ciudad que fue habitada hace 3,500 años. Contemporánea del reinado de Nefertiti en Egipto y anterior a Chichén Itzá y a Machu Picchu. Construida sin el uso de rocas. La Unesco la ha declarado patrimonio de la humanidad. Ya hay videos disponibles de esta maravilla arqueológica en YouTube. Solamente hay qué seleccionar lo adecuado tecleando:
Poverty Point.